10 jul 2019

La invención de la soledad

Por Ángel E. Lejarriaga



Este texto es una autobiografía de Paul Auster (1947) publicada en 1982. Tiene otras tres de semejante factura en las que el autor habla de sí mismo: A salto de mata; crónica de un fracaso precoz (Hand to Mouth, 1997), Diario de invierno (Winter Journal, 2012) e Informe del interior (Report From the Interior, 2013).

En La invención de la soledad utiliza la muerte de su padre para iniciar una profunda reflexión sobre diversos aspectos de la existencia. Está compuesta de dos partes que reciben nombres distintos: “Retrato de un hombre invisible” y “El libro de la memoria”. La primera habla de su padre y de la relación con él. La segunda continúa en la línea anterior pero va más allá y se sitúa él mismo en el epicentro de la paternidad. Luego, según avanza el relato, Auster se enfrenta a la soledad necesaria del que escribe y la relación inseparable con la memoria.


El esfuerzo de Auster es supremo, su padre ha muerto, está vendiendo su casa y mientras revuelve entre sus cosas siente la urgente necesidad de reconstruir su vida. Él pensaba que de ese contacto no iba a surgir dolor pero se equivocaba. La personalidad de su padre era un misterio, nunca le había entendido, y en ese instante trágico tiene la oportunidad de comprobar qué había detrás de sus conductas tanto hacía él mismo como hacia el resto de la familia. Esta indagación la quiere convertir en texto pero no es fácil, las palabras duelen y se resisten a tomar forma en el papel. Quiere descubrir las claves de su padre, el porqué de su frialdad, de su distanciamiento. No niega que mantuviera a la familia, que les diera todas las satisfacciones materiales que estaban en su mano, pero sin sentimientos.
“[…] y allí, a la distancia entre las sombras que aleteaban a su alrededor, nací yo, me convertí en su hijo y crecí, como una sombra más que aparecía y desaparecía en el oscuro ámbito de su conciencia.”
Su progenitor era poco más que una cuenta corriente, una figura fantasmal, un espectro. Estaba pero no estaba.
“Jamás fue capaz de encontrarse donde estaba en realidad; durante toda su vida estuvo en otro sitio, entre aquí y allí. Pero nunca realmente aquí y nunca realmente allí.”
“Era de una neutralidad tan implacable, su conducta era tan absolutamente predecible, que todo lo que hacía resultaba sorprendente. Uno no podía creer que existiera un hombre así, sin sentimientos, que esperara tan poco de los demás.”
La idea de Auster era cauterizar la herida que permanecía abierta con respecto a la relación que había mantenido con él pero no lo consigue, la herida se abre aún más.
“Ha habido una herida y ahora me doy cuenta de que es muy profunda. Y el acto de escribir, en lugar de cicatrizarla como yo creía que haría, ha mantenido esta herida abierta.”
Cuando parece que la historia del padre no da para más descubre algo que ha sido guardado celosamente por su familia paterna, un secreto del que nadie ha querido hablar en decenas de años.
“Los artículos de los diarios están sobre mi mesa. Ahora que ha llegado el momento de escribir sobre ellos, me sorprende encontrarme a mí mismo haciendo cualquier cosa para posponerlo. Lo he estado aplazando toda la mañana […] Cualquier cosa me distrae. No es que tenga miedo de la verdad, ni tampoco que tenga miedo de contarla. Mi abuela mató a mi abuelo […]”
Auster no tiene escapatoria, el pasado está ahí, pero sabe que si quiere que el dolor disminuya tiene que aceptar a su padre tal y como era y dejarlo ir.

La segunda parte de La invención de la soledad,  “El libro de la memoria” Auster la escribe en tercera persona y se refiere a sí mismo como A. Aunque es continuación del texto anterior, sin embargo se observa claramente que el duelo por la muerte de su padre ya no es el tema principal, lo que más le preocupa es su propio papel de padre de su hijo de tres años Daniel.
“[…] cuando el padre muere —escribe—, el hijo se convierte en su propio padre y en su propio hijo. Mira a su hijo y se ve a sí mismo reflejado en su rostro. Imagina lo que el niño ve cuando lo mira y se siente como si interpretara el papel de su propio padre.”
En el tiempo en el que escribe pasan muchas cosas en su vida que le sitúan al límite de la angustia. Adora a su hijo pero se separa de su esposa y eso pone en peligro el contacto con el niño. Cuando Daniel enferma de neumonía su zozobra se convierte en naufragio. Al final todo acaba bien. Una segunda parte de la segunda parte está referida a la soledad que experimenta el escritor al encontrarse ante su obra, también reflexiona sobre el imprescindible papel de la memoria en la tarea literaria sin la que no existiría nada.
“En ese momento la ecuación se volvió clara, el acto de escribir como un acto de memoria. Pues el quid de la cuestión es que, aparte de los poemas, no había olvidado nada de todo aquello.”

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