29 sept. 2014

Apocalipsis XIX


Duerme y sueña

Extraño Escenario… No lo es tanto después de todo, soy yo el que se siente raro, quizá no concuerdo con las presencias que lo pueblan. Ella reposa en la cama que compartimos, Dos se acurruca en su costado, y la pequeña mueve manos y pies con energía, en tanto recorre con la mirada las sombras que el fuego dibuja en paredes y techo. La observo escrupulosamente y no parece real, como si no fuera posible asumir su existencia en un mudo como este, cruel y devastado. Todavía no sonríe, tal vez ni tan siquiera es capaz de identificar la información visual que llega a su cerebro. Pronto cumplirá tres meses, lo que significa que ha transcurrido más de un año desde el momento en que supimos que formaría parte de nosotros, de nuestro colectivo humano.
Aunque la palabra no sea acorde con mi concepción de la vida, tanto Dos como la pequeña son milagros vivientes, sucesos difíciles de asimilar; ambos han sobrevivido y crecen en un entorno burbuja, que les protege, fuera de la barbarie que gobierna nuestro planeta.
Me intrigan los movimientos frenéticos de la pequeña, su tacto limpio, la fuerza de sus minúsculas manos. No sé si podremos compartir juntos mucho tiempo, nuestra vida es demasiado líquida y frágil.
Me gustaría contarle muchas cosas, transmitirle mi experiencia sin pretender que sea la suya; hacerla partícipe del conocimiento que he acumulado, que no me ha hecho más libre, por cierto, sino todo lo contrario, más esclavo de este universo perverso y podrido en el que respiramos. Antes deseaba que explotara todo en mil pedazos, ahora anhelo conservar protegido este valle de esperanza.
¿Qué podría contarle? ¿Por dónde empezaría a abrirle mi memoria? Estoy seguro de que ella, mi compañera, me sugeriría que permitiera a mi corazón dirigir mi lengua. Para mí el corazón es simplemente un músculo, imprescindible pero un músculo a fin de cuentas. Quizá lo primero que le diría es que siento ganas de llorar de alegría cuando agarra mi dedo encallecido y se lo lleva a la boca. No entiendo esta emoción, que ya he visto en otros, pero la acepto, no porque ella pueda estar originada por mi sangre, sino porque es inocente y alegre, ansiosa de aprender y disfrutar de otra realidad distante de la que vivimos. Su inocencia me aterra y me produce mucho dolor; esa cualidad deberíamos preservarla como un precioso don del que los demás carecemos porque estamos dañados. Me da miedo el misterio de su juego imparable; me da miedo no poder protegerla; me asusta el hecho de haberla arrojado a este abismo de injusticia. Eso ya no tiene remedio; hemos asumido una responsabilidad angustiante, su madre, yo y la comunidad. Son tan pocos los niños y niñas que nacen. Sin ellos nos extinguiremos y con ellos lo más probable es que también.
No me mires así, lo que vivimos aquí no es tan funesto como en un primer momento se pudiera pensar. Las cosas que planeamos los humanos casi nunca salen bien, es un hecho constatado. Me gustaría poder decirte lo contrario peso es así. El entorno, hoy por hoy, es seguro, el valle en su conjunto lo es; sin embargo, no sabemos qué nos deparará mañana, cuánto tiempo tardará todo esto en derrumbarse, no tanto por nosotros como por la acción de fuerzas externas. Ojalá no ocurra así pero puede suceder; pienso en ello constantemente.
Vivimos en guerra, todavía no lo sabes, una guerra antigua, una guerra de clases que se ha ido transformando en una especie de «guerra de todos contra todos», en la que es difícil sobrevivir porque hay demasiados frentes abiertos. Aún así, aquí estamos. Tú serás una magnífica compañera miliciana, y también de risas. Aquí todas las personas empuñamos las armas, no existe otra opción, el pueblo armado es la única garantía de seguridad para los que no tenemos nada. No te preocupes por ello, por suerte últimamente no las usamos. Sí que hemos matado a gente, yo el primero, mas solo lo hacemos cuando es estrictamente necesario. Como no vas a recordar nada de lo que te digo, he de confesarte que a veces disfruto matando. Tengo la excusa de que mis víctimas son los malos. Pero eso es una mera justificación. Llevo tanto odio oculto en mis vísceras que asesinar enemigos me produce alivio. Esto no me ocurre siempre, no creas que soy un monstruo maligno. El caso es que no