Por J. Mengual Montalbán
El holocausto perenne,
sede de dioses que no obran milagros,
no convierten las balas en pan.
¡Qué difícil es la paz, qué fácil disparar!
Mientras,
¡Qué difícil es la paz, qué fácil disparar!
Mientras,
la sangre empapa sin tregua tus paredes de viento
y el suelo escupe saturado los entierros.
No lo esperes,
y el suelo escupe saturado los entierros.
No lo esperes,
no haremos nada,
te abandonamos igual que a los Balcanes,
te abandonamos igual que a los Balcanes,
que a Siria
y que a tus verdugos en otro tiempo cruel que no dejó moraleja.
Palestina,
Palestina,
la nación entregada en ofrenda para resarcir damnificados
y perdonarnos negligencias.
No te salvaremos
No te salvaremos
ni con condenas
ni advertencias
ni estupor
ni rabia.
¡Qué injusto que nuestra rabia no valga y la de los criminales sí!
Te matan ante testigos obnubilados por el destello de las monedas
martirio en vivo y en directo ante charlatanes de feria
¡Qué injusto que nuestra rabia no valga y la de los criminales sí!
Te matan ante testigos obnubilados por el destello de las monedas
martirio en vivo y en directo ante charlatanes de feria
incapaces de vender un ungüento.
Palestina arrasada, condenada, marginada, podrida,
donde las estrellas del cielo nocturno son las brasas del bombardeo,
la nación que es patria de muertos imberbes y de impíos con kipá.
No haremos nada por ti.
Palestina arrasada, condenada, marginada, podrida,
donde las estrellas del cielo nocturno son las brasas del bombardeo,
la nación que es patria de muertos imberbes y de impíos con kipá.
No haremos nada por ti.
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