26 sept. 2017

Romancero gitano


Si bien todas las obras de Federico García Lorca son muy conocidas, esta resulta especial y entronca bien con el sentir de nuestro país. De facto, ha sido la obra poética más vendida de nuestra historia poética. Cuenta el anecdotario de Federico y su entorno, que el Romancero gitano era ya famoso incluso antes de ver la luz debido a la publicación de muchos de sus poemas en diferentes revistas literarias, y, también, a que el propio Lorca no se cansaba de recitarlos en cuanto tenía ocasión. Además, se ha dicho, y es probable que sea cierto, que uno de sus romances, el Romance de la Guardia Civil española, pudo sentar las bases de su asesinato, años después.
«Es mi obra más popular, la que indudablemente tiene más unidad y es donde mi rostro poético aparece con personalidad propia, y lo llamo gitano porque el gitano es lo más elevado, lo más profundo, lo más aristocrático de mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza y universal.» (Federico García Lorca.)
La obra fue escrita entre 1924 y 1927, y editada en el año 1928 por la Revista de Occidente. Consta de dieciocho romances que se embeben de la cultura gitana y deslumbran con sus temas emblemáticos: la noche, el cielo, la luna, la muerte, la pasión y el amor desbocado. Los poemas son metafóricos y quizá mitifican al pueblo gitano; pero, en cualquier caso, tratan de esbozar cuadros coloristas que comuniquen las esencias de un pueblo que se encuentra dentro de nuestra sociedad, pero que, al mismo tiempo, está fuera de ella; un pueblo que tiene sus reglas, su folclore y su forma de interpretar y rechazar una autoridad que le persigue, porque su propia existencia milenaria, al margen de los destinos de las naciones, le condena en sí misma. Curiosamente este choque entre el aparato represivo del Estado ―la Guardia Civil― y el pueblo gitano, García Lorca lo personaliza simbólicamente como dos bandos que se enfrentan en una guerra interminable: los romanos y los cartagineses. El escenario común a todo el poemario es Andalucía, esa pobre y bella nación de la Península Ibérica olvidada y denostada, tierra de latifundios inmemoriales y de señoritos de todos los colores, que la mantienen prisionera en una cárcel de ignorancia y conformismo.

El libro lo podríamos dividir, de una manera esquemática, en cuatro grupos de poemas, el primero dedicado a la mujer, el segundo al hombre, un tercer grupo que se podría denominar el de los «arcángeles», dedicado a Córdoba, Granada y Sevilla; y por último, tres poemas basados en leyendas.

Romance de la luna, luna; Preciosa y el aire y Reyerta, abren el poemario, y tienen mucho que ver con tres fuerzas de la existencia humana: la muerte (la luna), el deseo (el viento) y la violencia.

Romance de la luna, luna

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado. […]

Preciosa y el aire

[…] Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente. […]

La reyerta

[…] La tarde loca de higueras
y de rumores calientes
cae desmayada en los muslos
heridos de los jinetes.
Y ángeles negros volaban
por el aire del poniente.
Ángeles de largas trenzas
y corazones de aceite.

El Romance sonámbulo, La Monja gitana, La casada infiel y el Romance de la pena negra, nos hablan de mujeres enfrentadas a su destino, al papel que la sociedad —la sociedad de su tiempo— les ha impuesto y que las coloca al borde del precipicio: la espera al marido que no viene, la fidelidad, la infidelidad, los instintos primarios que las empujan hacia la búsqueda de una libertad que les está prohibida, el sentimiento trágico de la vida, representando muy bien en la figura de Soledad Montoya.

Romance sonámbulo

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas. […]

La Monja gitana

[…] Las cinco llagas de Cristo
cortadas en Almería.
Por los ojos de la monja
galopan dos caballistas.
Un rumor último y sordo
le despega la camisa,
y al mirar nubes y montes
en las yertas lejanías,
se quiebra su corazón
de azúcar y yerbaluisa. […]

La casada infiel

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos. […]

Romance de la pena negra

[…] ¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya. […]

«La pena de Soledad Montoya es la raíz del pueblo andaluz. No es angustia porque con pena se puede sonreír, ni es un dolor que ciega puesto que jamás produce llanto; es un ansia sin objeto, es un amor agudo a nada, con una seguridad de que la muerte está respirando detrás de la puerta.» (Federico García Lorca.)
Los tres arcángeles hacen una semblanza de Andalucía a través de tres ciudades míticas: San Miguel (Granada), San Rafael (Córdoba) y San Gabriel (Sevilla).

