CONCIENCIA DE CLASE, PSICOLOGÍA Y ANARQUISMO
Ángel E. Lejarriaga
Piedra Papel Libros
Jaén, 2025
Ángel E. Lejarriaga
Piedra Papel Libros
Jaén, 2025
Por Maimouna León
El libro Conciencia de clase, psicología y anarquismo, propone una articulación sistemática entre el concepto de conciencia, los esquemas analíticos definidos por la Psicología Cognitiva, la conciencia de clase y la filosofía anarquista. Así mismo, revisa de una manera crítica el papel histórico de la psicología como agente de dominación, obviando su posible papel liberador.
El objetivo del ensayo es descriptivo pero también establece un nexo entre los esquemas y creencias que modulan el procesamiento de información y la conducta humanas. A la conciencia de clase la define como un esquema cognitivo más que modifica la estructura de procesamiento mental y orienta la conducta de los individuos hacia un horizonte de cambio.
La obra se inicia con una indagación conceptual de la noción de conciencia. Se revisa levemente la filosofía clásica y se sigue con Descartes, Kant, Hegel, Husserl, Sartre, Marx y Engels, Freire, Silvia Federici y Nancy Fraser. En síntesis, define la conciencia como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo, del mundo y de sus relaciones. Subraya su carácter reflexivo y distingue entre su dimensión subjetiva y su dimensión social. Especial relevancia adquiere Hegel, cuya dialéctica introduce la dimensión intersubjetiva que será decisiva en la obra de Karl Marx. El texto incorpora la noción de “concienciación” de Freire como proceso pedagógico y político, enfatizando que la conciencia no es sólo una facultad cognitiva, sino una posibilidad fehaciente revolucionaria.
En un segundo momento del texto, se desarrollan los fundamentos de la psicología cognitiva como marco explicativo de la conducta humana. Tomando como referentes a Neisser, Broadbent, Baddeley, Flavell o Posner, entre otros, el autor describe la cognición como un acto de conocimiento, de procesamiento de información, en el que participan cualidades cognitivas como la percepción, la memoria, la formación de conceptos, el razonamiento y la metacognición (pensar el propio pensamiento).
Frente al conductismo y su rechazo de la “caja negra” (procesamiento interno), la psicología cognitiva introduce la posibilidad de inferir estados mentales y estructuras internas de elaboración de la información. El texto enfatiza que la conducta humana depende de sistemas de creencias o esquemas cognitivos aprendidos, que interpretan la experiencia y que pueden requerir modificación para facilitar la adaptación al medio. Esta premisa es la base de su hipótesis principal.
El concepto de “conciencia de clase” ocupa un papel central en el ensayo, a la que se define como la capacidad de reconocer las relaciones antagónicas que estructuran la sociedad de clases y actuar en consecuencia. Cita a Marx y a Engels para decir que a partir de esta toma de conciencia, la clase trabajadora pasa de ser una “clase en sí” a una “clase para sí”. Después, amplia el concepto a través de la aportaciones de Silvia Federici y Nancy Fraser. El autor sostiene que la conciencia de clase implica comprender las relaciones de dominación y superar la alienación que produce la imposición de la cultura dominante. No obstante, advierte que dicha conciencia no pude limitarse a la simple relación capital-trabajo; es decir, al ámbito laboral, sino que debe ampliarse a otras formas de dominación como el patriarcado, el racismo o la discriminación LGTBIQ+.
Un aporte significativo del libro es cuando la conciencia de clase o conciencia de dominación es definida como esquema cognitivo colectivo. Apoyándose en Bartlett y Lakoff, el autor argumenta que los marcos conceptuales moldean la percepción política. Así, interpretar la relación laboral como "contrato justo" o como "explotación", genera disposiciones conductuales distintas. La teoría de la disonancia cognitiva de Festinguer explica cómo las tensiones entre experiencia y expectativas ideológicas pueden resolverse mediante justificación del sistema o ruptura crítica. De este modo, la conciencia de clase o de dominación posee una estructura interna que reorganiza la percepción, la memoria y el razonamiento, impulsando conductas coherentes con ella.
La última parte del libro introduce el anarquismo como filosofía práctica destinada a transformar los sistemas de creencias que conducen a la sociedad a la injusticia social y a la autodestrucción. A partir de autores clásicos como Bakunin, Kropotkin, Malatesta y Emma Goldman, el anarquismo se presenta como negación de la autoridad coercitiva y afirmación de la autogestión y el apoyo mutuo. El autor destaca la dimensión pedagógica libertaria, ejemplificada en Ferrer i Guardia y la crítica constante a la internalización de la obediencia. El diálogo con la psicología cognitiva es explícito, la transformación social exige desmantelar esquemas cognitivos opresivos y promover otros basados en el antiautoritarismo, la autonomía, la cooperación y la horizontalidad en las relaciones humanas. Se hace referencia a Erich Fromm y su obra “El miedo a la libertad” y a estudios de psicología social y neurociencia que subrayan la base creativa y sanadora de la cooperación.
En la reflexión final, se sostiene que la psicología ha servido con frecuencia a la ideología dominante al fomentar la adaptación al sistema en lugar de cuestionarlo. Propone, en cambio, una psicología de resistencia y lucha que indague las raíces sociales del malestar individual y social, y promueva la desobediencia y la emancipación de la educación castrante. El apoyo mutuo formulado por Kropotkin aparece como principio rector tanto evolutivo como ético.
En conjunto, el libro ofrece una síntesis interdisciplinar que conecta teoría del conocimiento, ciencia cognitiva y filosofía política. Su tesis central afirma que la conciencia de clase o conciencia de dominación, integrada en un marco anarquista, es capaz de reestructurar la subjetividad alienante y orientar la conducta humana hacia la revolución social, basada ésta en la libertad, la solidaridad y el apoyo mutuo.
