Rosa Montero
Por Ángel E. Lejarriaga
Rosa Montero (1951). La novela Crónica del desamor (1979) constituye uno de los retratos más lúcidos de la transición emocional y social en la España de finales del siglo XX. Se trata de su primera obra narrativa publicada y, en muchos sentidos, un texto importante porque sitúa a la mujer, sus inquietudes, miedos e insatisfacciones en primer plano.
Crónica del desamor se articula a través de varias voces, que siguen la vida de Ana, una periodista que, al igual que la propia autora, trabaja en un periódico madrileño. A través de su mirada y de las historias de quienes la rodean, el libro construye un mosaico de relaciones sentimentales marcadas por la insatisfacción, la búsqueda de sentido y la dificultad de amar en un contexto histórico de cambio social.
“Siente la aguda desazón que da la ausencia, el dolor casi físico de la carencia de aquel a quien crees querer”.La obra no presenta una trama tradicional, sino que avanza mediante episodios, reflexiones y escenas cotidianas que capturan el desencanto emocional de toda una generación. En este sentido, el “desamor” del título no se limita al ámbito romántico, sino que se extiende a una sensación más amplia de desajuste vital, la dificultad de encontrar un lugar en el mundo especial, de construir relaciones auténticas y de reconciliar las expectativas con la realidad.
“Porque no podré detenerle, porque le pierdo, porque no podré verle nunca más ni decirle que me gusta”.Uno de los aspectos más destacados del libro es su enfoque, su descripción de la experiencia femenina en cuando a las relaciones sentimentales se refiere. Rosa Montero retrata las contradicciones de mujeres que han accedido a nuevas libertades —laborales, sexuales, personales— pero que inevitablemente siguen arrastrando inercias culturales y emocionales de tiempos pasados. La protagonista y sus amigas se enfrentan a relaciones desiguales, maternidades complejas y una constante sensación de vulnerabilidad afectiva. Lejos de idealizar estas vivencias, la autora las presenta con crudeza ironía y una notable capacidad de observación psicológica.
“Todo empezó siendo casi un juego, y, mes tras mes, ha ido convirtiéndose en algo obsesivo: le imagina, le inventa, le recrea. Quiere ver en él al hombre inexistente”.El estilo narrativo combina un tono periodístico directo y preciso, con momentos introspectivos cargados de lirismo. Esta hibridación contribuye a dotar al texto de una gran verosimilitud, como si el lector o lectora asistiera a una crónica íntima de la vida urbana. Además, la utilización de múltiples voces permite ofrecer una visión amplia de la sociedad madrileña de la época, marcada por la apertura política tras la dictadura y por una redefinición de los roles sociales. En términos temáticos, esta novela anticipa muchas de las preocupaciones que la autora desarrollará en su obra posterior, como la identidad, el transcurrir del tiempo, la soledad y la necesidad de construir relatos personales que de algún modo proporcionen cierto sentido a la existencia.
"Proyectas los deseos de felicidad en un hombre, o en que te toque la lotería, o en conseguir una casa mejor, o en lo que sea, no importa qué, con tal de que te desvíe hacia el futuro la responsabilidad de ti misma”.Artículos sobre la autora en este blog: