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14 jul 2026

Hijos de nuestro barrio

HIJOS DE NUESTRO BARRIO (1959)
Naguib Mahfuz



Por Ángel E. Lejarriaga
 

Naguib Mahfuz nació y murió en El Cairo (1911-2006). En 1988 se le concedió el Premio Nobel de Literatura. Se puede decir de él sin temor a equivocarme que es un referente privilegiado de las letras egipcias y tal vez de la literatura árabe, a pesar de sus detractores. Hay que apuntar también que es el primer escritor en lengua árabe que ha conseguido el Premio Nobel, si es que obtener este premio tiene un significado excepcional dentro de la literatura universal, considerando la corrupción y los intereses políticos espurios que le rodean . Su obra ha sido prolífica, ha escrito cerca de cuatrocientos cuentos, numerosos ensayos, una treintena de novelas, obras de teatro y guiones cinematográficos.

Sus inicios en la vida fueron fáciles, era hijo de un funcionario británico y residía en una de las mejores zonas de El Cairo, por lo que tuvo la oportunidad de recibir una educación esmerada. Desde temprana edad destacó tanto en literatura como en filosofía. A los 21 años ya había publicado artículos en varias revistas, traduciendo al idioma “nativo” una obra popular: El antiguo Egipto. Para hacernos una idea de su inmenso talento, en 1934 se contaban en su haber unos ochenta relatos. Entre 1939 y 1954 trabajó en el Ministerio de Asuntos Religiosos de su país lo que le proporcionó estabilidad económica y le permitió dedicarse a las letras, generando manuscritos como Radophis la cortesana (1943) o La batalla de Tebas (1944). Después de la Segunda Guerra Mundial centró su escritura en la sociedad de su tiempo, la de los desheredados, los sin nombre; también trabajó en el cine realizando algunas adaptaciones.

De manera significativa el éxito le llegó con su Trilogía de El Cairo: Entre dos palacios, Palacio del deseo y La Azucarera, escritas entre 1956 y 1957. En 1959 se publicó Hijos de nuestro barrio. En 1988, como ya he mencionado, recibió el Premio Nobel de Literatura. En 1994 sufrió un hecho luctuoso que casi le cuesta la vida cuando fue atacado con un cuchillo por un fanático religioso bajo el argumento de que sus novelas ofendían a la religión musulmana. El resultado de la agresión fue nefasto para su salud, su vista, sus oídos y su brazo derecho quedaron afectados. No obstante, Mahfuz todavía escribió una serie de relatos al estilo de los haikus japoneses, Sueños de convalecencia. La permanente amenaza de otro posible atentado le mantuvo recluido en su casa hasta su muerte en 2006, contaba entonces 94 años.

En cuanto a la temática de su obra, Mahfuz pasó por distintas etapas que tienen mucho que ver con lo que estaba pasando en su país. La primera se caracterizó por una revitalización de la historia de Egipto, escribió novelas ambientadas en el Egipto faraónico. La segunda que se extendió entre 1945 y 1957 estuvo centrada en la realidad contemporánea. En ella habla de calles, de barrios de El Cairo, de los seres que lo habitan, con independencia de su origen social. Una obra representativa de esta época es El callejón de los milagros (1947). La tercera etapa discurre entre 1961 y 1967. En ella el autor está desilusionado con la Revolución de Nasser que estaba viviendo el país, que supuestamente iba a modernizar Egipto: El ladrón y los perros (1961). 

Gamal Abdel Nasser Hussein (1918-1970), fue un político y miliar egipcio nacido en El Cairo, y quizá el líder más significativo del mundo árabe de su época. Impulsó el panarabismo y el socialismo árabe. Fue presidente de Egipto entre 1954 y 1970. La política interna que desarrolló dentro del país estuvo caracterizada por el autoritarismo. Durante toda su vida lucho por expandir sus ideas por el resto del mundo árabe y se solidarizó con los movimientos de liberación nacional que luchaban contra el imperialismo.

