LA ESTRELLA DEL CAPITÁN CHIMITA (1930)
Pio Baroja
Por ángel E. Lejarriaga
Pio Baroja y Nessi nació en San Sebastián en 1872 y murió en Madrid en 1956. Sus orígenes sociales fueron acomodados sin excesos. Su familia estaba relacionada con las artes gráficas y el periodismo. Su madre, Andrea Nessi Goñi, que había nacido en Madrid, procedía de una familia italiana. Su padre, José Baroja Zornoza, era ingeniero de minas que trabajaba para el Estado. Su familia tuvo tres niños y una niña, Pio ocupó el tercer puesto en la terna de nacimientos. Uno de ellos, Darío, murió dramáticamente de tisis muy joven. Ricardo sería un gran grabador y también escritor. Con respecto a Carmen, la pequeña de la familia, estaría siempre muy cerca de Pío y se casaría con Rafael Caro Raggio, futuro editor de su hermano. Se puede decir de ellos y ella, que fueron un grupo bien avenido durante toda su vida. En 1879 se trasladó la familia a Madrid, Pío había cumplido entonces siete años. Viviendo en el centro de Madrid tuvo la oportunidad de conocer a los personajes más pintorescos del momento, desde aguadores a porteras y soldados de la guerra de Cuba, a los que retraba mentalmente en su cuaderno de notas y que reflejaría en sus novelas. El trabajo del padre provocó un nuevo cambio de domicilio, en este caso a Pamplona. En esa época Pío empezó a leer de manera desmesurada clásicos juveniles. El período de residencia en la capital navarra fue importante para él, su abuelo Justo Goñi abrió una fonda en el mismo edificio donde vivía la familia y por allí pasaron todo tipo de personajes que poblarían también algunos de sus escritos.
Serafín, el padre, volvió a cambiar de destino en 1886, en este caso a Bilbao, pero esta vez la familia no le siguió, trasladándose a Madrid. Pasaron a vivir en la calle Misericordia, junto al Monasterio de las Descalzas Reales, muy cerca de la Puerta del Sol. Pío acabó el bachillerato en el Instituto San isidro sin contratiempos. Aunque no tenía claro qué camino seguir, decidió seguir la carrera de medicina. Nuevo destino del padre, en esta ocasión a Madrid. La familia entonces volvió a cambiar de domicilio, instalándose en la calle de Atocha, cerca del Colegio de Cirugía de San Carlos. En esta época empezó a frecuentar las tertulias de los cafés, codeándose con escritores y artistas. Cuando empieza a estudiar medicina se encontraba desmotivado y descreído con todo, según sus propias palabras lo único que no le desagradaba era escribir. Así que fue sacando los estudios sin demasiados méritos ni esfuerzos e hizo las prácticas en el Hospital de San Juan de Dios, en el de San Carlos y en el General. Durante este periodo descubrió que la profesión médica no le interesaba. Pero bueno, su ambición por la escritura estaba en marcha y los relatos cortos le fluían con soltura. Gran parte de su desasosiego e insatisfacción con la vida académica ha quedado registrado en su novela El árbol de la ciencia (1911). Muchos factores entorpecieron su contacto con los estudios académicos; por una parte su mala relación con profesores, más un nuevo traslado de domicilio, en este caso a Valencia y para empeorar la situación, la tuberculosis de su hermano Darío. Desencantado, se podría decir, con la existencia, a pesar de ser muy joven, inicia su carrera periodística en La Unión Liberal de San Sebastián y en La Justicia, en Madrid. Darío muere durante las navidades de 1894; la familia quedó consternada.
Baroja presentó su tesis doctoral en 1896: El dolor, estudio de psicofísica. A continuación ocupa una vacante de médico rural en Cestona, en Guipúzcoa. Su madre y su hermana marchan a Cestona a vivir con él. La vida de médico rural era dura y estaba mal pagada lo que no hacía que nuestro autor estuviera muy motivado por ella. Un ascenso del padre a Jefe de Minas de la provincia de Guipúzcoa hace que su vida cambie radicalmente, la familia cambia de domicilio por enésima vez, en esta ocasión a San Sebastián. Baroja no se lo pensó demasiado y abandonó la plaza de Cestona. Después consiguió otra plaza en Zarauz pero en ella apenas duró un año.
Tras su fiasco como médico, Baroja decidió sustituir a su hermano Ricardo en la gestión de una panadería pastelería de Madrid, Viena Capellanes, propiedad de la familia, labor que simultaneó con su colaboración entusiasta con periódicos y revistas; por aquella época simpatizaba con el anarquismo. Pero su gestión de la panadería no fue todo lo bien que hubiera esperado, de hecho tuvo muchos problemas, entre otros con los propios trabajadores de la misma. No obstante, obtuvo un beneficio inmaterial, aquel ambiente le inspiró personajes que luego nutrirían novelas como Silvestre Paradox y la trilogía La lucha por la vida. Al morir su tía Juana Nessi, dueña de Viena Capellanes, ésta fue cerrada. La época coincidió con la manifestación más esplendorosa del modernismo. En esos años, Baroja se sumergió en la lectura de Kant, Schopenhauer y Nietzsche. Además, entabló amistad con Azorín y Ramiro de Maeztu.