evito la menor oportunidad que me proporciona el contexto actual para eliminar individuos. Que yo recuerde nunca he matado a nadie inocente, ahora bien soy juez y parte por lo que no debes hacerme mucho caso. Tienes que sacar tus propias conclusiones y no ser muy dura conmigo, he vivido experiencias que me han convertido en lo que soy. Te aseguro que cuando el odio queda a un lado, la bestia incendiaria se apacigua y surge el ser tranquilo que ahora te admira y con el que juegas. Cada individuo es muchas personas, aunque una domine. Es imposible discernir cómo serás tú en el futuro. Te damos y te daremos todo el amor de que somos capaces pero también te prepararemos para salir adelante por ti misma, es imprescindible ese aprendizaje.
Tengo que decirte también que no sé si eres mi hija, es decir, me explico, desconozco si te he engendrado. Es posible que seas hija de alguien que fue importante para mí, de un gran amigo y compañero. Él ya no está con nosotros, ha dejado de sufrir. Era un buen hombre. Te lo digo por si tienes dudas sobre quién es tu padre. Deberías pensar, si quieres, que todos los varones de la comunidad lo somos; también que todas las mujeres que te cuidan son tus madres; y el conjunto de ellas y ellos, tus camaradas de existencia. La comunidad, que a mi en ocasiones me gusta llamar tribu, es una gran familia de seres que se aman y se apoyan porque sí, porque es bueno y proporciona un sentido al hecho mismo de vivir.
Aquí no hay clases sociales, ni tenemos propiedad privada, ni existe división del trabajo. Todas las personas que conoces, y que conocerás, compartimos lo poco que posee la comunidad: comemos, bebemos, festejamos, amamos, reímos y lloramos, siempre mirando al horizonte de la hermandad entre todos los seres que pueblan la tierra. Tal vez todo esto se suene un poco raro pero no lo creo porque vas a crecer disfrutando de ello. Cuando seas capaz de decidir sobre lo que te conviene podrás optar por seguir en la tribu o marcharte a buscar otras experiencias. Esa será tu elección. Aún queda tiempo para eso. Me anticipo pero es que es importante que te lo diga porque eres un ser libre aunque todavía no lo sepas, y es el ejercicio de esa libertad lo que te suministrará vitalidad y proyección; sin libertad individual vivimos en otra dimensión, en un espacio tiempo gris y anodino, absurdo, en el que el deseo de muerte sobrevuela nuestras conciencias permanentemente. No tengas prisa, ya irás aprendiendo todas estas cosas poco a poco. Unas te las iremos enseñando las personas que te rodeamos, otras tendrás que elaborarlas tú. No es sencillo ser libre, pensar por uno mismo, responsabilizarse de tu propio destino, sin embargo es algo a lo que te acostumbras; luego, una vez que has asumido ese protagonismo, te resulta imposible imaginarte de otra manera, supeditándote a algo o a alguien.
Sobre todos estos temas hemos debatido mucho en la comunidad y hay gente para todo. Digamos que lo que más nos une en principio es el saber que juntos somos más fuertes que separados. A parte de eso cada persona ha tenido su educación y en ocasiones hay conductas y conversaciones que chirrían pero hemos aprendido a aceptar nuestras carencias desde una perspectiva de cambio.
Es completo lo que te cuento. No tienes edad para comprenderlo pero el recibir este baño de palabras te acostumbrará al hecho mismo del diálogo entre iguales. Espero y deseo que disfrutemos de buenos ratos, hablando de las cosas que nos gustan o de las que nos preocupan.
Se te cierran los ojos. Es hora de dormir. Me gustaría poder hacer lo mismo pero mi mente está agitada por extraños presagios. Quizá por eso he querido compartir contigo este entrañable momento. Duerme y sueña, duerme.

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2 comentarios:

  1. Me has sorprendido. Supongo que ofrecer este relato sosegado forma parte de un plan más amplio de escandalizarnos o sorprendernos más adelante. Estoy segura de ello.

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  2. Es bonito imaginar lo que le dirías a un hijo... Es triste pensar que es probable no experimentar nunca esa sensación una vez que se pasa una determinada edad, aunque también alivia que en un mundo tan crudo y hostil nadie dependa de ti

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