La cuarta etapa literaria de Mahfuz se empapa en el “absurdo” y transcurre entre 1968 y 1972, escribe cuentos surrealistas. Su forma de narrar se fundamenta en el dialogo. Su expresividad es depresiva, pesimista. Hay que recordad que en 1967 Egipto y el mundo árabe sufrieron una devastadora derrota bélica a manos de Israel, su enemigo natural; una obra representativa de este periodo sería La taberna del gato negro (1969). A la mencionada guerra se la denominó “guerra de los Seis días” y fue un conflicto armado que enfrentó a una coalición árabe compuesta por la República Árabe Unida (Egipto), Siria, Jordania e Irak, entre el 5 y el 10 de julio de 1967.

En la que podríamos denominar como quinta etapa, entre 1972 y1998, Mahfuz escribe de una manera ecléctica, como si hubiera realizado una síntesis de las etapas anteriores.

Un detalle interesante, reconocido por el autor en sus entrevistas, es que la “política” siempre tuvo un papel importante en su narrativa: “En todos mis escritos encontrarás política. Puedes encontrar una historia que ignora el amor o cualquier otro tema, pero no la política; es el eje mismo de nuestro pensamiento”. (Rasheed El-Enany, 1992). Al principio apoyó el nacionalismo egipcio que buscaba la independencia del imperio británico. Luego apostó por el socialismo y se mostró contrario a la ortodoxia religiosa que empezaba a manifestarse en Egipto. Más adelante, desilusionado por el devenir histórico de su nación y la “guerra fría” se sumergió en una introspección, próxima a un abatimiento profundo; su desconexión de la vida exterior no hizo más que acentuarla.

Hijos de nuestro barrio (1959) se publicó en Egipto por entregas en un periódico egipcio, al-Ahram. En 1967 se editó en Beirut. Su contenido no resultó del agrado de casi nadie en su país. Incluso hoy en día sigue estando mal visto por el extremismo religioso. En este libro Naguib Mahfuz cuenta la historia de un barrio, de un pueblo cualquiera que no identifica. Pero el problema que describe la narración no estriba en la vida cotidiana de sus habitantes, semejante a la de cualquier población humilde, sino en la forma en la que está construido el orden social, o si se quiere, la gestión del mismo: “envidia, dolor y sangre”. 

"En este barrio, la vida no es fácil, pero la esperanza nunca muere".

Si nos atrevemos a hacer un análisis análogo con cualquier pueblo de nuestro país encontraremos características parecidas: codicia, ambición y desprecio por la vida, sobre todo de los más humiles.

"Nuestros hijos son el reflejo de lo que somos como padres".

¡Ay de los disidentes!, podría ser la amenaza subyacente que impregnaría el relato. Levantar la alfombra que tapiza la sociedad no suele gustar a casi nadie. Sí, nos apetece que nos relaten “cuentos” sobre nuestro pasado, henchidos de héroes, princesas, reyes, y guerras honorables en las que no se citan sus consecuencias colaterales. En sí, narraciones con la cara lavada de antemano. Cuánto amamos lo políticamente correcto, lo que no molesta a nadie, lo que no impide pensar y cuestionar el orden establecido.

"Los lazos de sangre son fuertes, pero los lazos del corazón lo son aún más".

Este barrio que describe Mahfuz creció alrededor de la “Casa Grande” del señor Gabalabui, pretendidamente generoso y justo, si bien poco conocido, y de alguna manera reverenciado como un dios. Nadie podía verlo pero él si lo veía todo, lo escuchaba todo, en sí, lo sabía todo. Su existencia era una promesa perenne de un mundo mejor que parecía nunca iba a llegar. Cinco hombres le han conocido en persona, cinco historias intensas y cinco momentos de inspiración, de creación y de destrucción social: Adham, Gábal, Rifaa, Qásem y Arafa. 

"En la adversidad, es cuando descubrimos quiénes son verdaderamente nuestros amigos".

