2 mar 2026

Escritos sobre "La Idea"

ESCRITOS SOBRE "LA IDEA" (2026)
Ángel E. Lejarriaga



¿Qué circula por nuestros cerebros a lo largo de toda una vida de reflexión y deseos contestatarios? El maremágnum de pensamientos es inabordable, dispar, en gran parte de las ocasiones una mera reproducción de ideas leídas, de imágenes románticas de militantes sacrificados y tenaces, que lo dieron todo por la causa de la transformación social; también, por supuesto, hay una elaboración crítica que podría ser, entre otras cosas, el resultado de la suma de lo aprendido.

En mi caso, la lectura de la biografía de Buenaventura Durruti escrita por Julio C. Acerete y editada por Bruguera[1], marcó un antes y un después en mi vida; desde ese momento el ideal anarquista penetró en mi interior, como si se tratara de un virus, determinando en gran parte mi existencia. Indudablemente, quise convertirme en anarquista; el personaje a imitar dotó de sentido mí día a día. Durruti era el «bueno» de la narración ―tendría unos dieciséis años cuando leí el libro―, que se enfrentaba a los «malos» allí donde se encontrara. Durruti era anarquista, luego para asumir su personalidad justiciera debía convertirme en anarquista. El razonamiento entonces me pareció impecable. ¿Qué significaba la palabra «anarquista» para un cuasi adolescente? No lo recuerdo bien pero es de suponer que imaginé a un individuo, básicamente masculino que estaba dispuesto a sacrificar los placeres de la carne y del mundanal ruido en general, por una «humanidad» que estaba bastante alejada de las penurias que implicaba tal decisión.

Con el tiempo he aprendido que la personalidad de un individuo anarquista, hombre o mujer, suele estar marcada por varias características clave:

a) Rebeldía y rechazo a la autoridad. En suma, cuestionamiento y oposición a cualquier forma de autoridad o jerarquía, sea ésta política, social o económica.

b) Valoración de la libertad individual. La autonomía y la libertad personal son básicos, cada individuo debe ser libre para tomar sus decisiones sin coacciones externas.

c) Solidaridad y cooperación. Para el anarquista la cooperación y la solidaridad son aspectos fundamentales en la vida cotidiana, sin las cuales es imposible construir una sociedad justa. Este aspecto, en cierta medida, restringe la libertad individual, pero tal restricción se debe entender desde el punto de vista de la búsqueda del bien común y la asociación libre entre individuos.

d) Crítica al Estado y las instituciones que le son propias. El Estado se ve como opresor y corrupto, y se aboga por su abolición para poder desarrollar una sociedad horizontal.

e) La persona anarquista promueve la igualdad y la eliminación de las clases sociales, rechaza cualquier relación de dominación.

En suma, un individuo que desea practicar la filosofía o forma de vida anarquista, busca una sociedad donde la libertad individual y la asociación libre y solidaria sean sus pilares primordiales, sin la opresión de estructuras jerárquicas.

Estos principios de partida, obviamente, sirven para hombres y mujeres; sin embargo, en mi adolescencia yo desconocía que existieran mujeres anarquistas a pesar de que en el libro citado con anterioridad mencionaban a algunas.

Lo curioso del asunto es que la primera persona que conocí que se autocalificó de ácrata fue una mujer. Alguien entrañable que tantos años después todavía recuerdo con admiración y cariño. Vestía con colores oscuros, de manera austera; era temeraria, dispuesta a realizar cualquier tarea militante que se le propusiera, supeditaba los eventos agradables de la vida a la difusión de su ideal. Del contacto con ella ―mi primera maestra de «La Idea»― aprendí que el anarquismo, como filosofía de vida, y el rol de anarquista, suponían un esfuerzo permanente por lograr una coherencia entre la teoría y la práctica.

El ideal ácrata lleva inscrito en su esencia una nueva sociedad; la experiencia y el conocimiento acumulado así lo han constatado. Naturalmente, ese nuevo mundo lo construimos a diario, nuestra conducta se convierte en la mejor propaganda[2]. Así, la mejor pedagogía es la que se deriva del ejemplo que transmitimos con nuestras conductas.

