19 dic. 2014

«A eso se reduce todo. Acercarse o alejarse del infierno.»


El texto que da título a esta entrada procede de Putas asesinas, una recopilación de relatos de Roberto Bolaño publicada en el año 2001. Aunque el autor escribió mucha poesía, tiene editados 5 libros de relatos, tres de ellos póstumos. La primera colección vio la luz en 1997 bajo el título Llamadas telefónicas. La obra de este chileno —más renombrado después de desaparecer que cuando estaba vivo— es extensa, a pesar de haber fallecido a los cincuenta años de edad; lo atestiguan 13 novelas, 7 libros de poesía y la amplia colección de relatos citada.
Pero, ¿quién era Roberto Bolaño? Simplemente un hombre, un viajero de origen chileno, ciudadano de aquí y de allá, nacido en Santiago de Chile en 1953 y fallecido prematuramente en Barcelona en el año 2003. Su vida se desarrolló entre Chile, México y España. En 1968, cuando contaba quince años, su familia se trasladó a vivir a México. A pesar de que su madre intentó por todos los medios que estudiara, un año después, cumplidos los 16, abandonó su formación académica para dedicarse a la escritura. A partir de ese momento su vida iba a consistir en leer y escribir de manera compulsiva hasta días antes de su muerte. En sus primeros años alternó la literatura con trabajos tan dispares como vender lámparas de la Virgen de Guadalupe o ejercer de periodista. El resto de su vida fue algo parecido.
Con veinte años, en 1973, regresó a Chile cargado de ideas políticas transformadoras que deseaba experimentar en un país pletórico de ilusiones socialistas, gobernado por el presidente Salvador Allende. Después de un largo viaje por tierra desde México llegó a su país de origen justo a tiempo para vivir en directo el golpe de Estado de Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Tras ser detenido y liberado, gracias a la intervención de un viejo amigo, decidió volver a México. El regreso también lo hizo por tierra lo que le puso en contacto, entre otras cosas, con las luchas de liberación centroamericanas. En 1975, ya instalado en México, fundó con unos cuantos buenos amigos poetas el «movimiento infrarrealista» que pretendía revolucionar la poesía de su tiempo, rompiendo con el pasado poético dominante, bajo la consigna «volarle la tapa de los sesos a la cultura oficial». Aunque en ese momento su compromiso era con la poesía, en su interior se estaban gestando futuras novelas cuyos personajes e historias nacían a la luz de sus vivencias, se dormían temporalmente, para despertar más tarde. En 1977, tras una ruptura sentimental con Lisa Johnson, se embarcó para Europa donde ya residía su madre. Si bien tenía otros planes de viaje, la enfermedad de la madre hizo que recalara en Barcelona, ciudad en la que esta residía. El alejamiento del ambiente «infrarrealista» hizo que se fuera distanciando de la expresión poética y que se centrara más en la narrativa. Sus primeros años en España no fueron fáciles, trabajando en lo que le salía sin desdeñar ninguna oferta de empleo por paupérrima que esta fuera; su penuria económica así lo exigía. A pesar de ese funesto panorama, con su amigo Bruno Montané creó la revista de poesía Rimbaud vuelve a casa, de la que salió un único número. Intentaron más proyectos sin éxito como la edición de las revistas, Berthe Trépat y Regreso a la Antártida.
En 1980 se mudó a Gerona. Esa década fue muy difícil para él. Se presentaba a algunos concursos literarios de reducido alcance, y de vez en cuando ganaba el primer premio, lo cual le proporcionaba algo de dinero, siempre insuficiente. En Gerona conoció a la que sería su futura esposa, Carolina López. En 1984 publicó su primera novela, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, que ganó el Premio Ámbito Literario. Ese año tuvo otra alegría: recibir el Premio Félix Urabaye con su novela La senda de los elefantes. A pesar de este revival literario, la pareja malvivía. Así las cosas, decidieron mudarse a Blanes para que él pudiera trabajar en la tienda de bisutería de su madre y obtener algunos ingresos. La suerte debió apiadarse de ellos pues Carolina encontró trabajo en el ayuntamiento de la localidad, en los servicios sociales.
Los años noventa tuvieron para Roberto Bolaño su cara y su cruz. Por un lado nacieron sus hijos Lautaro y Alexandra, recibió numerosos premios y publicó gran parte de su obra; por otro, se le desencadenó la enfermedad que lo mataría. En 1998 le llegó su reconocimiento literario más importante recibido en vida, obtuvo el Premio Herralde de Novela con Los detectives salvajes. A pesar de este éxito, su flujo de ingresos pecuniarios siguió siendo miserable, lo que le situó hasta su muerte en un estado de precariedad permanente.