Estos cinco personajes quieren cambiar el rumbo de la historia pero al final llegan siempre al mismo lugar, al punto de partida. Los cinco esperaban y soñaban con un nuevo mundo justo e igualitario, un mundo que visualizan en su horizonte imaginario, que parece estar a su alcance. ¿Cuál es el problema al que se enfrentan? ¿Acaso la solución se encuentra en el morador de la Casa Grande, en Gabalabui, o dentro de cada persona que habita el barrio?

"Las calles del barrio pueden ser duras, pero también pueden ser el lugar donde se forman los mejores recuerdos".

No hay duda de que Mahfuz plantea un debate que parece permanente en nuestra historia: ¿necesitamos un gobierno, un Estado, un líder, para poder vivir con dignidad y en armonía con nuestros congéneres?

"En el barrio, la solidaridad es una virtud que se practica a diario".

El libro es una alegoría, desde luego, que se extiende a lo largo de varias generaciones que habitan simbólicamente un barrio de un pueblo cualquiera. Mahfuz nos está hablando del poder, de la justicia social y también del peliagudo tema, que debería ser privado, de la religión. Si lo pensamos fríamente, nos está haciendo un mapa interpretativo de la “condición humana”.

"La educación es la llave que nos abrirá puertas hacia un futuro mejor".

Las cinco historias que estructuran el libro podrían leerse de manera independiente pero en conjunto plantean un escenario más ambicioso que nos permite observar los conflictos a los que se tienen que enfrentar los diferentes reformadores. En las cinco narraciones se reproducen escenarios y situaciones semejantes, no son iguales pero “riman” entre sí, como diría Mark Twain; es decir, la humanidad se está enfrentando desde el principio de su existencia con los mismos o parecidos desafíos morales y sociales: elegir entre la ley del más fuerte o elegir el apoyo mutuo. El autor plantea preguntas sobre la relación existente entre la espiritualidad y sus ideales y la realidad próxima en la que viven la mayoría de las personas. El resultado de todo este maremágnum de ideas y desencuentros es complejo y abierto, tal vez en verdad la humanidad busca la justicia a través de los siglos pero algo falla en su forma de interpretar y transmitir las enseñanzas que heredamos del pasado. ¿Aprendemos de la historia? Buena pregunta. Parece que de momento la mayoría de las personas no.

"En la diversidad de culturas y costumbres que hay en nuestro barrio, encontramos la riqueza de la humanidad".


Obras del autor traducidas al español

· La Maldición de Ra (1939) (Keops y la gran pirámide), Trilogía egipcia 1, novela histórica
· Rhadopis (1943) (Una cortesana del Antiguo Egipto) Trilogía egipcia 2, novela histórica.
· La batalla de Tebas (1944) (Egipto contra los hicsos), Trilogía egipcia 3, novela histórica.
· El Cairo Nuevo (1945), novela.
· El callejón de los milagros (1947), novela.
· El espejismo (1948), novela.
· Principio y fin (1949), novela.
· Entre dos Palacios (1956), Trilogía de El Cairo 1, novela.
· Palacio del deseo (1957), Trilogía de El Cairo 2, novela.
· La Azucarera (1957), Trilogía de El Cairo 3, novela.
· Hijos de nuestro barrio (1959), novela.
· El ladrón y los perros (1961), novela.
· Las codornices y el otoño (1962), novela.
· La ausencia (1964), novela.
· El mendigo (1965), novela corta.
· Veladas del Nilo (1966), novela.
· La esposa deseada, novela.
· Ecos de Egipto. Pasajes de una vida, memorias.
· Festejos de boda. novela.
· Las noches de las mil y una noches, novela.
· Espejos, novela.
· Miramar, novela
· Jan Aljalili, novela.
· Café Karnak, novela corta.
· El café de Qushtumar, novela.
· Amor bajo la lluvia, novela.
· Charlas de mañana y tarde, novela.
· El sendero, novela.
· Voces de otro mundo, cuentos históricos
· Tras la celosía, novela.
· Diálogos del atardecer, novela
· El séptimo cielo, cuentos.
· La epopeya de los harafish, novela.
· Historias de nuestro barrio (1975), cuentos.
· Akhenatón: el rey hereje (1985), novela histórica.
· El día en que asesinaron al líder (1985), novela
· El viaje del hijo de Fatuma (1996), novela.
· La taberna del gato negro, cuentos.
· Mañana de rosas, cuentos.

