24 ene. 2012

Apocalipsis II

Hoy va a ser un buen día


Tengo la impresión de que hoy va a ser un buen día, ¿por qué no? El cielo está despejado, la temperatura ambiental es agradable y los helicópteros de la policía llevan varias horas sobrevolando la zona, como buitres hambrientos. Esto último significa contrariedades para algunas personas, no tanto para mí, más bien al contrario. Probablemente dentro de unos minutos habrá confusión y desorden, lo cual favorece mis intereses personales. Tengo la despensa vacía y no digamos cómo están mis bolsillos. No me queda más remedio que salir a buscar mi sustento.
Si la policía inicia una de sus batidas sangrientas tendré el terreno abonado para ser invisible. Sus acciones son el mejor caldo de cultivo para la violencia. De gustarme la carne humana cazaría a sus miembros con deleite pero mi estómago aún no está preparado para digerir semejante carroña. Es una lástima, parecen tan lustrosos, con esas caritas sonrosadas y gordezuelas, propias de los cerdos bien alimentados.
No me lamentaré de mi infortunio gastronómico. Cualquier tipo de queja es inútil si no va asociada a una acción. Es ahí precisamente donde se encuentra la clave de esta lujuriosa mañana primaveral, en la acción. Las fuerzas de seguridad del Estado están advertidas y toman medidas preventivas para que el populacho no se desmande en exceso. Tienen órdenes de ser tolerantes, de dar un margen limitado, y luego desplegar todo su poder represivo para mayor gloria del Estado protector. Pero ¿a quién protegen? Es fácil la respuesta: a sí mismos y a sus patronos. Benditos mercenarios. Ellos hostigan ciudadanos y yo expropio. Nadie puede negar, si es objetivo, que sigo su estela como alumno concienzudo. Me aprovecho de sus dislates agresivos.
Estoy preparado. A ver… Llevo la escopeta, la pistola y el machete. Perfecto. No me olvido de mi inseparable pasamontañas. Una mínima discreción es imprescindible para hacer un trabajo eficaz, fundamentalmente para poder volver a repetirlo. Ser eficiente es una inversión de futuro. Los errores se pagan y los errores graves se pagan gravemente. He de decir a mi favor que en los aspectos técnicos soy concienzudo y cuidadoso.
Hay mucho ruido de sirenas concentradas en la plaza del pueblo. Grupos de personas se dirigen con pancartas hacia ella. Supongo que alguien ha convocado una manifestación. Parece absurdo pero a mediados del siglo XXI todavía hay gente que reivindica derechos que denominan inalienables. Qué risa. Reivindicar, pedir, suplicar, mendigar… Palabras huecas que habría que suprimir del lenguaje para ser sustituidas por otras como conquistar, arrebatar, ajusticiar, recuperar. Nos perdemos en un mar de términos caducos que fragmentan nuestra voluntad y esfuerzo, y nos adormecen. No hay esperanza y de haberla no se encuentra ni en los discursos ni en la fuerza de las palabras, sino en el filo de un cuchillo y en el fuego cauterizador de la pólvora.
Oigo los gritos entusiastas de los revoltosos. Me gusta ese clamor infantil de guardería. Si no fuera porque tengo trabajo pendiente me uniría a ellos para disfrutar de ese baño de masas y de furia estéril. Seguramente habrán convocado la manifestación los sindicatos oficiales. Es curioso pero son ellos los principales cómplices de la situación actual. Sobreviven de las migajas del poder y todavía se permiten la desfachatez de jugar a ser demócratas, valedores de los derechos de los desposeídos. Qué ironía. Cada uno está en el sitio que le pertenece. Los sindicatos defienden sus privilegios, los mercenarios policiales justifican su salario y los desgraciados muertos de hambre hacen lo único de lo que se sienten capaces: implorar prebendas a costa de sus propias vidas, si es preciso. Poco tienen que perder, ya les han quitado casi todo. Tienen los mismos privilegios que un animal en cautiverio. Maldito mundo.
Pronto ha empezado el jaleo, no les han dado mucho tiempo para expresar su frustración y gritar sus consignas subversivas. La calle está cubierta por una espesa capa de gases lacrimógenos. Se oyen los disparos de pelotas de goma. Incluso me ha parecido escuchar disparos de fuego real. No me extraña nada, es el típico artificio de siempre.
La muchedumbre se dispersa sin poder respirar. Algunas personas están heridas y son transportadas por otras. Es mi momento. El supermercado tiene los cierres echados pero la puerta de entrada del almacén está entreabierta; alguien observa lo que sucede en el exterior a través de una rendija. Empujo la puerta con fuerza, con el pasamontañas cubriéndome la cara, y entro en el almacén. Una empleada se aparta asustada mientras un grupo de cinco compañeras intenta escapar. Los cañones de mi escopeta las convencen de lo contrario, se quedan quietas. El guarda de seguridad hace ademán de desenfundar su arma. Demasiado lento. Durante unos segundos su aliento se congela, es consciente de que mi dedo índice está aferrado alrededor del gatillo y tan solo un susurro puede hacer que una bocanada de fuego corte su respiración para siempre. Estúpido. Está a punto de morir por defender la propiedad de otro, por un sueldo de miseria. Cierro la puerta de un golpe sin dejar de encañonarles. Nadie se mueve.
