Mónica Sánchez
Por Ángel E. Lejarriaga
Esta obra es un libro de relatos construido alrededor de una idea muy concreta, la irrupción de lo extraño en la vida cotidiana. Publicado por Piedra Papel Libros en 2021, el volumen reúne catorce narraciones cortas que se mueven entre el realismo contemporáneo, la inquietud emocional y lo insólito.
Desde las primeras páginas, el libro deja claro que no busca el efectismo argumental ni el giro final espectacular. El interés de la autora parece encontrarse en otro lugar, quizá en la fragilidad de sus personajes o en la tensión silenciosa que atraviesa conversaciones aparentemente normales, y en una sensación persistente de que algo está ligeramente desplazado del eje habitual de la realidad cotidiana. Los relatos no funcionan como mecanismos cerrados, sino como ventanas abiertas a momentos de crisis íntima, episodios donde las certezas empiezan a resquebrajarse.
Mónica Sánchez escribe con una voz cercana y muy observadora, capaz de pasar de la ironía a la melancolía sin demasiada brusquedad. Hay una naturalidad muy trabajada en la manera en que los personajes hablan, recuerdan o se contradicen, sin ir más lejos. Esa sensación nunca deriva en un descuido estilístico. Al contrario, muchos cuentos contienen imágenes precisas y pasajes de una gran densidad lírica. La autora registra cómo cree que piensa la gente cuando está sola, cuando tiene miedo, cuando se obsesiona o cuando intenta explicarse a sí misma un acontecimiento que no es fácil de comprender.
Los argumentos de los relatos son variados si bien comparten un mismo clima emocional. Una familia que durante el desastre de la central nuclear de Chernóbil sobrevive varios días alimentándose exclusivamente de latas de sardinas; una mujer embarazada tras conocer a su pareja en una reunión del Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria; una trabajadora de una línea telefónica de ayuda ante el suicidio que recibe la llamada de la hija del presidente; un hombre empeñado en filmar un wéstern en Galicia en el contexto de un conflicto familiar; una mujer que contempla cómo las estrellas están desapareciendo en el cielo. Todas estas historias pueden rozar un aparente absurdo o al menos una caricatura de la realidad, pero obviando lo fantástico son expresión de la vida misma y contadas con una gran sensibilidad.
En la mayoría de los relatos se capta una mezcla de soledad y desconexión de la sociedad de nuestro tiempo. Estos buscan respuestas, como tiene que ser lo hacen en internet, hablan consigo mismos, se aferran a recuerdos culturales, sean estos en formato musical, películas o fotografías, o intentan encontrar sentido a situaciones que les superan. La vida misma. La tecnología y la cultura pop no se presentan como referencias decorativas, sino como parte del paisaje mental de las protagonistas. El libro está claramente situado en el presente pero evita un costumbrismo superficial; la autora no retrata una época mediante guiños generacionales, sino explora cómo vivimos emocionalmente dentro de ella.
Hay algo que llama especialmente la atención y es cómo Mónica Sánchez se enfrenta a la extrañeza. En la mayoría de los relatos no sucede nada sobrenatural, al menos de un modo explícito, lo inquietante surge de una percepción alterada de la realidad. Los textos parecen sugerir que lo extraño no llega desde fuera sino que ya se encontraba oculto en la rutina diaria. En este sentido, algunos relatos recuerdan a cierta tradición del cuento contemporáneo donde lo fantástico aparece apenas insinuado, sin explicaciones concluyentes y sin necesidad de romper del todo las reglas del mundo real. Sin ir más lejos, recuerdo Casa tomada de Julio Cortazar.
La construcción de los personajes femeninos es muy interesante, la autora presenta a mujeres atravesadas por conflictos afectivos, laborales o familiares, pero evita elaborar estereotipos psicológicos. Sus protagonistas suelen mostrarse contradictorias, vulnerables y lúcidas el mismo tiempo. Hay en ellas una mezcla de cansancio y resistencia que dota al conjunto de una gran coherencia emocional. Incluso cuando los relatos parten de situaciones ciertamente extravagantes, el núcleo central del mismo siempre termina siendo reconocible.
Para terminar hay que decir que la autora no suele cerrar las historias, sino que prefiere dejarlas abiertas para que el lector o lectora utilicen su imaginación y escriban los finales a su estilo personal. En general, los relatos se inscriben en lo cotidiano, como si la realidad estuviera a punto de revelar algo desconcertante pero profundamente humano.
Los argumentos de los relatos son variados si bien comparten un mismo clima emocional. Una familia que durante el desastre de la central nuclear de Chernóbil sobrevive varios días alimentándose exclusivamente de latas de sardinas; una mujer embarazada tras conocer a su pareja en una reunión del Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria; una trabajadora de una línea telefónica de ayuda ante el suicidio que recibe la llamada de la hija del presidente; un hombre empeñado en filmar un wéstern en Galicia en el contexto de un conflicto familiar; una mujer que contempla cómo las estrellas están desapareciendo en el cielo. Todas estas historias pueden rozar un aparente absurdo o al menos una caricatura de la realidad, pero obviando lo fantástico son expresión de la vida misma y contadas con una gran sensibilidad.
En la mayoría de los relatos se capta una mezcla de soledad y desconexión de la sociedad de nuestro tiempo. Estos buscan respuestas, como tiene que ser lo hacen en internet, hablan consigo mismos, se aferran a recuerdos culturales, sean estos en formato musical, películas o fotografías, o intentan encontrar sentido a situaciones que les superan. La vida misma. La tecnología y la cultura pop no se presentan como referencias decorativas, sino como parte del paisaje mental de las protagonistas. El libro está claramente situado en el presente pero evita un costumbrismo superficial; la autora no retrata una época mediante guiños generacionales, sino explora cómo vivimos emocionalmente dentro de ella.
Hay algo que llama especialmente la atención y es cómo Mónica Sánchez se enfrenta a la extrañeza. En la mayoría de los relatos no sucede nada sobrenatural, al menos de un modo explícito, lo inquietante surge de una percepción alterada de la realidad. Los textos parecen sugerir que lo extraño no llega desde fuera sino que ya se encontraba oculto en la rutina diaria. En este sentido, algunos relatos recuerdan a cierta tradición del cuento contemporáneo donde lo fantástico aparece apenas insinuado, sin explicaciones concluyentes y sin necesidad de romper del todo las reglas del mundo real. Sin ir más lejos, recuerdo Casa tomada de Julio Cortazar.
La construcción de los personajes femeninos es muy interesante, la autora presenta a mujeres atravesadas por conflictos afectivos, laborales o familiares, pero evita elaborar estereotipos psicológicos. Sus protagonistas suelen mostrarse contradictorias, vulnerables y lúcidas el mismo tiempo. Hay en ellas una mezcla de cansancio y resistencia que dota al conjunto de una gran coherencia emocional. Incluso cuando los relatos parten de situaciones ciertamente extravagantes, el núcleo central del mismo siempre termina siendo reconocible.
Para terminar hay que decir que la autora no suele cerrar las historias, sino que prefiere dejarlas abiertas para que el lector o lectora utilicen su imaginación y escriban los finales a su estilo personal. En general, los relatos se inscriben en lo cotidiano, como si la realidad estuviera a punto de revelar algo desconcertante pero profundamente humano.
“Porque la vida, a medida que pasan los años, va revelando todas sus contradicciones.”
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