27 oct. 2016

Las bicicletas son para el verano

Con esta obra de teatro, Fernando Fernán Gómez consiguió en 1977 el Premio de teatro Lope de Vega, adjudicado por el Ayuntamiento de Madrid. El autor no era un desconocido para el público español cuando se estrenó el 24 de abril de 1982 en el Teatro Español, por lo que tuvo un gran éxito de espectadores y de crítica. La dirección de la obra corrió a cargo de José Carlos Plaza; encontrándose en el reparto, actores de la talla de Agustín González (Don Luis) y actrices de renombre como Mari Carmen Prendes (Doña Marcela); en la misma también participaron Berta Riaza, Gerardo Garrido, Enriqueta Carballeira, Pilar Bayona, María Luis Ponte y Sandra Sutherland.
Eduardo Haro Tecglen la calificó como «Una obra maestra». Haciendo hincapié en la exposición descarnada de un escenario de barrio en el que vidas humildes que tratan de salir adelante como pueden, se encuentran, inesperadamente, el Golpe de Estado de los militares encabezados por el general Francisco Franco (todos estos militares habían jurado lealtad a la República).
La obra representa muy bien el paso del tiempo al que están encadenados los personajes. La Guerra Civil estalla en Madrid, y lo que parece poseer tintes de comedia —porque así somos en estas tierras hispanas—, nos sumerge en una tragedia que solo desde nuestro tiempo podemos dimensionar en toda su magnitud. El espectador pone sobre las tablas lo que conoce, y el autor describe su adolescencia a través de una familia compuesta por un matrimonio, sus dos hijos (chico y chica), la criada y los vecinos, que viven el día a día con desigual fatalidad. Aunque la obra es en sí misma la Guerra Civil, vista desde un espacio muy reducido, el trasfondo esencial son los sueños frustrados, los deseos que nunca se realizarán, eso que no volverá a ser nunca igual.

Luisito, el hijo de don Luis, quiere una bicicleta ese verano del 36, no para hacer deporte sino para ligar con una chica que le gusta. Además, el muy hereje, ha suspendido, con lo cual la petición a su padre está cargada de descaro, que el padre asume como lo que es, pero también con un espíritu de comprensión, que hubiera podido llegar a buen puerto de no haber sido por el pequeño general y sus ambiciosos secuaces, que por salvar España, jodió la operación de la compra de la anhelada bicicleta, las vacaciones de la familia y sumergió al país en una umbría de la que no se ha despertado todavía.

Don Luis.-Desde luego. Eso ya estaba hablado. Cuando apruebes, tienes bicicleta. Es el acuerdo a que llegamos ¿no?
Luis.-Sí, pero yo no me había dado cuenta de lo del verano. Las bicicletas son para el verano.
Don Luis.-Y los aprobados son para la primavera.
Luis.-Pero estos exámenes han sido políticos.
Don Luis.-¿Ah, sí?
Luis.-Claro; todo el mundo lo sabe. (pág. 67).
Don Luis es un hombre de izquierdas, pacífico, que quiere que su nación progrese y abandone la oscuridad de una historia de superstición, ignorancia y autoritarismo sanguinario. En cierta medida esperaba lo que ha sucedido, las fuerzas negras no pueden tolerar ningún tipo de cambio en su devenir histórico; pero lo que se desencadena nadie puede imaginarlo. Él, al final, sabe que aunque la guerra haya llegado a su fin, una ola de sangre está por venir, lo presiente y lo acepta con un fatalismo que podríamos calificar de heroico.
Si bien el tema principal está muy definido desde el principio, a lo largo de la obra se introducen subtemas que dominan los cuadros con un protagonismo duro, que quizá solo los más mayores de la plaza puedan entender, sobre todo los que lo vivieron de cerca. El primer subtema por excelencia es el hambre. Un hambre que no afecta a todos por igual; incluso entre los más desfavorecidos hay quien tiene menos. Recomiendo encarecidamente la escena de las «lentejas», soberbia; o la falta de comida para el recién nacido. Ni que decir tiene que la guerra no la vivieron igual los pobres que los ricos. Es la historia de siempre, tan manida y familiar que nos estrangula con una resignación que resulta repugnante.
Otro subtema que sorprende, pero que entonces, incluso mucho después, ha estado presente en nuestra cultura, es el derivado del sacrificio de las mujeres en la familia en favor de los varones; ellas trabajan para que los hermanos estudien. Manolita y Luis son el ejemplo perfecto.
No podían faltar las apariencias que hay que mantener a toda costa, a pesar de lo precario e inmanejable de la situación.
Otro subtema a destacar es la sexualidad apremiante y torpe de un adolescente (Luisito).
La obra es compleja y larga, está divida en dos partes, a su vez subdivididas en diecisiete cuadros. La primera parte se desarrolla en el año 1936 y es una presentación de los personajes, sus sueños y la catástrofe que supone la guerra en sus vidas. La segunda parte tiene un mayor recorrido y se desarrolla entre los años 1937 y 1939, y describe las consecuencias a largo plazo de la guerra.
Aunque Don Luis tiene un papel importante, todos los personajes están cargados de protagonismo según qué cuadro se esté representando.
La obra, tanto leída como puesta en escena, es excelente. Te hace sentir claramente cómo las vidas sencillas, lejos de las grandes variables de la historia, se ven envueltas en las consecuencias atroces de las luchas intestinas de los poderosos y sus intereses. Por un momento, podemos pensar que es el azar el que castiga a los personajes pero no es cierto, aunque es bien sabido que el azar gobierna nuestras vidas en gran medida, también es conocido y aceptado que existen voluntades, las nuestras y las de otros, mucho más poderosas, que provocan acontecimientos que se convierten en pirámides de sacrificio para los indefensos.
Si dejamos a un lado el azar, casi todo lo que ocurre a nuestro alrededor tiene causas concretas, con nombres y apellidos, no pasan por qué sí. Luisito se queda sin bicicleta porque ha habido un Golpe de Estado, que se enmarca dentro de las tensiones extremas que provoca la lucha de clases en el país. No, no es el azar quien castiga a don Luis y a Luisito y a Manolita; no, es la rebelión de los explotadores contra unos explotados que están sacando las patitas del tiesto, hablan de revolución incluso, y eso no se puede consentir, porque poseer el poder económico, significa poseer el poder militar y los aparatos represivos del Estado, y esos poderes desean perpetuarse por encima de cualquier razón, por muy inspirada que esta esté en valores universales, como la justicia social, la igualdad y la fraternidad. Eso cuenta esta obra, no lo dice así, como lo digo yo, el texto expresa miedo, sentimientos encontrados, ilusiones de cambio, frustración por la oportunidad perdida, el abatimiento del horror ante las páginas de historia que están por escribirse.
Don Luis.-Compréndelo. Hay que llevar dinero a casa -del que vale, no de las estampitas esas-. Si Manolita se mete en alguna compañía, lo que la den se lo va a gastar en trapos y pinturas. Y lo de "chico de los recados" lo digo un poco de cachondeo. Es que dicen que al principio todos tendrán que arrimar el hombro, y habrá que llevar paquetes y cosas de un lado a otro.
Luis.-Ya, ya.
Don Luis.-Para ese empleo te vendría bien la bicicleta que te iba a comprar cuando pasase esto, ¿te acuerdas?
Luis.-Ya lo creo. Yo la quería para el verano, para salir con una chica.
Don Luis.-¡Ah!, ¿era para eso?
Luis.-No te lo dije, pero sí.
Don Luis.-Sabe Dios cuándo habrá otro verano. (pág. 222).



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