—¡Quítate el cinturón con cuidado o te mato! —grito.
Una de las chicas se echa a llorar presa de un ataque de nervios y es consolada por una compañera, que la abraza. El guarda levanta las manos con gesto de terror. Su rostro es una máscara llorosa que no me da pena. No siento nada. Tal vez debería notar algún tipo de turbación pero mi cerebro está embotado. De la calle llegan a nuestros oídos gritos y golpes en los cierres metálicos. Intentan forzar la entrada.
—O te quitas el cinturón del arma o disparo —amenazo, tranquilo.
Siento un leve hormigueo en el dedo, pegado al gatillo en una simbiosis asesina que temo estalle impaciente en cualquier momento. No dudo, no pienso. Mis impulsos son engranajes ardientes dispuestos para una ejecución inminente.
El hombre se desabrocha el cinturón y lo arroja a unos metros de distancia.
—Tírate al suelo. Boca abajo y con las manos en la nunca —le digo, expeditivo.
El otro obedece. Su camisa está empapada de sudor, su olor corporal es fuerte. De una manera mecánica le pongo sus propias esposas.
—Vosotras tumbaos también, con las manos en la espalda.
Las chicas se someten como una sola mente, al unísono, sin replicar. No hay cuestionamiento posible ante el discurso irrefutable de un arma. Lo sé por experiencia. De todas formas, da gusto trabajar con personal tan considerado y complaciente.
La chica sigue llorando pero ignoro sus lágrimas, hace tiempo que el llanto ajeno dejó de tener un significado para mí. Cojo cinta de embalar y ato sus manos sin miramientos; solo me preocupa salir lo antes posible de allí, espero estar fuera en cinco minutos. Los relojes miden nuestras vidas y las corrompen con subterfugios hechos de intervalos numéricos apremiantes.
Es presumible que manifestantes dispersos asalten el mercado de un momento a otro y la situación se vuelva incontrolable. Voy a llenar dos bolsas con comida y a vaciar las cajas. Con lo que obtenga podré resistir un par de semanas, después ya veré qué hago.
Con celeridad me dirijo hacia la zona de comida envasada y lleno una mochila con latas de judías y de sardinas en aceite, luego la cuelgo a mi espalda. Esta misma mochila en otros tiempos me sirvió para subir montañas y disfrutar de espacios abiertos naturales. Eso ya pertenece a otra época. En una bolsa de loneta meto arroz, pasta y miel: calorías básicas y nutritivas para sobrevivir. No tengo fuerzas ni medios para cargar con más alimentos, necesito tener una mano libre con la que empuñar la pistola si es necesario.
Me acerco a la salida y compruebo que sombras informes fuerzan el cierre. Me queda poco tiempo. Abro las cajas con el machete, una por una, y cojo el escaso dinero que contienen; las encargadas lo retiran cada vez que acumulan cierta cantidad. El grueso de la recaudación debe estar guardado en una caja fuerte inaccesible para mí, salvo que tuviera explosivos y no es el caso.
Me escondo junto a la puerta, a un lado, como un objeto inanimado más. El cierre sube a viva fuerza, muchos brazos lo empujan hacia arriba bajo el impulso de la desesperación. Las puertas de cristal saltan en mil pedazos, generando una nube de fragmentos multicolores. Una oleada humana, casi una jauría frenética, desheredada, entra furiosa, sin percatarse de mi presencia. Espero unos segundos y salgo a la calle, tropezando con algunos de los que entran. Nadie se fija en mí. Soy un desarrapado más que se arrastra por una existencia sin alicientes. En el exterior los gases de la policía dificultan la respiración. Enseguida siento picor en los ojos. Es un asco, tengo que hacerme con una máscara antigás. El sonido de disparos aislados y sirenas retumba en las paredes de los edificios desolados, mezclados con gritos dispares de hombres y mujeres que avanzan por la calzada, retroceden, se esconden, y vuelven a avanzar con un empecinamiento tan admirable como suicida. Cerca del comercio un varón de unos cincuenta años yace en el suelo rodeado de un gran charco carmesí. Quizá está muerto. Si es así, ha dejado de sufrir. Nadie le atiende. Otros individuos pasan cerca, le miran y siguen su camino, demasiado tarde para él, demasiado tarde para todos nosotros. El miedo dibuja en los rostros muecas contraídas, casi caricaturas grotescas. Las cabezas se vuelven hacia atrás, ante la temida presencia de antidisturbios. El dios caos es el amo de esta hora funesta y del pequeño universo en el que están circunscritas nuestras vidas.
Me siento satisfecho, he terminado el trabajo y ha salido bien. Después de todo, hoy ha sido un buen día, no puedo negarlo.

