8 sept. 2015

La monja libertaria

Antonio Rabinad ya ha dejado este mundo pero por suerte he tenido la fortuna de leerlo y sé que no lo olvidaré. Nació en Barcelona en 1927 y murió en agosto de 2009. Reconozco que le he conocido porque cayó en mis manos La monja libertaria, novela en la que se inspiró la película Libertarias, dirigida por Vicente Aranda en 1996. Se dice de él que ha sido uno de los escritores que mejor ha retratado la Barcelona de la posguerra civil española. No puedo confirmarlo ni negarlo pues solo he leído un libro de él y algunos artículos periodísticos. Su obra no es muy extensa pero cuenta con once novelas. A lo largo de su carrera literaria recibió numerosos premios como el Internacional de Novela o el Ciudad de Barcelona entre otros. Sin embargo, a pesar de compartir generación con la denominada Escuela de Barcelona, que contaba con escritores adscritos como Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Juan Marsé, Juan García Hortelano, Manuel Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo, Terenci Moix y Eduardo Mendoza, nunca ha sido considerado como parte de la misma. De hecho su obra no es demasiado conocida por el público en general.

La monja libertaria (1981) es una historia que podríamos calificar de «loca», entrañable, trágica, cómica, triste y revolucionaria. Es loca en un sentido cariñoso. La historia comienza en un convento de monjas en el momento en que se produce el levantamiento fascista del 18 de julio de 1936, con los milicianos reduciendo a los rebeldes, persiguiendo facciosos y de paso, quemando algún que otro centro religioso. A partir de ahí comienza la historia de nuestra monja, Sor Juana, que huye del convento, a cuya orden pertenecía, con el pelo cortado a trasquilones y una indumentaria que dejaba mucho que desear. Su peregrinar no llega muy lejos en un primer momento pues acaba en un burdel que es asaltado por milicianas de Mujeres Libres con la sana intención de liberar a las prostitutas de su condición de simple «carne». Este inicio ya es suficiente para decidirte a seguir leyendo. No quiero contar muchos detalles para no destripar el texto pero nuestra inefable monja acaba en el frente de Aragón, en la Columna Durruti, con un fusil al hombro. Toda una proeza imaginativa bien hilvanada.

Decía también que era un relato entrañable porque describe el entusiasmo revolucionario de una generación de hombres y mujeres que combatieron el fascismo con monos, alpargatas y armados más de ideología que de fusiles y balas. Carecemos de ese romanticismo en la actualidad lo que nos convierte en personajes sombríos de una obra de teatro conocida, anodina y sin horizontes. La novela también es trágica porque, a pesar del aparente sesgo cómico de alguna de las escenas, esboza la matanza que está en ciernes de la cual todavía no nos hemos recuperado.

Al final de la obra, por boca de uno de sus personajes, Jesús, el secretario de Durruti, dice del mismo:
«Ventura era un hombre corriente, normal, como usted o yo. Bueno, no sé si usted es muy normal. Es necio pretender convertirle a toda costa en un Mesías. Era un buen hombre, pero no un iluminado, ni estaba tallado en el mármol en que se esculpen los mitos. Era también, un hombre bueno. En cada miliciano que moría, debían matarlo un poco a él [...]»
Termino con un texto de Mijaíl Bakunin con el que abre Rabinad su novela y que induce a la reflexión:
«No es suficiente que el pueblo se despierte y que se dé cuenta de su miseria y de las causas de la misma. Es cierto que posee una gran cantidad de poder básico, más que el Gobierno, con todas las clases dirigentes; pero un poder elemental, no organizado, no constituye un poder real.»


4 comentarios:

  1. Me dejas alucinado con la monja! Me lo apunto para leerlo. Un abrazo!

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  2. Como he dicho, es un libro simpático pero con un toque trágico, como lo es casi todo en este país; reímos y lloramos al mismo tiempo porque todavía no somos capaces de hacer otra cosa.

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  3. El libro me lo estoy leyendo y me deja un poco asombrada por el contraste entre los personajes. Es difícil de imaginar a una monja joven rodeada de putas y de milicianas anarquistas. Todo un cóctel...

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  4. Lo he leído. Al principio me hizo gracia pero poco a poco fui sintiendo una gran tristeza que confirma el final. Interesante.

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