EL AMANTE JAPONÉS (2015)
Isabel Allende
Por Ángel E. Lejarriaga
Esta novela de la chilena Isabel Allende (1942) combina romance, memoria histórica y reflexión social, a través de una estructura narrativa que alterna tiempos y perspectivas. Ambientada principalmente en San Francisco, la historia enlaza el pasado y el presente para explorar el amor imposible ente Alma Belasco y Ichimei Fukuda, enmarcado en las tensiones raciales y políticas del siglo XX.
La narración se inicia en una residencia para ancianos llamada Lark House, donde Alma, octogenaria, vive rodeada de objetos que evocan una vida intensa y reservada. Allí trabaja Irina Bazili, una joven inmigrante moldava con un pasado traumático. A través de la curiosidad de Irina y del nieto de Alma, Seth, se reconstruye la historia que da sentido al misterio central del libro, la relación clandestina y duradera entre Alma y un jardinero japonés llamado Ichimei.
Allende construye el trasfondo histórico con especial atención al internamiento de ciudadanos japoneses en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Tras el ataque a Pearl Harbor, miles de familias de origen japonés fueron envidadas a campos de reclusión en zonas desérticas. Ichimei y su familia son víctimas de esta política discriminatoria, lo que marca un punto de inflexión en la relación con Alma. La separación forzada no destruye el vínculo entre ambos, sino que lo transforma en un amor secreto que se prolongará durante décadas, a través de cartas y encuentros esporádicos.
La estructura narrativa alterna capítulos situados en el presente con otros que retroceden a la infancia de alma. Nacida en el seno de una familia judía polaca acomodada, Alma es enviada a vivir con sus tíos a San Francisco para escapar del antisemitismo europeo. Allí conoce a Ichimei, hijo del jardinero de la familia. Desde la niñez comparten juegos y complicidades que, con el tiempo, evolucionan hacia una relación amorosa profunda pero socialmente inaceptable. La diferencia de origen étnico y las convenciones sociales de la época convierten su amor en una transgresión.
El personaje de Alma está muy logrado porque lejos de ser una heroína romántica convencional, es una mujer pragmática, culta y consciente de las limitaciones impuestas por su entorno. Decide casarse con Nathaniel Belasco, un hombre que le ofrece estabilidad y afecto, aunque no la pasión que siente por Ichimei. Esta elección no se presenta como traición, sino como una decisión compleja y coherente con su contexto histórico y personal. Allende evita el maniqueísmo, ni el matrimonio ni el amor clandestino se idealizan. La figura de Ichimei encarna la dignidad silenciosa. Marcado por la experiencia del internamiento y por el deber hacia su familia, acepta la imposibilidad de una vida pública junto a Alma. Su relación se sostiene en la discreción y en una ética basada en el sacrificio. En este sentido, la novela reflexiona sobres las múltiples posibilidades del amor; por ejemplo, el amor conyugal, el amor fruto de la pasión, el amor filial y, sobre todo, el amor que sobrevive a la distancia y al paso del tiempo.
El personaje de Irina cumple una función simbólica. Su propia historia de desarraigo y supervivencia se enfrenta con la de Alma en un dialogo hecho de complicidades, atravesado por la experiencia migratoria. Allende realiza paralelismos entre distintas oleadas de inmigración y distintas formas de exclusión, conectando el pasado con el presente.
La ambientación histórica está documentada en lo esencial, en especial en lo relativo al internamiento de ciudadanos de origen japonés y a la vida en la costa oeste estadounidense durante la Segunda Guerra mundial. No se trata de una tratado histórico pero sí que deja constancia de cómo las decisiones políticas afectan cuando no destruyen las vidas de miles de personas sin que exista reparación posible ni contrición por parte de los responsables.
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