25 nov. 2011

Apocalipsis I

Ni dios, ni amos

Cuando era un niño, un hombre vestido de negro desde el cuello hasta los pies, me instruyó con palabras inspiradas en el dogma católico y yo me las creí porque entonces no tenía en mi haber elementos de juicio para rebatirlas racionalmente. También mi padre me enseñó que si obedecemos a la autoridad, sea la que sea, al menos lograremos la invisibilidad del siervo inofensivo, que el opresor tolera como a un animal doméstico más. En el colegio aprendí más conceptos interesantes sobre lo que significa someterse a verdades consideradas incuestionables o absolutas; me transmitieron la idea definitiva de que había nacido bajo la condición de esclavo y así moriría. Por suerte pertenezco a una generación que no se vio sometida a la indignidad del servicio militar obligatorio. De haberlo realizado, en el ejército me hubieran confirmado lo que los curas, mis padres y mis maestros me habían inyectado en la conciencia, que la sumisión era mi destino, sumisión a la autoridad por encima de todo y a la fuerza bruta que emana de los detentadores de la riqueza.
Pero mi programación básica no fue del todo efectiva puesto que aquí estoy, libre de dioses, de servidumbres y de patrias subyugantes. Me he liberado de toda esa ponzoña contaminante y ahora existo en un limbo en el que ignoro exactamente qué soy, qué represento, qué identidad me define. Solo entiendo de supervivencia, llevada hasta sus últimas consecuencias. Respirar un día más es mi doctrina y mi horizonte. No espero nada del tiempo presente ni del futuro. Aprieto los dientes con una rabia que me consume y bostezo ante los discursos idealistas o compasivos que me rodean. No escucho las mentiras de los vendedores de ilusiones. Mi vida transcurre por una senda amorfa, construida con instantes en los que la acción sustituye a la reflexión y al dogma ideológico, cualquiera que sea su origen.
Hoy es lunes, aunque ese detalle no importe. Todos los días de la semana son idénticos en su miserable cadencia. Me levanto, desayuno —si tengo algo que comer— y reviso el estado de mis armas. La realidad exterior es mi coto de caza. No busco enemigos, aunque cualquiera puede serlo. Me gustaría eliminar a algunos individuos en concreto pero generalmente no se ponen a mi alcance.
La acción depredadora del neo liberalismo ha destrozado lo poco que nos quedaba de humanidad, carecemos de esperanza. Los ricos viven atrincherados en sus urbanizaciones blindadas, protegidos por mercenarios a sueldo. El resto de los ciudadanos, si ese concepto posee algún significado en la actualidad, estamos abandonados a la depauperación y al azar. O formamos parte de sus legiones de esclavos silenciosos o nos movemos como lobos hambrientos al acecho, escondidos entre las sombras ruinosas de las ciudades; robamos, saqueamos y matamos si es necesario. Somos tan irremediablemente estúpidos que nos atacamos y perseguimos los unos a los otros, olvidando que estamos en el mismo bando. Si quisiéramos podríamos exterminarles, barrerles de la Historia, pero todavía anhelamos sus migajas caritativas.
Ahora, hoy, soy mi propio dios, mi exclusivo amo y dirijo una milicia que se compone de un único individuo. Tal vez, solo tal vez, todavía posea sentimientos ocultos en algún rincón oscuro de mi cerebro. Es posible, no lo descarto, sin embargo el monstruo infame en el que me he convertido prefiere permanecer ajeno a cualquier atisbo de sensibilidad. En este cosmos salvaje en el que habito la posesión de un bote de judías cocidas, en un momento dado, puede marcar la diferencia entre vivir o morir. No hay reglas que respetar. La violencia es mi lenguaje, expresión única de la tragedia en la que estamos inmersos. Salimos del fango para volver a él, a pesar de dos mil años de cultura y un desarrollo tecnológico sin precedentes.
No sé si hemos perdido de manera definitiva todo sentido ético o finalmente hemos recuperado una forma excepcional de cordura y retornado, con ello, a la esencia de la identidad humana más primaria, dando protagonismo al animal brutal y sanguinario que en realidad siempre hemos sido.

5 comentarios:

  1. A mi tambien me da miedo el mundo en el que vivimos. Me da miedo en lo que me ha convertido la realidad. No creo que sea nuestro origen ni nuestro destino ser asi. Solo es lo que nos toco vivir... Ya no busco ninguna explicacion. Solo hay mañana. Sin esperanza.

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  2. Aunque el relato es apocalíptico, escrito a la luz de la frustración,yo sí creo que hay esperanza pero para ello tenemos que asumir nuestra responsabilidad y sobre todo actuar de un modo diferente a como lo hemos hecho hasta ahora.

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  3. No lo se. Hay demasiado dolor, demasiada frustración, demasiadas prisas, demasiada indiferencia en nuestras vidas. Estamos demasiado centrados en nosotros mismos como para transcender esas realidades y cambiarlas. Individualmente una y otra vez cometemos los mismos errores que otros cometieron en el pasado y el sufrimiento que experimentan los demas raras veces nos enseña algo o verdaramente nos conmueve para movilizarnos hacia el cambio orientado a la mejora. Desde luego que, si hay algun futuro, no podremos llegar a él como individuos. Espero que al menos la historia nos sirva para algo, y como colectividad, no cometamos los mismos errores. No solo hay demasiado dolor en el mundo, tambien demasiado rencor. Y dejar fluir el rencor y el dolor de las masas que como individuos han aceptado que no hay reglas, ya sabemos todos a lo que conduce...

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  4. Creo que la situación es grave y tendríamos que actuar con mayor contundencia. Se creen los amos y en verdad tienen razón. Hemos cedido nuestro poder y ahora nos va a costar recuperarlo, pero no es imposible.

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  5. ¿Que significa actuar con contundencia? ¿Amos de que? Realmente este tipo de indefiniciones me dan miedo...Creo que tenemos que ser serios y por una vez usar cada cosa para lo que sirve, el cerebro para pensar, y el corazon para sentir... ¡No mezclemos! La situación es grave, pero requiere que estemos a la altura, no es cuestión de que el poder cambie de manos, sino de ser capaces de pensar diferente y obrar en consecuencia para salir del agujero, todos juntos...

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