Los viajes para Baroja fueron una auténtica fuente de conocimiento. En 1899 fue a París, disfrutando de la vida bohemia. También frecuentó a los hermanos Machado. Durante un tiempo vagabundeó por Europa y también por España. La ciudad que quizá más huella le dejó fue Madrid, en la que vivió muchos años. Su presencia impregna un buen número de sus novelas; por ejemplo, en su trilogía La lucha por la vida, en la que se reflejan los ambientes marginales y más pobres de la capital del reino. Grandes paseos por la ciudad conducen sus indagaciones inspiradoras en compañía de un Valle-Inclán corrosivo y siempre punzante, así como incendiarias tertulias como la del café de Fornos. En 1903 viajó por Marruecos como corresponsal de El Globo, periódico de Madrid. Después vivió en París, en Londres, Italia, Bélgica, Suiza, Alemania, Noruega, Países Bajos y Dinamarca. Los veranos los solía pasar la familia en Vera de Bidasoa.
Su primer libro vio la luz en 1900, fue una colección de cuentos, Vidas sombrías. Esta obra refleja ya el tono que va a acompañar a sus futuras novelas. En ese año se publicó la que fue su primera novela, La casa de Aizgorri. Según confesó el propio Baroja, trató de hacer una descripción de lo que veía a su alrededor. Se puede decir que era un gran observador, que veía y analizaba la realidad con un gran pesimismo, muy probablemente influenciado por el filósofo Arthur Schopenhauer; pero ese pesimismo no era meramente pasivo sino que en sus obras los personajes intentar superar el dolor de existir a través de la acción. Las ideas anarquistas impregnan su obra, quizá desengañado de las posibilidades institucionales que vislumbraba para el país que era España entonces, corrupto y caciquil; algo, por cierto, que se mantiene hoy día sin que ni la clase política ni empresarial traten ya de disimularlo.
Sobre su vida política se ha escrito mucho pero lo que florece de la misma es la incoherencia, pasó de un radicalismo ácrata hasta un conservadurismo característico de la generación del 98. Sintetizando mucho, pasó del pensamiento anarquista a posiciones totalitarias. Curiosamente, en 1933 visitó en la cárcel de Sevilla a Buenaventura Durruti y a varios militantes anarquistas de renombre. Días después escribió sobre esa visita: “Al salir de la cárcel pensaba: ¡Quién sabe si lo que propugnan estos hombres en vez de ser lo utópico del futuro, sean en Andalucía algo ancestral y tradicional”. Mucho antes había tenido contacto con el anarquista Mateo Morral, por supuesto sin conocer sus intenciones de atentar contra el rey. Después de estas veleidades anarquizantes se aproximó al Partido Republicano Radical del demagogo y reaccionario Alejandro Lerroux. Tuvo un intento de participar en política en 1914, presentándose como concejal en Madrid y como diputado por Fraga, pero sin éxito. Unos años después cuando se produjo el golpe de Estado de Primo de Rivera, permaneció indiferente, aunque siempre que podía se manifestaba en contra de la democracia liberal. En el colmo de sus incoherencias, en 1933 fue cofundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Eso no le impidió criticar abiertamente el nacimiento de la Segunda República. Hubo un aspecto en el que nunca cambió, en su anticlericalismo visceral. En 1935 ingresó en la Real Academia Española.
Durante la Guerra Civil española, a pesar de estar considerado como un hombre conservador que apoyaba el autoritarismo, fue detenido por fuerzas carlistas, y retenido en Santesteban. Fue liberado por el duque de la Torre. La experiencia le asustó bastante pues temió ser fusilado. De regreso a Vera de Bidasoa decidió cruzar la frontera francesa e instalarse en San Juan de Luz, después fue a París. Con un salvoconducto de los sublevados regresó a España en 1937 y se instaló en su casa de Vera de Bidasoa. Hasta el final de la guerra estuvo yendo y viendo a París. Con la amenaza de iniciarse la Segunda Guerra Mundial se instaló en Madrid en 1940. Durante todo este tiempo escribió sin cesar. Su muerte le acaeció en 1956; fue enterrado en el Cementerio Civil de Madrid, como ateo. Se dice que su ataúd fue transportado a hombros, entre otros, por el escritor Camilo José Cela y Miguel Pérez Ferrero, y que asistió al sepelio Ernest Hemingway.
Sus novelas están compuestas por escenas intensas, a veces dispersas, articuladas por la presencia de un personaje central que suele estar rodeado de variados personajes secundarios. La peculiaridad de estos personajes, en muchos casos, es su inadaptación a un ambiente que les resulta hostil, pero sin fuerzas para enfrentarse a él, lo que necesariamente hace que las historias pocas veces acaben bien. Esto ocurre, por ejemplo en El árbol de la ciencia, con Andrés Hurtado o con Martín Zalacaín en Zalacaín el aventurero. El conocimiento que tenemos de estos actores literarios es a través de sus propias conductas en la trama de la novela. A Baroja le preocupa especialmente la honestidad de sus personajes, pasando por encima de comportamientos que pueden rozar lo psicopatológico. Una peculiaridad fácilmente reconocible en la obra de Baroja es tanto su escepticismo como su pesimismo, del que ya he hablado, parce que no veía salida al hecho mismo de la existencia, ¿no creía en el ser humano?
