Por Ángel E. Lejarriaga
Los espectros de la política
hablan y hablan con voces falsas, huecas,
aúllan a la luna, como bestias infernales,
que les mira cómica y condescendiente
desde su pedestal de plata,
se gruñen y se observan con odio,
se insultan,
para luego entrechocar sus sucias manos
cuando nadie les ve.
Sepulcros blanqueados
de mirada opaca y risa burlona,
vociferantes, sacrílegos,
estómagos voraces y agradecidos
que sobreactúan,
interpretando un papel sin texto,
sin mensaje,
sólo palabras como hojas muertas,
inconexas,
hablan y hablan con voces falsas, huecas,
aúllan a la luna, como bestias infernales,
que les mira cómica y condescendiente
desde su pedestal de plata,
se gruñen y se observan con odio,
se insultan,
para luego entrechocar sus sucias manos
cuando nadie les ve.
Sepulcros blanqueados
de mirada opaca y risa burlona,
vociferantes, sacrílegos,
estómagos voraces y agradecidos
que sobreactúan,
interpretando un papel sin texto,
sin mensaje,
sólo palabras como hojas muertas,
inconexas,
que trae y lleva el aire.
Se abrazan entre ellos,
se besan con descaro
y se balancean satisfechos,
ampulosos,
sobre escaños que hieden,
mientras los espectadores somnolientos,
les contemplamos aterrados,
a la espera del siguiente decreto,
ese que nos hundirá más todavía
en el pozo de la servidumbre
y la postración.
Barajan las leyes con desprecio,
reparten naipes conocidos;
conocen la jugada necesaria,
la ganadora,
ellos son siempre la banca,
nosotros perdemos,
siempre perdemos
porque el problema es dejarles jugar,
el juego es el misterio hipnótico
que nos arrastra
hasta el abismo de la desintegración
y la derrota.
Después de la pelea
y el ruido sordo
comenzará otra partida
y nosotros esperaremos junto a la mesa
el balance de las jugadas
para constatar desesperados
que el resultado es el mismo:
en tanto ellos jueguen con sus reglas
y sus cartas marcadas,
irremisiblemente,
volveremos a perder.
3-7-2016
La segunda transición (2024)
Se abrazan entre ellos,
se besan con descaro
y se balancean satisfechos,
ampulosos,
sobre escaños que hieden,
mientras los espectadores somnolientos,
les contemplamos aterrados,
a la espera del siguiente decreto,
ese que nos hundirá más todavía
en el pozo de la servidumbre
y la postración.
Barajan las leyes con desprecio,
reparten naipes conocidos;
conocen la jugada necesaria,
la ganadora,
ellos son siempre la banca,
nosotros perdemos,
siempre perdemos
porque el problema es dejarles jugar,
el juego es el misterio hipnótico
que nos arrastra
hasta el abismo de la desintegración
y la derrota.
Después de la pelea
y el ruido sordo
comenzará otra partida
y nosotros esperaremos junto a la mesa
el balance de las jugadas
para constatar desesperados
que el resultado es el mismo:
en tanto ellos jueguen con sus reglas
y sus cartas marcadas,
irremisiblemente,
volveremos a perder.
3-7-2016
La segunda transición (2024)
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