El 15 de julio del año 2003 falleció debido a una insuficiencia hepática. Sus cenizas se sumergieron en el Mediterráneo, ese mar que adoró hasta la última luz que acariciaron sus pupilas. Mientras tuvo conciencia y fuerzas para trabajar, escribió frenéticamente, con la acertada obsesión de dejarles a su esposa y a sus hijos un legado en forma de derechos de los que pudieran disfrutar tras su final, y se puede decir que lo logró.
La colección de relatos, que se comenta en este artículo se compone de trece narraciones, una de ellos da nombre al libro. El contenido de las mismas tiene mucho que ver con Roberto Bolaño, que a veces se llama B y otras Arturo Belano. Cada uno de los relatos tiene personalidad propia y distinta intensidad. En el Ojo Silva toca el tema de la pedofilia desde la mirada de un exiliado homosexual; un relato cargado de dolor e impotencia que se proyecta sobre el lector como una llamada de atención. Gómez Palacio recrea un triste pueblo mejicano en el que no pasa nada que vaya más allá de una luz cegadora, un intenso calor, polvo y aburrimiento, sobre todo mucho aburrimiento. Últimos atardeceres en la tierra es un relato lleno de contrastes entre las formas tan distintas de vivir un viaje de vacaciones de dos perfectos desconocidos, un padre y su hijo de veinte años; cada uno, inmerso en su universo sensorial, se abstrae en los valores que les son propios con una naturalidad que sorprende. Días de 1978 se recrea en las relaciones de Belano con exiliados chilenos afincados en Barcelona, sus amores, sus tribulaciones, sus desvaríos. En Vagabundo en Francia y Bélgica Belano viaja por Europa, lee a un autor poco conocido y se vincula con personajes que surgen entre sombras de muchas soledades y ausencias que le son propias al autor. Prefiguración de Lalo Cura nos cuenta las relaciones entre el hijo de un cura y una actriz porno; todo un esfuerzo de imaginación libre de prejuicios por presentar a los personajes en un contexto de naturalidad y de simpatía. El relato que da nombre a la colección ―quizá el que más me ha gustado―, Putas asesinas, nos cuenta una historia en la que un seguidor de la selección española de fútbol, de corte fascista, se deja querer por una hermosa mujer con la que se encuentra azarosamente por la calle. Pero… «la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida». Con El retorno Bolaño juega a esa fantasía que algunas personas tienen sobre lo que va a suceder una vez que estén muertas. El espíritu o el alma, o lo que sea, se desprende del cuerpo y flota como una esencia invisible sobre lo que tan solo hace unos instantes era la realidad material. ¿Qué le sigue? En este caso, Bolaño se divierte con un escenario provocador y siniestro. ¡Muy entretenido! Buba cambia de sintonía aunque sigue imbuido del toque mágico fantasmal anterior. En este caso el cóctel lo forman el fútbol, la ambición deportiva, las putas y la magia negra. Hay que reconocer que la mezcla de elementos tan dispares Bolaño la resuelve con soltura y gracia. El siguiente relato, El dentista, se desarrolla en un viaje a México, D.F., un encuentro del narrador con un dentista, una ruptura sentimental, un escritor de cuentos adolescente y la muerte de una anciana por mala praxis. En Fotos vuelve a aparecer Belano, de viaje por Liberia, revisando una antología de poetas franceses; mira las fotos de los autores, reflejadas en el libro, y divaga sobre la impresión que le producen. Carnet de baile es una mezcla autobiográfica en la que se describe su experiencia en el golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973, más algunas reflexiones sobre Pablo Neruda. Por último, en Lihn Bolaño nos cuenta un sueño en el que él se reencuentra con su amigo por correspondencia, Enrique Lihn.
Todos los relatos rezuman un ambiente oscuro, de personajes tristes, aunque puedas llegar a sonreír por alguna de las provocaciones del autor. Por momentos, las historias pasan a un segundo plano y da la impresión de que lo importante para Bolaño es el hecho mismo de la narración literaria como instrumento vital; las palabras formando frases con sentido, entrelazadas, que completan un texto del que no acabas de saber qué pensar.
Como no he leído más de Roberto Bolaño no me quiero extender con más referencias ni comparaciones con otras de sus obras. Habrá que seguir profundizando en él. Me quedo con tres textos que me han gustado especialmente:
«A eso se reduce todo. Acercarse o alejarse del infierno.»
«[…] maldije mi sensibilidad atrofiada, me prometí que nada más volver al D.F. encontraría una mujer inteligente y hermosa, pero sobre todo práctica, con la que me casaría, al cabo de un noviazgo corto, exento de gestos desmesurados.»
«Uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto.»


No hay comentarios:

Publicar un comentario