San Miguel (Granada)

[…] Arcángel domesticado
en el gesto de las doce,
finge una cólera dulce
de plumas y ruiseñores.
San Miguel canta en los vidrios;
Efebo de tres mil noches,
fragante de agua colonia
y lejano de las flores. […]

San Rafael (Córdoba)

[…] Pero Córdoba no tiembla
bajo el misterio confuso,
pues si la sombra levanta
la arquitectura del humo,
un pie de mármol afirma
su casto fulgor enjuto. […]

San Gabriel (Sevilla)

[…] El Arcángel San Gabriel,
entre azucena y sonrisa,
biznieto de la Giralda, 
se acercaba de visita.
En su chaleco bordado
grillos ocultos palpitan.
Las estrellas de la noche
se volvieron campanillas. […]

Los poemas siguientes tienen mucho que ver con la virilidad y lo que ella conlleva en el universo trágico en el que se expresa: Prendimiento de Antoñito el Camborio, Muerte de Antoñito el Camborio, Muerto de amor y Romance del emplazado.

Prendimiento de Antoñito el Camborio

Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos. […]

Muerte de Antoñito el Camborio

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las bota
mordiscos de jabalí. 
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrella clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir. […]

Muerto de amor

[…] Pon telegramas azules
que vayan del Sur al Norte.
Siete gritos, siete sangres,
siete adormideras dobles
quebraron opacas lunas
en los oscuros salones.
Lleno de manos cortadas
y coronitas de flores,
el mar de los juramentos
resonaba no sé dónde.
Y el cielo daba portazos
al brusco rumor del bosque,
mientras clamaban las luces
en los altos corredores.

Romance del emplazado

[…] El veinticinco de junio
abrió sus ojos Amargo,
y el veinticinco de agosto
se tendió para cerrarlos.
Hombres bajaban la calle
para ver al emplazado,
que fijaba sobre el muro
su soledad con descanso.
Y la sábana impecable,
de duro acento romano,
daba equilibrio a la muerte
con las rectas de sus paños.

Nos quedan cuatro poemas más, el primero bastante diferente al resto: Romance de la Guardia Civil. En la época en la que fueron escritos estos versos la Guardia Civil era la bestia negra de los gitanos, y también de los que no eran gitanos pero contestaban al «poder».

Romance de la Guardia Civil española

Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas se conservan.
¡Oh ciudad de los gitanos!
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche,
noche, que noche nochera.

La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.

Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo se les antoja
una vitrina de espuelas.

La ciudad, libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entraron a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de moneda.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.

En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la guardia civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas;
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

¡Oh ciudad de los gitanos!
La guardia civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.

Los tres poemas que concluyen el Romancero gitano se insertan en tradiciones convertidas en leyendas a las que Federico da un toque gitano: El Martirio de Santa Olalla, Burla de don Pedro a caballo y Thamar y Amnon.

El martirio de Santa Olalla

[…] El Cónsul pide bandeja
para los senos de Olalla.
Un chorro de venas verdes
le brota de la garganta.
Su sexo tiembla enredado
como un pájaro en las zarzas.
Por el suelo, ya sin norma,
brincan sus manos cortadas
que aún pueden cruzarse en tenue
oración decapitada.
Por los rojos agujeros
donde sus pechos estaban
se ven cielos diminutos
y arroyos de leche blanca.[…]

Burla de don Pedro a caballo

Por una vereda
venía Don Pedro.
¡Ay cómo lloraba
el caballero!
Montado en un ágil
caballo sin freno,
venía en la busca
del pan y del beso.
Todas las ventanas
preguntan al viento,
por el llanto oscuro
del caballero. […]

Thamar y Amnon

[…] La luna gira en el cielo
sobre las sierras sin agua
mientras el verano siembra
rumores de tigre y llama.
Por encima de los techos
nervios de metal sonaban.
Aire rizado venía
con los balidos de lana.
La sierra se ofrece llena
de heridas cicatrizadas,
o estremecida de agudos
cauterios de luces blancas. […]


Poemas

Romance de la luna, luna
Preciosa y el aire
Reyerta
Romance Sonámbulo
La Monja Gitana
La casada infiel (dedicado a Lydia Cabrera «y a su negrita»)
Romance de la pena negra (dedicado a José Navarro Pardo)
San Miguel (Granada)
San Rafael (Córdoba)
San Gabriel (Sevilla)
Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino a Sevilla
Muerte de Antoñito el Camborio
Muerto de amor (dedicado a Margarita Manso)
Romance del emplazado
Romance de la Guardia Civil Española
Martirio de Santa Olalla
Burla de don Pedro a caballo
Thamar y Amnón

Se pueden leer los poemas completos del Romancero gitano en el siguiente enlace:
http://federicogarcialorca.net/obras_lorca/romancero_gitano.htm

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