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24 comentarios:

  1. Qué mundo más triste presentas. No sé si quiero vivir en él. ¿No puede haber un futuro mejor?

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  2. Claro que puede haberlo. Deberíamos luchar por él. Mi relato es una fantasía, como su propio nombre indica, apocalíptica. En el blog he iniciado una serie que se llama "Utopías" que precisamente presenta un universo diferente, esperanzador. Yo creo en las utopías, me permiten mirar al horizonte.

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    1. Es muy romantico creer en utopias, pero hay que ser practicos y luchar por cosas realizables. Es muy frustrante buscar realizar una utopias, porque en el fondo sabes que siempre sera una realidad inalcanzable, y eso da lugar a mucha tristeza e insatisfacción.

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  3. Me da miedo la idea que tienes del futuro, aunque sea una ficción...

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    1. La realidad siempre supera la ficción. Solo hay que tener miedo al miedo...

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    2. Pareces muy valiente y segura... Te envidio

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  4. Pienso que lo que quiere expresar Ángel es lo que puede suceder si no nos organizamos y perdemos la ilusión por cambiar las cosas

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  5. Es normal que la gente, en un momento dado, si tiene que comer robe y haga lo necesario para vivir. Lo anormal es todo lo contrario, aguantar sin límite

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  6. Cómo te pasas, tío, pero me gusta

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  7. Coincido con Jon. El texto atrapa. Cuando he terminado de leerlo he tenido que dejar que me saliera el aire, porque estaba conteniendo la respiración. Comparto esta fantasía contigo: yo tambien me he imaginado muchas veces la posibilidad de que esto ocurra en la realidad... Esperemos que no sea asi. Y que seamos capaces de hacer algo para que las cosas empiecen a mejorar.

    En terminos de estilo, te pongo un diez. Dos frases en las que el mensaje implicito es que el hombre es un esclavo del tiempo y del caos, me parecen magistrales: "Los relojes miden nuestras vidas y las corrompen con subterfugios hechos de intervalos numéricos apremiantes" "El dios caos es el amo de esa hora funesta y del pequeño universo en el que están circunscritas nuestras vidas".
    Te felicito.

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  8. Eres la leche, Ángel. A veces pienso que debajo del poeta hay un demonio. Es broma. ¡Como puedes imaginar estas pesadillas! Espero que no lleguemos a conocer semejante tipo de sociedad, aunque no sé, no se...

