22 ene. 2014

Bye Bye Blondie


La primera sorpresa de esta novela es que ha sido editada gracias a ese fenómeno de la financiación de proyectos «difíciles» llamado crowdfunding. 121 mecenas han solucionado el problema, aportando el dinero para su salida en nuestro país. La segunda sorpresa ha sido la traducción y la corrección literaria. Yo, personalmente, hubiera preferido una traducción y corrección más esmerada, por momentos resulta difícil leer el texto; sin embargo eso hoy en día parece un horizonte lejano en las editoriales pequeñas y no tan pequeñas. La tercera y definitiva sorpresa es tener a Bye Bye Blondie en las manos y poder disfrutar de su lectura.
A Virginie Despentes se la considera como la estrella destroy punk de la literatura francesa. Así se la califica en la mayoría de los artículos que se publican sobre ella. ¿A qué se refieren los críticos cuando la denominan destroy punk? Destroy es un anglicismo utilizado comúnmente en el movimiento punk para definir posicionamientos, dentro del mismo, violentos, antisociales, autodestructivos y pasivos ideológicamente. El concepto nace, sobre todo, a partir de la aparición del punk comprometido o Straight Edge; descrito como un estilo constructivo de vida dentro del punk, creado por la banda Minor Threat y caracterizado por la abstención al alcohol, al tabaco y al consumo de drogas; también por la defensa del vegetarianismo. Este submovimiento dentro del punk fue una reacción ante los excesos asociados a él.
Virginie Despentes nació en Nancy, el 13 de junio de 1969, tiene 44 años. La rabia y corrosividad con que escribe está justificada por su experiencia personal y por su posicionamiento ideológico sobre la condición de las mujeres. La protagonista de Bye Bye Blondie, Gloria, también nació en Nancy, de hecho la novela se desarrolla en gran parte en esta ciudad y comparte muchos de los pasajes de la vida de la autora.
A los quince años fue ingresada en un hospital psiquiátrico y a los diecisiete, a su regreso de un viaje a Londres en autostop, fue violada. Muy pronto abandonó Nancy y se fue a vivir a Lyon, envuelta en una cólera existencial teñida de punk, lo cual no hizo más que empeorar su situación, si bien le suministró un bagaje existencial con el que nutrirá su obra.
Lejos de la protección de sus padres realizó los más diversos trabajos: limpieza, comercio, prostitución ocasional o guionista, entre otros. Con su primera novela, Fóllame (1998), que le costó mucho publicar, cambió su signo destroy e inició una andadura entre el cine y la literatura llena de obstáculos pero gratificante.
Constituye una seña de identidad inconfundible en su trabajo, el hecho de que sus protagonistas, siempre mujeres, desempeñen roles que generalmente se le adjudican al varón: drogas, violencia o promiscuidad sexual.
Todos sus libros son una reflexión sobre la realidad femenina en la sociedad de finales del siglo XX. Su punto de vista rechaza a la mujer dócil, previsible, con un destino determinado desde el momento del nacimiento, y le abre puertas a su liberación, sea cual sea, imponiendo su criterio, por encima de la voluntad masculina que intenta manipularla. En sus libros habla de ella misma y de sus encontronazos con lo «políticamente correcto», con ese otro que es el hombre que puede agredir, y de hecho agrede, en cualquier momento. Ella asume el riesgo de la violación como parte de la lucha por la libertad. En la calle existen monstruos que se manifiestan de diversas maneras. Para la mujer emancipada uno de esos monstruos puede tomar forma de violador. La violación es la opresión suprema de la mujer pero también hay otras formas de violación, como la derivada de cumplir el ritual de «ama de casa» domesticada y sumisa.
Ella no se avergüenza de ser mujer, de ser hermosa, de desear y gozar con ese deseo y a través de ese deseo. No se oculta, se expresa como siente. Es su elección. Se enorgullece de su sexo y de disfrutar con él. Todas estas ideas flotan en su obra pero se definen de una manera contundente en Teoría Kin Kong (2007). Con ella, lo aparentemente sórdido (prostitutas o actrices porno) abandona el sótano hipócrita en el que está recluido y se materializa, situándolo en el ámbito de lo común, de lo posible, de lo que define a la sociedad insana en la que nos desenvolvemos. Con su discurso cáustico y agresivo se ríe de la mujer femenina, integrada, dominada, que se cree dueña de su propio destino; más bien al contrario, la presenta encadenada a los prejuicios, al paternalismo del patriarcado, sea familiar, marital o estatal. Las mujeres no eligen, todas se prostituyen de una u otra manera y eso debe cambiar.
Bye Bye Blondie, por primera vez publicada en España, no hace más que incidir en lo mismo. Contiene los mismos tics. Una mujer joven, Gloria, adolescente, punk, encuentra un amor desquiciado, Erik, en el último rincón donde pudiera imaginarse existiera, en un psiquiátrico. Los dos se gustan, se observan, se retan, se desean, temen la brutalidad de la atracción que sienten el uno por el otro. El resultado es el esperado, frenesí y pasión. En ese anhelo doloroso, se escapan de sus casas y se lanzan a una aventura de supervivencia, música, vagabundeo, drogas, sexo y desencuentros. La ciudad de partida es Nancy, a finales de los años 80. La pareja vive el punk de una manera violenta, delirante, antisocial. Después de una separación de veinte años, se reencuentran. Él ha cambiado, ella sigue siendo una punki, en paro, sin casa, atormentada por un pasado que marca su presente.
Lo que sigue después hay que leerlo porque es entrar en una mezcla explosiva de libertad y necesidad de transformación, de reajuste. Gloria necesita ese reajuste, el amor que siente por Erik también, pero no le va a resultar fácil.
Gloria, como Virginie, es una luchadora empedernida, que se revela con­tra una planificación de su vida que no ha elegido; no elige nacer, pero tampoco le dejan elegir cómo vivir. Y ella no acepta esas normas. No se somete, escupe al rostro a sus padres, a sus profesores, a psicólogos, psiquiatras, policías y en general a todo ese entramado autoritario que la empuja a asumir ser encarcelada voluntariamente en una vida mediocre. Naturalmente, esa rebelión no es gratis, tiene un coste y ella lo va a pagar.

