MIRADA FRÍA
Sopla un viento hiriente y helado
y la mirada desciende hasta el suelo
sin encontrar algo
Sopla un viento hiriente y helado
y la mirada desciende hasta el suelo
sin encontrar algo
que no sean las huellas de otros
de los que pasaron antes;
no hay más memoria
ni sentido del paso
que justifique el avance
hacia el horizonte inmediato.
Tal vez haya otros
detrás de este infinito que me atrae
y otros más allá de ellos,
formando una cadena de eslabones pálidos
que no dicen mucho sobre la necesidad
de seguir persiguiéndolos.
Un vacío que enmudece
me cuenta una historia sin solución
de afectos encontrados,
de siluetas amables
que se aproximan y se van
como sombras sutiles.
Poder verlas y sentirlas
es un lujo para este transitar sin rumbo,
arrastrado por una voluntad sin definición,
confusa en su propia esencia;
por suerte el sueño me espera,
su abrazo apacigua el dolor,
el daño de existir.
Cuando la luz dibuje
las horas del nuevo día,
enarbolaré mis pupilas
como fauces hambrientas
de caminos renovados,
emergentes y divergentes,
cuyo magnetismo se engrandece
por la necesidad del instante elegido
para ser carne,
para ser latido,
para ser suspiros
y lágrimas,
y recuperar el resuello
y mantener la frente alta
y la mirada firme,
aclamando con presteza
el nuevo eslabón
del horizonte que aguarda.
de los que pasaron antes;
no hay más memoria
ni sentido del paso
que justifique el avance
hacia el horizonte inmediato.
Tal vez haya otros
detrás de este infinito que me atrae
y otros más allá de ellos,
formando una cadena de eslabones pálidos
que no dicen mucho sobre la necesidad
de seguir persiguiéndolos.
Un vacío que enmudece
me cuenta una historia sin solución
de afectos encontrados,
de siluetas amables
que se aproximan y se van
como sombras sutiles.
Poder verlas y sentirlas
es un lujo para este transitar sin rumbo,
arrastrado por una voluntad sin definición,
confusa en su propia esencia;
por suerte el sueño me espera,
su abrazo apacigua el dolor,
el daño de existir.
Cuando la luz dibuje
las horas del nuevo día,
enarbolaré mis pupilas
como fauces hambrientas
de caminos renovados,
emergentes y divergentes,
cuyo magnetismo se engrandece
por la necesidad del instante elegido
para ser carne,
para ser latido,
para ser suspiros
y lágrimas,
y recuperar el resuello
y mantener la frente alta
y la mirada firme,
aclamando con presteza
el nuevo eslabón
del horizonte que aguarda.
CAMPO DE FLORES E IDEAS
Quisiera plantar ideas,
Quisiera plantar ideas,
como se plantan árboles,
una bella intención llena de sentido,
para así inspirar la posibilidad
de que crezca una comunidad atrayente,
una vida multicolor
pletórica de canciones.
Semillas e ideas,
un paralelismo tan próximo
que sobrecoge;
ambas exigen premura,
la ecología del planeta así lo pide.
Cada árbol plantado
es un horizonte de esperanza y regeneración,
cada persona sometida que se libera
es un sumar de brazos,
de bocas e inteligencias,
y de energía
que impulsará un renacimiento,
hasta que la cuantía de lo acumulado
sea suficiente
para destruir el edificio siniestro
que mantenemos irresponsables;
en ese instante sublime
se desmoronará frágil,
en medio de un crujir de huidas,
y abandonos cobardes.
Todavía no es el tiempo de la cosecha;
ahora,
aquellas personas que siembran,
ejercen un saludable oficio,
en tanto reparten un germen
que gestará el nuevo mundo
cuando nuestros huesos se blanqueen
en el albur de la Historia.
Pisarán nuestras cenizas,
abonaremos la ávida tierra
y empujaremos la unión
entre todo lo que existe
con un aullido de acero
porque sabemos que nos aguarda
el final de toda la tortura
que nuestros amos y dioses
han ejercido sobre nuestras cabezas.
una bella intención llena de sentido,
para así inspirar la posibilidad
de que crezca una comunidad atrayente,
una vida multicolor
pletórica de canciones.
