12 feb. 2013

La Venus del espejo


Hace un calor atroz en la calle, sin embargo ella tiene el frío metido en el tuétano de los huesos. Camina con la mirada perdida, absorta en pensamientos que la inquietan. Su andar es discreto, casi invisible. Se mira en el reflejo del vagón del tren y agacha la cabeza, lo que ha visto no le gusta. Luego, mira hacia un grupo de  chicas risueñas y de apariencia feliz y su mirada vuelve a desmayarse hacia el suelo.
Dicen que el tiempo todo lo cura, pero sus heridas permanecen abiertas, su cuerpo le duele, magullado por tanto sufrimiento. Continúa su camino, dura, fuerte, con coraje, pero cuando se queda sola y se enfrenta a sí misma, el dolor la vence. Entonces busca una salida por la que escapar y lo que encuentra es aún peor.
Ella es Venus. Venus es esa mujer a la que una gran mayoría de los que la conocen ve excesivamente soñadora, enormemente utópica, colosalmente romántica, monstruosamente inquieta, garrafalmente reivindicativa, fenomenalmente confiada, patéticamente sensible, extraordinariamente dura consigo misma y maravillosamente distinta, diferente.
Venus se encuentra atrapada en un cuerpo que ve monstruoso, maldice esa visión en el espejo, su forma de andar y hasta el último de sus gestos. Detesta cada pedazo de su ser que la representa; imagina que podría ser mejor de lo que es. Es evidente que le gustaría convertirse en otra persona, quizá más fría, tal vez más distante, posiblemente menos implicada con los demás. Venus es contradictoria e insegura; se culpabiliza de todo lo que ocurre a su alrededor y se frustra cuando no logra solucionarlo.
Ella es Venus, una persona más a la que la vida no ha tratado bien. Se ha sentido humillada hasta la desesperación. Ha vivido contra corriente, al margen de unas reglas que no acaba de comprender. Dice que nunca se ha percibido amada y esa ha sido una de sus mayores derrotas. A veces hasta el aire se le hace caro y le cuesta respirar.
Llegará un momento en que Venus despierte de la pesadilla que la envuelve y se sienta liberada. En ese tiempo único buscará la felicidad en su interior y todo lo demás serán elementos complementarios en su nueva construcción del mundo. Llegada a ese punto se mostrará satisfecha, sin tabúes, sin miedo a expresar lo que siente, a ser ella misma, a convertirse en una Venus renacida, con sus virtudes e imperfecciones. Se aceptará, se cuidará y jamás volverá a castigarse ni a permitir que nadie la someta. Entonces se mirará en un espejo y se verá hermosa, como realmente siempre ha sido.
Mirad con atención y sensibilidad a los seres humanos que os rodean, quizá cerca haya una Venus que sufre en silencio; es posible incluso, que tú, mujer, puedas ser también una Venus.

Gema Gálvez Gómez


7 comentarios:

  1. A ver con qué nos has sorprendido, compañero.

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  2. Bueno, yo juego con ventaja porque ya lo había leído. Creo que las mujeres tenemos mucho camino por hacer. Nuestra primera opresión se encuentra en la ideología que transmiten nuestras madres, de sumisión a un hombre o a la condición de esposa y reproductora de la especie. Luego vienen los compañeros del colegio, los maestros, nuestros novios, nuestros jefes. Nuestra lucha debe ser permanente, sin dejar pasar ni una agresión, venga de donde venga.

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  3. Gema, felicidades.muy bueno. Gracias. Raquel

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    1. Gracias a ti Raquel, se agradece mucho tu comentario.

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  4. Lo que más me duele de lo que expresas en la obra es que esté reflejado un militante de izquierdas. Pero no me duele porque sea incorrecto sino porque eso agrava la escenificación. Es un hecho que comprobamos a diario que autodenominarse de izquierdas no significa nada. Esperamos que a partir de ideologías aparentemente liberadoras surjan conductas diferentes pero no es así.

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  5. Una introducción muy buena cargada de sensibilidad a la vez que refleja la cruda realidad de muchas mujeres, estoy deseando leer la obra completa.
    Gema, nunca dejarás de sorpenderme.

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  6. Impresionante introducción. Deseando leer el libro.

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