Ángel E. Lejarriaga
La Transición española ha sido un ejemplo de cómo
una dictadura puede perpetuarse en el tiempo sin que los responsables de la
misma reciban castigo alguno. De cómo los verdugos, con la colaboración de la
mayoría de los partidos de izquierda (PCE, PSUC y PSOE, entre otros) y los
sindicatos CCOO y UGT, constituyeron las bases de una democracia secuestrada en
la que los privilegios de los asesinos y colaboradores del régimen franquista se
mantuvieron y las reglas del juego político se acordaron para perpetuarse en el
tiempo. En los últimos años se ha producido una incorporación de caras nuevas (Podemos,
Sumar, Más Madrid…) a una segunda fase de la Transición, en una operación ―potenciada
por los poderes fácticos― de lavado de imagen de la podrida mascarada que se inició
en 1975.
Este dosier lo componen 171 historias de víctimas de la policía y la extrema derecha datadas entre 1975 y 1981.

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