Mostrando entradas con la etiqueta Atwood Margaret. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Atwood Margaret. Mostrar todas las entradas

4 nov 2022

Asesinato en la oscuridad

ASESINATO EN LA OSCURIDAD

Margaret Atwood (1983)



Por Ángel E. Lejarriaga


Si bien la autora es reconocida por obras de mayor envergadura como El cuento de la criada (1985), que la hizo mundialmente famosa por la serie estrenada en el año 2017, lo cierto es que de siempre Margaret Atwood ha trabajado el relato corto y la poesía. Así llegamos a esta recopilación realizada dos años antes de la aparición de su tan mentada distopía. El libro contiene relatos breves, algunos poemas en prosa y microrrelatos.

El título, en un principio, nos proporciona una idea truculenta de los que nos podemos encontrar en las páginas por leer. La realidad de lo que hayamos es muy otra. No hay misterio, en el sentido estricto de la palabra, ni horror, pero sí escenarios turbadores que nos hacen reflexionar. El contenido de los relatos es variado, sin conexión entre ellos, pero lo suficientemente articulados para que desees íntimamente que el texto se prolongue y de más de sí. Es decir, de alguna manera, la autora pretende que entremos en su mundo, a través de un gesto, una frase o un final sorprendente.

Debemos tener en cuenta que no se trata de una novela, por tanto, si ya nos hemos introducido en algunos de sus textos largos, tendríamos que enfocar la lectura de esta colección de textos sin ideas preconcebidas, con la mente abierta, dispuesta a saborear impresiones de aquí y de allá como el que prueba tapas en un gastrobar de moda.

En sí, el libro, es una lectura magnética que a una persona fans de Margaret Atwood puede hacerla profundizar en un conocimiento más íntimo de la misma.



 

Asesinato en la oscuridad

Por MARGARET ATWOOD

Sólo he jugado a esto dos veces. La primera tenía diez años, y estábamos en un sótano, el sótano de una casa muy grande, que pertenecía a los padres de una niña llamada Louise. Había una mesa de billar, pero nadie tenía la menor idea de jugar al billar. Había también una pianola. Después de un rato nos cansamos de pasar los rollos de música por la pianola y de observar las teclas subir y bajar solas como en una película de miedo justo antes de aparecer el cadáver. Yo estaba enamorada de un niño llamado Bill, que estaba enamorado de Louise. El otro niño, cuyo nombre no recuerdo, estaba enamorado de mí. Nadie sabía de quién estaba enamorada Louise.

Así que apagamos las luces del sótano y jugamos a Asesinato en la oscuridad, lo cual ofrecía a los chicos el placer de rodear las gargantas de las chicas con las manos, y a las chicas el placer de gritar. La emoción era casi insostenible, pero afortunadamente volvieron a casa los padres de Louise y nos preguntaron qué nos creíamos que era aquello.

La segunda vez que jugué fue con personas mayores; no fue tan divertido, aunque sí más complejo intelectualmente.

He oído que una vez jugaron a esto en su casa de verano seis personas normales y un poeta, y el poeta intentó de verdad matar a alguien. Se lo impidió la intervención de un perro, que era incapaz de distinguir entre fantasía y realidad. La cuestión con este juego es que hay que saber parar.

Se juega así:

Doblas unos papeles y los pones en un sombrero, en un cuenco, o en el centro de la mesa. Cada participante escoge uno. Si te toca la x eres el detective, si te toca el punto negro, el asesino. El detective sale de la sala y se apagan las luces. Todo el mundo deambula en la oscuridad hasta que el asesino elige víctima. Puede susurrarle Estás muerta, o puede deslizarle las manos alrededor del cuello y darle un apretón, en broma pero enérgico. La víctima grita y cae al suelo. Entonces todo el mundo se queda quieto salvo el asesino, quien naturalmente no quiere que le encuentren junto al cadáver. El detective cuenta hasta diez, enciende las luces, y entra en la sala. Puede interrogar a todos menos a la víctima, que no está autorizada a responder, puesto que está muerta. El asesino debe mentir.

Si quieres, puedes jugar con este juego. Puedes decir: el asesino es el escritor, el detective es el lector, la víctima el libro. O quizás, el asesino es el escritor, el detective es el crítico, y la víctima es el lector. En este caso, el libro sería la puesta en escena total, incluida la lámpara tirada en el suelo, rota en un traspiés. Pero en realidad es más divertido el juego en sí.