Pío Baroja escribió también mucho para periódicos y revistas, a fin de cuentas de familia le veía el oficio, sus abuelos eran editores e impresores. Su padre colaboraba también en prensa. Sus artículos se repartieron en El Liberal¸ La Justicia, El Imparcial, Mercantil Valenciano, El País, La Unión Liberal, La Voz de Guipúzcoa, El Pueblo Vasco, Germinal, Revista Nueva, La Vida Literaria, entre otros.
La estrella del capitán Chimista (1930), es la cuarta y última novela del ciclo marino de Pío Baroja, integrado por Las inquietudes de Shantí Andía (1911), El laberinto de las sirenas (1923) y Los pilotos de altura (1929). Como cierre del ciclo, la obra retoma personajes, ambientes y preocupaciones ya presentes en las novelas anteriores, y consolida una visión del mundo marcada por el fatalismo, el escepticismo moral y la exaltación de la vida errante ligada al mar. La novela gira en torno a la figura del capitán Chimista, marino vasco de temperamento independiente y enérgico, que encarna uno de los tipos humanos más frecuentes en la narrativa barojiana; es decir, el hombre de acción solitario, poco dado a la reflexión, pero profundamente coherente con su propio código ético. El título alude a la “estrella” que guía al Capitán, símbolo de un destino personal entendido como una fidelidad obstinada a una forma de vida libre y al margen de los convencionalismos sociales.
Baroja construye una estructura episódica en la que se suceden viajes, encuentros, recuerdos y situaciones diversas vinculadas a la navegación, el contrabando, la vida en los puertos y las gentes que pueblan el litoral. La acción se desarrolla por rutas marítimas descritas con sobriedad, pero con una notable precisión que demuestra un profundo conocimiento del mundo naval. El autor presenta el mar como un espacio de libertad, pero también como un mundo duro, incierto y lejano de cualquier idealización romántica. Los marinos que pueblan la novela viven sometidos al azar, a la violencia y a la precariedad, y asumen estas condiciones sin dramatismo, con una mezcla de resignación y orgullo profesional. En este sentido, la novela refuerza una de las constantes de Baroja, la desconfianza hacia los grandes discursos morales o políticos, sustituidos por una ética individual basada en la experiencia directa.
Chimista no es presentado por el narrador como un héroe ejemplar, sino como un hombre condicionado por su oficio, su temperamento y su entorno, coherente consigo mismo, aunque incapaz de adaptarse a una vida estable propia de su tiempo y posición. El mundo que describe Baroja es fragmentario, hostil y carente de sentido último, frente a él sólo cabe la afirmación individual, sin esperanza de redención colectiva. En esta novela, en comparación con las anteriores del ciclo, se percibe una mayor conciencia del paso del tiempo y del agotamiento vital, tanto en los personajes como en la mirada del propio autor. No obstante, la obra mantiene intacta la vitalidad narrativa característica de Baroja y su capacidad para retratar tipos humanos marginales con autenticidad y sencillez.
NOVELAS SELECCIONADAS DE PÍO BAROJA
Tierra vasca
· La casa de Aizgorrie (1900)
· El mayorazgo de Labraz (1903)
· Zalacaín el aventurero (1908)
· La leyenda de Juan de Alzate (1922)
La vida fantástica
· Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901)
· Camino de perfección (1902)
· Paradox rey (1906)
La lucha por la vida
· La busca (1904)
· Mala hierba (1904)
· Aurora roja (1905)
El pasado
· La feria de los discretos (1905)
· Los últimos románticos (1906)
· Las tragedias grotescas (1907)
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La raza
· La dama errante (1908)
· La ciudad de la niebla (1909)
· El árbol de la ciencia (1911)
Las ciudades
· César o nada (1910)
· El mundo es ansí (1912)
· La sensualidad pervertida (1920)
El mar
· Las inquietudes de Shanti Andía (1911)
· El laberinto de las sirenas (1923)
· Los pilotos de altura (1929)
· La estrella del capitán Chimista (1930)
Agonía de nuestro tiempo
· El gran torbellino del mundo (1908)
· Las veleidades de la fortuna (1908)
· Los amores tardío (1900)
· El amor, el dandismo y la intriga
Otras novelas independientes o fuera de ciclos
· Vidas sombrías (1900)
Memorias y autobiografías
Memorias de un hombre de acción: serie escrita entre 1913 y 1935, consta de 22 títulos, entre ellos:
· El aprendiz de conspirador (1913)
· El escuadrón del Brigante (1913)
· Los caminos del mundo (1914)
· Con la pluma y con el sable (1915)
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