21 jul. 2017

Sonetos del amor oscuro y Diván del Tamarit

 
La figura de Federico García Lorca (1898-1936), al igual que comentaba Luis García Montero en su libro Un lector llamado Federico García Lorca (2016), desde que lo descubrí cerca de la adolescencia, me ha arrebatado y atraído en la misma proporción. Leo y releo sus obras sin un afán erudito, ni en busca del análisis estético más depurado; simplemente buceo en sus páginas para conmoverme, para sentirme vivo. La existencia transcurre por senderos tediosos y raras avis como el poeta granadino la hacen más fácil.

La primera parte de este libro de Lumen aparecido en 2010 está compuesta por una colección de sonetos que Lorca escribió en los últimos años de su vida, que fueron recopilados y sacados a la luz después de su muerte: Sonetos del amor oscuro.

Estos sonetos los conservaba la familia escritos en papel de cartas con membrete del Hotel Victoria de Valencia. La serie se inició con toda probabilidad en 1935. En ese momento Lorca estaba en Valencia con Margarita Xirgu, cuya compañía representaba Yerma en el Teatro Principal. Lorca estaba enamorado de Rafael Rodríguez Rapún, que no le correspondía precisamente, aunque sí se sentía atraído por la personalidad del poeta. Federico sufría como un adolescente, y su amargura la canalizaba a través del verso. Como, por otra parte, suelen hacer siempre los poetas. No digo nada nuevo.

En 1981 Alianza Editorial editó los Sonetos del amor oscuro, conjuntamente con Diván del Tamarit y Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.

Vicente Aleixandre escribió en 1937, tras la muerte de Lorca, una elegía dedicada a él en la que habla de lo que sintió cuando éste le leyó los Sonetos del amor oscuro:
«Sorprendido yo mismo, no pude menos que quedarme mirándole y exclamar: “Federico, ¡qué corazón! ¡Cuánto ha tenido que amar, cuánto que sufrir!” Me miró y se sonrió como un niño. Si esa obra no se ha perdido; si, para honor de la poesía española y deleite de las generaciones hasta la consumación de la lengua, se conservan en alguna parte los originales, cuántos habrá que sepan, que aprendan y conozcan la capacidad extraordinaria, la hondura y la capacidad sin par del corazón de su poeta.»
Los Sonetos del amor oscuro se componen de los siguientes poemas:

«Soneto de la guirnalda de rosas»
«Soneto de la dulce queja»
«Llagas de amor»
«Soneto de la carta» («El poeta pide a su amor que le escriba»)
«El poeta dice la verdad»
«El poeta habla por teléfono con el amor»
«El poeta pregunta a su amor por la "Ciudad Encantada" de Cuenca»
«Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma»
«¡Ay voz secreta del amor oscuro!»
«El amor duerme en el pecho del poeta»
«Noche del amor insomne».

Hay que decir que la familia siempre fue reticente, hasta principios de los años ochenta, a que se publicaran estos poemas, tal vez con una pretensión baladí de ocultar lo inocultable.

El título del conjunto de poemas es inquietante. ¿A qué se refiere el poeta con «el amor oscuro»? Las hipótesis al respecto son interminables, desde una «naturaleza homosexual de los poemas, que tiene que permanecer oculta», hasta lo que tiene de «oscuro y secreto el amor», quizá envuelto en un manto místico al estilo de San Juan de la Cruz. Ian Gibson, la persona que más sabe de Lorca, dijo sobre este tema: «amor de la difícil pasión, de la pasión maltrecha, de la pasión oscura y dolorosa, no correspondida o mal vivida, pero no quiere decir específicamente que era amor homosexual». También afirmó que Lorca tenía a una persona en la cabeza cuando escribió estos versos. Ese amor frustrado —algo que le puede ocurrir a cualquiera que estando enamorado no es correspondido— implica un intenso dolor que él expresa, como decía antes, de una manera mística, llegando al paroxismo con la unión de erotismo y martirio, incluso presentando a la muerte como una liberación. ¿Acaso no acierta al definir estos sentimientos tan humanos?

SONETO DE LA DULCE QUEJA

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua el acento
que me pone de noche en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas, y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las agua de tu río
con hojas de mi Otoño enajenado.

El Diván del Tamarit, es una recopilación de poemas en homenaje a los poetas árabes granadinos. La Universidad de Granada preparó su edición en el año 1934, sin embargo no llegó al público hasta 1940 en Buenos Aires (Editorial Losada). El amor y la muerte vuelven a ser los temas principales que centran estas creaciones poéticas de Lorca. Los referidos al amor los denomina «gacelas», los referidos a la muerte «casidas». Según la Enciclopedia Britannica estos poemas fueron escritos entre 1931 y 1934. El decano de la Facultad de Letras de la Universidad de Granada sabedor de la existencia de estos poemas, le pidió a Lorca los textos para publicarlos. Aunque se hicieron los preparativos para su edición, el Diván del Tamarit no llegó a ser publicado por la Universidad de Granada. Según Ian Gibson, Lorca se cansó de tanto esperar y reclamó el manuscrito para buscar otros posibles editores en Madrid.

La primera edición se hizo en 1940 en New York, en la Revista Hispánica Moderna y constaba de once «gacelas» y nueve «casidas». En 1981 Alianza Editorial realizaba una nueva edición en Madrid.

Gacelas
 
«Gacela del amor imprevisto»
«Gacela de la terrible presencia»
«Gacela del amor desesperado»
«Gacela del amor que no se deja ver»
«Gacela del niño muerto»
«Gacela de la raíz amarga»
«Gacela del recuerdo del amor»
«Gacela de la muerte oscura»
«Gacela del amor maravilloso»
«Gacela de la huida»
«Gacela del amor con cien años»
«Gacela del mercado matutino»

Casidas

«Casida del herido por el agua»
«Casida del llanto»
«Casida de los ramos»
«Casida de la mujer tendida»
«Casida del sueño al aire libre»
«Casida de la mano imposible»
«Casida de la rosa»
«Casida de la muchacha dorada»
«Casida de las palomas oscuras»


GACELA DEL AMOR IMPREVISTO

Nadie comprendía el perfume
de la oscura magnolia de tu vientre.
Nadie sabía que martirizabas
un colibrí de amor entre los dientes.

Mil caballitos persas se dormían
en la plaza con luna de tu frente,
mientras que yo enlazaba cuatro noches
tu cintura, enemiga de la nieve.

Entre yeso y jazmines, 
tu mirada era un pálido ramo de simientes.
Yo busqué, para darte, por mi pecho
las letras de marfil que dicen siempre.

Siempre, siempre: jardín de mi agonía,
tu cuerpo fugitivo para siempre,
la sangre de tus venas en mi boca,
tu boca ya sin luz para mi muerte.


CASIDA DEL LLANTO

He cerrado mi balcón
porque no quiero oír el llanto,
pero por detrás de los grises muros
no se oye otra cosa que el llanto.

Hay muy pocos ángeles que canten,
hay muy pocos perros que ladren,
mil violines caben en la palma de mi mano.

Pero el llanto es un perro inmenso,
el llanto es un ángel inmenso,
el llanto es un violín inmenso,
las lágrimas amordazan al viento,
y no se oye otra cosa que el llanto.



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