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Por Ángel E. Lejarriaga



Entrar en contacto con la literatura de Naguib Mahfuz (1911-2006) de alguna manera es abrir las puertas a oriente y sobre todo a Egipto. Nacido en El Cairo fue el más pequeño de una familia numerosa compuesta por ocho miembros. Su padre tenía un puesto de funcionario lo que proporcionó a la familia si no riqueza sí seguridad. Desde pequeño Naguib mostró un interés especial por la literatura por lo que pronto comenzó a hacer sus pinitos con artículos en las revistas de su época. Aprendió el inglés con fluidez y se dedicó a traducir diversos textos que eran de su interés al árabe. Su capacidad de trabajo era inmensa por lo que alternó la carrera de Filosofía con una prolífica producción literaria que tras finalizar sus estudios se expandió hasta alcanzar la nada desdeñable cifra de ochenta relatos. Como tenía que asegurarse un medio de vida, hecho que en principio la literatura no le proporcionaba, trabajó en el Ministerio de Asuntos Religiosos entre 1939 y 1954. Más tarde, llegó a ser director del departamento técnico del Instituto de artes; también presidió el Instituto Nacional de cine. Militó en el partido nacionalista Wafd que exigía la salida de los británicos de Egipto.

Mahfuz siempre tuvo una cosa clara a la hora de escribir, situar a El Cairo «como si fuera un mundo». Algo parecido ocurre en la obra Justine (1957) de Lawrence Durrel, en la que llegas a la conclusión de que Justine es El Cairo, una ciudad en la que todo parece al alcance de la mano.

A Naguib Mahfuz se le ha considerado en esencia como un novelista, que revolucionó la literatura contemporánea árabe, aunque también escribió numerosos relatos; se cuentan catorce recopilaciones, según mis datos; tal vez haya incluso más. Su currículum novelístico consta de treinta y tres obras; varias de ellas tienen película.

Su trabajo de funcionario, recién concluidos los estudios universitarios, como le sucedió a Kafka, le facilitó la posibilidad de escribir de manera compulsiva. De ese período destacan obras como La maldición de Ra (1939), Caprichos del destino (1939), Radophis la cortesana (1943) y La batalla de Tebas (1944).

En un primer momento creativo a Naguib Mahfuz le interesó mucho la historia de Egipto y sus protagonistas —son un buen ejemplo las obras antes citadas— pero más adelante se produjo en él un cambio radical, y sus escritos empezaron a caracterizarse por los temas sociales. Se sumerge así en la narración realista de lo que le rodea. De ese período son importantes Jan al-Jalilí (1946) y El callejón de los milagros (1947), obras en las que describe, con una exigente minuciosidad, a las gentes que pueblan su mundo, tanto pobres o mendigos, como burgueses e intelectuales. Entre 1948 y 1949 aparecen dos novelas que suponen un gran paso adelante en su forma de narrar: El espejismo (1948) y Principio y fin (1949), textos eminentemente psicológicos. 
«No hay héroes en la mayoría de mis historias. Miro a nuestra sociedad con un ojo crítico y no encuentro nada extraordinario en la gente que veo.»
Su salto a la popularidad le llegó a partir de su «Trilogía de El Cairo» compuesta por las novelas Entre dos palacios (1956), Palacio del deseo (1957) y La Azucarera (1957). Por esta trilogía consiguió el Premio Nacional de las Letras Egipcias en 1957. Esta magna obra cuenta el recorrido existencial de una familia burguesa en el periodo que transcurre entre las dos guerras mundiales. En 1959 se publicó su novela de tintes metafísicos Hijos de nuestro barrio, que no pasó inadvertida, sobre todo a las autoridades egipcias, hasta el punto de ser prohibida por cuestiones religiosas.