Por otra parte, el anarquismo no es doctrinario, ni sigue un libro «sagrado» cuyas leyes son inamovibles; al contrario, siempre está en construcción. Ama la libertad por encima de todo y ésta, indefectiblemente, debe ser conquistada no pedida, a partir del ejercicio de nuestra voluntad[3]. Sobre este tema se ha llegado a afirmar que el anarquismo es una especie de misticismo doctrinario. En algunos ensayos se ha debatido en esta dirección[4],[5],[6]. Si partimos de la definición de la palabra doctrina en la RAE: «enseñanza que se da para instrucción de alguien» o «norma científica, paradigma»[7], se podría asumir que sí, se enseña la filosofía anarquista; ahora bien, en absoluto es un paradigma. ¿En qué sentido se le podría considerar una doctrina? En cuanto que es un conjunto de ideas y principios que guían el pensamiento y la acción de los que le profesan. No obstante, a diferencia de otros posicionamientos filosóficos, tanto políticos como religiosos, el anarquismo ni es dogmático ni monolítico. En primer lugar, porque desde sus inicios han existido en su seno diversidad de enfoques: anarcoindividualismo[8], anarcocolectivismo[9], anarcocomunismo[10], anarcoprimitivismo[11] o insurreccionalismo[12], entre otros. Cada uno de estos calificativos tiene sus propias interpretaciones y métodos tácticos aunque comparten un rechazo radical al principio de autoridad. En segundo lugar, el anarquismo no es doctrinario porque pone un énfasis fundamental en la práctica y la implementación de sus principios en la vida cotidiana y en las luchas sociales. En tercer lugar, el anarquismo es adaptable y flexible, evoluciona con el paso de los años y las experiencias en las que se desarrolla; esto le permite dar respuestas tácticas en diversos contextos históricos y sociales. Por último, en cuarto lugar, los anarquistas, por regla general, suelen rechazar el dogmatismo y promueven el pensamiento crítico y la autonomía individual. Lo cual nos lleva a una conclusión provisional: no existe una forma única de ser anarquista.

Tras todo lo dicho, podemos argumentar que aunque el anarquismo en ocasiones es considerado como una «doctrina», en el sentido de que posee unos principios y objetivos, su naturaleza flexible y diversa le diferencia de otras rígidas e irrefutables.

Muchos años han transcurrido desde mi primer contacto con estas señas de identidad libertarias; también abundante es lo aprendido y recapacitado sobre gran variedad de aspectos de la visión anarquista y su puesta en práctica. Mis respuestas a diversos interrogantes han madurado a fuego lento a través de una larga introspección compartida con otras personas por medio de la palabra, de las luchas sociales y de múltiples emociones surgidas, espontáneamente, de esa simbiosis de experiencias. Los textos que contiene el libro son parte del resultado obtenido de este esfuerzo intelectual individual y colectivo, que es poco y es mucho si se une al aprendizaje continuo de la suma de las mujeres y hombres implicados en el mismo. Los textos se presentan en la sucesión en que fueron surgiendo, sin un orden intencionado.


BAJAR LIBRO

[1] Acerete, Julio C. (1975): Durruti. Bruguera, Barcelona.
 
[2] Avilés Farré, Juan (2006): Francisco Ferrer y Guardia: pedagogo, anarquista y mártir. Marcial Pons Historia, Madrid.
La llamada «propaganda por el hecho» es una estrategia de propaganda anarquista basada en el supuesto de que el impacto de una acción genera más repercusiones, obtiene más relevancia y, por tanto, es mucho más eficaz que la simple palabra para despertar las energías rebeldes del pueblo. ​Así pues, la «propaganda por el hecho» implica predicar con el ejemplo.

[3] José Martí en 1879, en un discurso que pronunció en La Habana en honor del periodista Adolfo Márquez Sterling, dijo: «Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan».

[4] Brenan, Gerald (2017): El laberinto español. Austral, Barcelona

[5] Balbuena, Silvio F. (1977): Simone Weil, ¿anarquista mística? Difusión librera, Madrid.

[6] Landauer, Gustav (2023): Antología Gustav Landauer. Anarquismo y mística comunitaria. Catarata, Madrid.

[7] Rae: https://dle.rae.es/doctrina

[8] Diez, Xavier (2007): El anarquismo individualista en España (1923-1939). Virus Editorial, Barcelona.

[9] Mella, Ricardo (1900). Cooperación y colectivismo.
https://www.panarchy.org/mella/cooperacion.html

[10] Kropotkin, Piotr (2010): Anarcocomunismo. Tierra de fuego.

[11] Taibo, Carlos (2022). Anarquismos: ayer, hoy y mañana. Alianza, Madrid

[12] Peirats, Josep (1977): Diccionario del Anarquismo. Ed. Dopesa. Barcelona.



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