«—Y en su opinión, ¿por qué rechaza usted ser una mujer?
Gloria pensó guardarse los comentarios. Así que, aceptar ser mujer era recibir golpes sin querer devolverlos. Vale, capullo, por supuesto.
Tenía unas tetas como para que las rodara Russ Meyer, un culo de escándalo, y cuando la dejaban vestirse, le gustaba ponerse faldas con mallas rasgadas, vale, y en sus botas rangers había puesto cordones rosas; no salía nunca sin maquillaje, los ojos muy rojos, los labios muy negros y las uñas pintadas de verde. Era la única chica que conocía capaz de saltar la tapia con tacones.
El viejo había manchado de comentarios algunas páginas antes de volver a los temas que consideraba cruciales:
—¿Por qué se afea? ¿Por qué ese corte de pelo? ¿Y ese color?
Si hubiera sido cantante de un grupo, eso le habría dado para hacer una canción “SOS, encerrada con los locos, el doctor quiere que vaya a la peluquería”. Pero allí no le servía para nada.
Una vez más, cerrar el pico, ¡eh! viejo imbécil, esto se llama movimiento punk. Nada que ver con que tenga un coño, una polla o un par de alas.»

Algunos libros de Virginie Despentes:

Fóllame, Mondadori (1998)
Perras sabias, Anagrama (1998)
Lo bueno de verdad, Anagrama (2001)
Teoría King Kong, Melusina (2007)
Bye Bye Blondie, Pol·len (2013)


4 comentarios:

  1. Me gustaría compartir fragmentos de el comienzo de “Teoría de King Kong”, quizá nos acerque más a lo que se hace llamar “Feminismo Punk”, pienso que no dejará indiferente a nadie. Descarado, crudo, violento, libre, bruto, desgarrado…Despentes!!!!

    "!Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no
    me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro.
    Me parece formidable que haya también mujeres a las que les guste seducir, que sepan seducir, y otras que sepan casarse, que haya mujeres que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños que salen del colegio. Formidable que las haya muy
    dulces, otras contentas en su feminidad, que las haya jóvenes, muy guapas, otras coquetas y radiantes. Francamente, me alegro por todas a las que les convienen las cosas tal y como son. Lo digo sin la menor ironía. Simplemente, yo no formo parte de ellas.
    (….)
    La figura de la pringada de la feminidad me resulta más que simpática: es esencial. Del mismo modo que la figura del perdedor social, económico o político. Prefiero los que no consiguen lo que quieren, por la buena y simple razón de que yo misma tampoco lo logro. Y porque, en general, el humor y la invención están de nuestro lado. Cuando no se tiene lo que hay que tener para chulearse, se es a menudo más creativo. Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen. Son, sin embargo, mis cualidades viriles las que hacen de mí algo distinto de un caso social entre otros. Todo lo que me gusta de mi vida, todo lo que me ha salvado, lo debo a mi virilidad. Así que escribo aquí como mujer incapaz de llamar la atención masculina, de satisfacer el deseo masculino y de contentarme con un lugar en la sombra. Escribo desde aquí, como mujer poco seductora pero ambiciosa, atraída por el dinero que gano yo misma, atraída por el poder de hacer y de rechazar, atraída por la ciudad más que por el interior, siempre excitada por las experiencias e incapaz de contentarme con la narración que otros me harán de ellas. No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar. Nunca me ha parecido evidente que las chicas seductoras se lo pasen tan bien. Siempre me he sentido fea, pero tanto mejor porque esto me ha servido para librarme de una vida de mierda junto a tíos amables que nunca me habrían llevado más allá de la puerta de mi casa. Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable.
    (…)
    ….pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los
    que tienen ganas de que les den por el culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos"

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  2. Despentes da en el clavo. Representa lo real, lo que está fuera del marco de la TV, del anuncio perfecto, de la familia perfecta, de la mujer perfecto, del hombre caballeroso. Lo grotesco, lo feo, el dolor, la nausea de existir en un mundo de mierda, todo ello está ahí y nosotras formamos parte de él. Hagamos lo que hagamos vamos a estar mal. Si tragamos y nos sometemos a su juego de rol, pringamos. Si nos revelamos, pringamos. Yo elijo tomar mis propias decisiones, liberarme de convenciones y sometimientos, me gusta ser así y me aguanto si no encuentro la satisfacción que busco...

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  3. Creo entender lo que quiere decir VD cuando hablar de tener una cierta virilidad a la hora de enfocar la vida. Significa ser autónoma, buscar lo que me gusta por encima de lo que sea, ser agresiva y defenderme con uñas y dientes y sobre todo no someterme a ninguna autoridad externa a mi misma.

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  4. La educación que recibimos las mujeres de nuestras madres es un lastre que nos acompaña durante toda nuestra vida y del que es difícil librarse. El paso por la escuela y por nuestro grupo de edad, en la adolescencia, no hace más que reforzar una serie de valores alienantes y opresivos que nos conducen inexorablemente al sometimiento y al desperdicio de nuestras vidas. Y a lo que es peor, a reproducir en nuestras hijas la ideología que nos ha conducido a ese desastre.

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