En los años sesenta la escritura de Mahfuz se compromete aún más con temas sociales y sobre todo políticos; así surgen El ladrón y los perros (1961), y Miramar (1967), también publica una colección de cuentos: Historias de nuestro barrio (1975). En 1988 se le concedió el Premio Nobel de Literatura, pasando a formar parte de la Historia Universal de la misma como «cronista del Egipto moderno».

Su compromiso consigo mismo y sus ideales le llevó a granjearse muchos detractores e incluso enemigos. En 1994 sufrió un atentado por parte de unos islamistas al considerar sus obras como «una blasfemia contra la religión musulmana». Los autores del atentado fueron ahorcados en 1995. Desde esa agresión su salud quedó resentida, ya no volvió a ser el mismo, y prácticamente no escribió más que relatos cortos que se recogieron en Sueños de Convalecencia. La condena y ejecución de los dos islamistas no hizo más que empeorar su situación hasta el punto de ser condenado a muerte por grupos extremistas, por lo que se mantuvo aislado en su domicilio, salvo salidas concretas a alguna que otra actividad literaria. Su muerte acaeció en el año 2006 tras un accidente doméstico; contaba noventa y cuatro años.

Las noches de las mil y una noches se publicó en 1982. En ella el autor toma como partida el final de Las mil y una noches y le da continuidad.
«Después de la oración del alba, mientras nubes de oscuridad se enfrentaban a una ráfaga de enérgica luz, se convocó al visir Dandán a presentarse ante el sultán Shahriyar. Su aplomo se disipó y en su pecho palpitó su corazón de padre. Mientras se vestía balbuceó: “Ahora se cumplirá el destino, tu destino, Sherezade”.»
La historia que pone el punto y seguido al fin de la primera obra comienza «tras mil y una noches de cuentos y misterios», en ese momento la sufrida Sherezade logra romper la maldición que sometía al sultán. Shahriyar supera sus ansias sangrientas y toma como esposa a Sherezade. Su reino entra en una época de tranquilidad y prosperidad. ¡Qué bonito!, dan ganas de soltar unas lágrimas, como con los dibujos animados que ponen en Navidad; pues mejor no molestarse porque la historia se va a torcer de manera inmisericorde, ya que unos genios con ganas de incordiar, que representan al bien y al mal, van a modificar los primorosos auspicios que el principio de la historia auguraba. ¿Y qué nos vamos a encontrar? Pues qué va a ser, lo más corriente del mundo: ambición, lujuria, asesinatos, latrocinio, corrupción, abusos de poder… ¿Alguien da más? Claro que sí, Mhafuz. Su capacidad imaginativa, con un tono en ocasiones, para mí, humorístico, no parece tener límites. Usando la magia como herramienta narrativa, hace que lo imposible se vuelva posible, sin tiempo, sin fechas, esboza los problemas candentes de la sociedad medieval en la que se enmarca la narración, que bien podrían ser los nuestros.

Sin ánimo de destripar la novela diré, para animar a su lectura, que los decapitados pueden tomar vida, los zapateros levitar y una mujer que sueña que hace el amor, al despertar descubrir en la realidad las consecuencias de su voluptuosidad onírica.

No me acordaba bien de Las mil y una noches, por lo que al leer esta novela he disfrutado en especial porque he recuperado a Aladino y a su lámpara maravillosa, a las alfombras voladoras y a los genios, y a las bellas jóvenes cubiertas de velos vaporosos, insinuantes y sensuales; y a los hermosos jóvenes, de brazos fuertes y tez bronceada. Digamos que todos los elementos de la magia de ese oriente mítico, que parece que hemos olvidado, nos la devuelve Mhafuz pero con moraleja, la derivada de los males de las sociedades modernas, de su tiempo y por supuesto de nuestro tiempo.