En cualquier caso, ahí estoy yo en la oscuridad. Tengo designios sobre ti, estoy planeando mi crimen siniestro, mis manos avanzan hacia tu garganta, o quizá, por error, tu muslo. Oyes mis pasos que se acercan, llevo botas y tengo un cuchillo, o quizás es un revólver con culata de nácar, en todo caso llevo botas de suela muy suave, ves el fulgor cinematográfico de mi cigarrillo, creciendo y menguando en la neblina de la habitación, la calle, la habitación, aunque yo no fumo. Recuerda sólo esto, cuando el grito cese al fin y hayas encendido las luces: según las reglas del juego, yo he de mentir siempre.

Y ahora: ¿me crees? (FUENTE: TEDIOSFERA)










17 abr 2018

El cuento de la criada



Por Ángel E. Lejarriaga



Hasta la aparición en televisión de la serie «The Handmaid’s» en el año 2017, Margaret Atwood (1939) no es que fuera precisamente una desconocida pero sí que era más popular entre las amantes de la ciencia ficción. La serie, para más señas, ha cosechado 3 Globos de Oro, 8 Premios Emmy, el Critics Choice Awards, el Stellite Wards, el del Sindicato de Productores, el del Sindicato de Directores, el del Sindicato de Guionistas, el del Sindicato de Actores… Un buen repertorio de premios en su corta andadura: una sola temporada. Ni que decir tiene que la autora no se esperaba la popularidad de una novela que había escrito en 1985. Vivir para ver o como se dice también, «más vale tarde que nunca». Al fin, su gran labor como escritora ha sido reconocida gracias a la televisión.

Pues bien, esta canadiense, que el año que viene cumplirá ochenta años, ha tocado y toca varios géneros literarios, escribe poesía, novela, ensayo, guiones para televisión y hace crítica literaria. Ha sido profesora universitaria y se ha implicado activamente en los movimientos sociales de su país. Pertenece a Amnistía Internacional y forma parte de Bird Life International, una organización dedicada a la protección de las aves. Su infancia la pasó en contacto directo con la naturaleza debido al trabajo de investigación de su padre sobre entomología forestal. Desde temprana edad fue una ávida lectora. Comenzó a escribir a los dieciséis años. En 1961 se licenció en filología inglesa. Ese año consiguió la Medalla E. J. Pratt por su poemario Double Persphone. Hasta 1964 se dedicó a realizar diversos estudios en Harvard. Tras concluir dichos estudios comenzó a dar clases en distintas universidades entre ellas la Universidad de British Columbia, la Universidad Sir George Williams de Montreal, la Universidad de Alberta, la Universidad de York y la Universidad de Nueva York.

Algunos críticos la han considerado como una escritora feminista. Esto puede ser verdad porque en sus obras destaca el tema de género, centrándose mucho en el mito de la feminidad, en la presencia en el arte del cuerpo de la mujer, y en la explotación de ésta en todos los ámbitos. Ha escrito también sobre otros temas como las relaciones entre los EEUU, Canadá y Europa, los derechos humanos y la ecología.

Un libro importante en su trayectoria sobre el tema «mujer» fue The Edible Woman, aparecido en 1969, al que sucedieron dos libros de poemas Procedures for Underground (1970) y The Journals of Susanna Moddie (1970). En 1971 apareció otro libro también con el tema central «mujer» —si es que alguno no lo tiene—, Power Politics. Un año después publicó un libro sobre crítica literaria centrada en Canadá: Survival: A Thematic Guide to Canadian Literature. Ese mismo año hubo una nueva publicación, en este caso se trató de una novela centrada en las consecuencias de la tecnología sobre el medio ambiente: Surfacing. En 1974 vio la luz You Are Happy, a la que siguió una mofa sobre el amor romántico y los «cuentos de hadas», Lady Oracle (1976); y así siguió escribiendo, de manera incesante, hasta nuestros días: Nada se acaba (1979), Bodily Harm (1981), The Hadmaid’s Tale (1985), Ojo de gato (1988), La novia ladrona (1993), Alias Grace (1996), El asesino ciego (2000), Oryx y Crake (2003), The Penolepiad (2005), El año del diluvio (2009), Maddadam (2013), Scribbler Moon (2014), Por último, el corazón (2015), Hag-Seed (2016). Ha publicado mucho más tanto en poesía como en ensayo.