Semillas e ideas,
un paralelismo tan próximo
que sobrecoge;
ambas exigen premura,
la ecología del planeta así lo pide.
Cada árbol plantado
es un horizonte de esperanza y regeneración,
cada persona sometida que se libera
es un sumar de brazos,
de bocas e inteligencias,
y de energía
que impulsará un renacimiento,
hasta que la cuantía de lo acumulado
sea suficiente
para destruir el edificio siniestro
que mantenemos irresponsables;
en ese instante sublime
se desmoronará frágil,
en medio de un crujir de huidas,
y abandonos cobardes.
Todavía no es el tiempo de la cosecha;
ahora,
aquellas personas que siembran,
ejercen un saludable oficio,
en tanto reparten un germen
que gestará el nuevo mundo
cuando nuestros huesos se blanqueen
en el albur de la Historia.
Pisarán nuestras cenizas,
abonaremos la ávida tierra
y empujaremos la unión
entre todo lo que existe
con un aullido de acero
porque sabemos que nos aguarda
el final de toda la tortura
que nuestros amos y dioses
han ejercido sobre nuestras cabezas.
No olvidamos,
no perdonamos,
no ponemos la otra mejilla,
solo aguardamos que llegue nuestra hora.
no perdonamos,
no ponemos la otra mejilla,
solo aguardamos que llegue nuestra hora.
POETAS
A Luis García Montero
Nuestros pasos sudan apresurados
porque el poeta espera
en una mesa tan pequeña
que no acoge su cuerpo de fauno.
La tarde está abierta,
con los ojos destemplados
de un sol de febrero,
apretamos los dientes
y abandonamos nuestras calaveras
sobre asientos heridos por el tiempo,
incómodos pero suficientes.
Suspiramos satisfechos,
con apetito, de las palabras sabias
del hombre sencillo,
cuya sonrisa abriga las almas quemadas
por tanta necedad.
Su mirada alegre nos redime
de nuestro devenir incierto
colmado de cloacas sucias,
calles desoladas
y astros sin luz,
en tanto soñamos con Granada
y con el Darro
y ponemos alas a la imaginación
para embriagarnos de literatura
y de la vida de ese otro poeta amado,
patrón de poetas,
perdido en una cunetas ignota.
Cierro los ojos
A Luis García Montero
Nuestros pasos sudan apresurados
porque el poeta espera
en una mesa tan pequeña
que no acoge su cuerpo de fauno.
La tarde está abierta,
con los ojos destemplados
de un sol de febrero,
apretamos los dientes
y abandonamos nuestras calaveras
sobre asientos heridos por el tiempo,
incómodos pero suficientes.
Suspiramos satisfechos,
con apetito, de las palabras sabias
del hombre sencillo,
cuya sonrisa abriga las almas quemadas
por tanta necedad.
Su mirada alegre nos redime
de nuestro devenir incierto
colmado de cloacas sucias,
calles desoladas
y astros sin luz,
en tanto soñamos con Granada
y con el Darro
y ponemos alas a la imaginación
para embriagarnos de literatura
y de la vida de ese otro poeta amado,
patrón de poetas,
perdido en una cunetas ignota.
Cierro los ojos
y el corazón me late descompuesto
ante la imagen firme de la Torre de la Vela,
señora de la Alhambra,
iluminada por las pupilas de fuego de
Federico,
que armado con pluma y papel,
escribe un poema universal.
Al despertar
me encuentro con el poeta vivo
que no es Federico,
que se llama Luis,
dulce y amargo,
que con su hambre de sentimientos
me invita a cambiar el mundo
con el embeleso de sus versos.
ante la imagen firme de la Torre de la Vela,
señora de la Alhambra,
iluminada por las pupilas de fuego de
Federico,
que armado con pluma y papel,
escribe un poema universal.
Al despertar
me encuentro con el poeta vivo
que no es Federico,
que se llama Luis,
dulce y amargo,
que con su hambre de sentimientos
me invita a cambiar el mundo
con el embeleso de sus versos.

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