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  9. Es verdad. Pasa de pesadillas y escribe cosas alegres, como Utopia I. En el blog tienes relatos buenísimos que me han emocionado. Este me ha acojonado. ¿Piensas en serio que vamos a acabar así?

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  10. No me parece mal que alguien al que se le han negado sus derechos, expropie.

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    1. Esto es obviamente una ficcion... Afortunadamente la gente no se comporta asi, porque si no cada vez que sintieramos que las cosas nos van mal lo utilzariamos como justificacion para cometer actos brutales... No se puede hablar tan deprisa de negacion de derechos para justificar lo injustificable.

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    2. ¿Es justificable la corrupción de la clase política? ¿Es violencia? ¿Es justificable el paro o el subempleo? ¿Es violencia? ¿Son justificables los recortes sociales para financiar la banca? ¿Es violencia? ¿La violencia solo la pueden ejercer los detentadores del poder?

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    3. Ningun acto violento esta justificado, siempre se puede hacer algo mejor. No todos los politicos son corruptos, los recortes sociales no se hacen para financiar a la banca, son resultado de la mala gestion y poca cabeza. Y lo malo de la violencia es que la podemos ejercer todos...y cada vez se recurre mas a ella... ¡Imaginación, por favor!

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    4. Sin entrar en el debate de la violencia, históricamente el Estado y los poseedores de la riqueza nunca han cedido su poder ni sus propiedades a aquellos que son los que les sustentan, los asalariados. La mala gestión que mencionas la han realizado precisamente esos poderes que ejercen la "violencia" de la explotación del "hombre sobre el hombre" en su beneficio propio. Efectivamente debemos tener imaginación y fantasear con un mundo sin ellos: sin estado, sin dios,sin castas políticas o dirigentes, sin amos. Cómo lo consigamos ya es otra cosa...

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    5. Creo que es pura retorica la existencia de un estado sin gobierno. Si pensais que los gobiernos son corruptos por principios, no entiendo como podeis pensar que un mundo sin leyes podria funcionar. Los gobiernos estan hechos por hombres, que sin leyes, son simplemente lobos...

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    6. No es retórica. Retórica es recortar salarios y derechos para que nos vaya mejor a todos. Retórica es decir que con las medidas de ajuste se está levantando el país. Podemos llamarlo retórica o mentiras tras mentiras. Si esta forma de vida no es igualitaria sino todo lo contrario, habrá que probar otras que ya están documentadas y han funcionado, aunque sea en pequeña escala. Te recomiendo que leas "El apoyo mutuo" de Kropotkin, es muy interesante. Está colgado en este blog, en el apartado Biblioteca.

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  11. La cuestión, creo yo, es si debemos respetar las leyes injustas. Gandhi, que no era un terrorista, decía que no. Si tenemos la obligación de defender nuestra libertad individual, ¿qué hacemos cuando se atenta contra ella?

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  12. Pienso que no tenemos que llegar a esto. Podemos empezar por cambiar las mentes, como dice Manuel Castells, en un artículo que has publicado hoy: "¿A dónde van los indignados?" Yo estoy en ello. Los libros que tienes en tu biblioteca particular son muy interesantes aunque muy sesgados en una dirección ideológica

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  13. Me gusta el debate que hay en marcha. Si sabemos lo que no queremos y muchos somos capaces de opinar, podemos ponernos de acuerdo y hacer cosas que nos sirvan a todos. Es una idea...

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  14. Veo que hay opiniones posibilistas que todavía tienen esperanzas de que el sistema se regule a sí mismo. Es respetable pero poco probable. Los elementos que componen el Estado solo buscan su perpetuación. El capital financiero busca la mayor desregulación posible para así multiplicar sus beneficios. Lo mismo ocurre con el capital productivo. La clave de todo este funcionamiento es que los privilegios de unos pocos se mantengan y, por supuesto, la acumulación de riqueza. A partir de aquí, que cada uno saque sus propias conclusiones.

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  15. muy bueno loco, me atrapó al toque tu manera de escribir, salud! y voy a seguir leyendo

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