El cuento de la criada es una novela de ciencia ficción, una distopía, es decir, lo contrario a una utopía, una sociedad indeseable que no ofrece nada bueno con lo que soñar, más bien a lo que odiar, 1984 de George Orwell es un buen ejemplo de ello. La obra, aparte de poner en el centro del relato a la mujer, nos describe un momento histórico, bastante creíble, que ya hemos vivido en el pasado, que se está viviendo en algunas partes del planeta y que probablemente podemos vivir en nuestro propio país en unos cuantos años.

Desde hace mucho tiempo se ha dicho con acierto que la «revolución» será feminista o no será. Desde el optimismo podemos imaginar que en un futuro inmediato, el sexo femenino consciente de su opresión y determinado a conquistar el espacio que le corresponde como cincuenta por ciento de la población mundial que es, hará lo que sea necesario no solo para reivindicar su sitio sino para imponerlo si es preciso. A principios del siglo XX se creía que la tensión entre burguesía y proletariado iba a conducir inexorablemente al socialismo y mira por donde, surgió el fascismo y su manifestación más extrema e irracional, el nazismo; no me olvido del estalinismo. Así las cosas, siendo menos optimistas podemos imaginar que el patriarcado puede reaccionar ante la tensión feminista y tomar decisiones en línea con la narración de Margaret Atwood. De hecho, la cosificación de la mujer está totalmente extendida por la mayoría de los países del mundo. En la mayoría de los países musulmanes las invisibilizan y las apartan de la sociedad, dejándolas reducidas al entorno del hogar; pero tampoco se quedan atrás las naciones en las que impera el catolicismo más ortodoxo o el hinduismo. Cuando pensamos en situaciones lacerantes para el sexo femenino tendemos a mirar para otro lado y nos olvidamos de mirar en nuestra propia casa. Según mis referencias —que por supuesto pueden estar equivocadas— en una reunión de las cabezas más importantes del Partido Popular, en un momento informal de la misma, una lideresa esposa, por más señas, de uno de sus líderes más carismáticos, afirmó sin despeinarse que el problema del paro y de las ayudas a la dependencia podrían solucionarse si la mujer dejara de trabajar y se quedara en el hogar al cuidado de niños y mayores; con esto no solo se beneficiaría la sociedad sino también los presupuestos generales del estado.

La novela de Atwood se desarrolla en dos tiempos, el presente y el pasado de Defred, la protagonista, convertida en esclava reproductiva sexual al servicio de los líderes. Defred apenas habla solo piensa, su vida se desarrolla prácticamente en su cabeza, el único lugar en el que puede ser libre.


Ha llegado a ese punto después de que haya habido un golpe de Estado en los EEUU por parte de un partido de teócratas, implantando en el mismo una férrea dictadura —república de Gilead— en la que todas las libertadas son suprimidas, convirtiendo a la mujer bien en objeto decorativo o en sujeto reproductor. Esto es debido a los problemas de fertilidad generados por la contaminación medioambiental. Defred es fértil, ahí reside la maldición que la convierte en «Criada», un útero útil para ser inseminado, en el que se engendran los vástagos de la dictadura. En el momento que es capturada Defred pierde todos sus derechos, propiedades, trabajo, acceso a la cultura, incluso a la más mínima comunicación. Los teócratas la convierten en un animal doméstico. Por supuesto, solo puede tener relaciones sexuales con su dueño que la viola según un ritual establecido, o cuando le interesa, de manera oculta, si así lo decide. En todo este escenario alucinado, hay otras mujeres que desempeñan diversos papeles dentro del régimen, desde las esposas de los líderes, hasta las cocineras, limpiadoras o educadoras.


El ambiente en el que vive Defred es asfixiante con pocas posibilidades de escape, no obstante, como ha demostrado la historia, toda acción genera contradicción, siempre hay salidas, resistencias, vulnerabilidades del enemigo que se pueden explorar y explotar en su momento.

La novela nos cuenta una moraleja relacionada con la falta de pensamiento crítico de las sociedades modernas, con la tolerancia con las religiones y el poder que se les permite acumular, y con el autoritarismo militarista. Nos dice, en síntesis, que tenemos que permanecer vigilantes ante el ecofascismo que viene. Que nadie piense que se va a ver libre de las consecuencias del mismo.