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10 mar 2025

El luto perpetuo

MUJERES DE NEGRO (1994)
Josefina R. Aldecoa


Por Ángel E. Lejarriaga


Josefina R. Aldecoa (1923-2011). Mujeres de negro (1994) es la segunda entrega de una trilogía conformada por tres libros, el primero Historia de una maestra (1990) y el tercero La fuerza del destino (1997). El tiempo narrativo es largo, parte del primer cuarto del siglo XX hasta los primeros años del siglo XXI.

En Mujeres de negro, Juana, nacida un 14 de abril, hija de Gabriela —nuestra querida maestra de la primera novela—, narra la vida que ha conocido con su madre y su abuela, inmersas en la catástrofe de la Guerra Civil. En la primera novela Gabriela era la narradora porque Juana no había nacido. En esta segunda, el ambiente social es asfixiante; las tres mujeres tratan de sobrevivir a la maldición de haber pertenecido al bando perdedor, fundamentalmente Gabriela; Juana es hija de padre y madre comprometidos con el progreso y la joven Republica masacrada por los militares golpistas. Gabriela es maestra republicana represaliada por el mismo hecho de serlo; además, ha perdido a su marido y compañero, asesinado por los rebeldes, es una apestada en la Castilla ocupada. Las tres mujeres llevan el luto por dentro y por fuera, no pueden evitar arrastrar una orfandad y viudedad que impregna de negro sus vidas, color que más adelante teñirá todo el país durante cuarenta años.

“Pero vencerán y entonces sacarán las uñas y las irán clavando con delectación en los derrotados. Será poco a poco y le darán forma legal.”
A pesar de esta situación, no les faltan apoyos y eso las salva del ostracismo y la miseria, cuando no de algo peor. Por suerte para ellas, conocerán a Octavio, de nacionalidad mexicana, con el que Gabriela iniciará una relación sentimental que supondrá un viaje hacia un nuevo despertar y también al exilio. En México se reconstruirán, el negro quedará a un lado y será sustituido por el color, allí encontraran la seguridad perdida. Juana mira el mundo desde su edad infantil y a pesar de ésta, ya sabe callar porque es conocedora del peligro que le rodea, sabe que vive en territorio hostil.
“‘Cuando acabe la guerra’ se convirtió en una frase clave de mi infancia. […] Un futuro incierto frenaba toda actividad, todo proyecto.”

Pero Juana, a pesar del gran cambio producido en su vida, para bien, siempre tendrá presente el mundo abandonado al otro lado del océano, y se mantendrá en contacto con otras personas que han partido del mismo lugar, al que sueña con volver algún día.

La autora escribe la historia sin un gran derroche emocional, de un modo natural, sin barroquismo. Los terribles hechos que han vivido los personajes se describen con sobriedad, son inamovibles, eso es cierto, es lo que les ha tocado vivir por azar histórico, no hay nada que hacer, excepto sobrevivir.






Otras entradas de la autora en el blog: 

30 dic 2024

Recuerdos de juventud


PORQUE ÉRAMOS JÓVENES (1986)
Josefina R. Aldecoa


Por Ángel E. Lejarriaga



Josefina Rodríguez Álvarez (1926-2011). Porque éramos jóvenes se publicó en 1986, era la quinta en su haber. Estamos a mediados de los años cincuenta y David ha muerto. Su mejor amigo Julián inicia una exploración a través de sus recuerdos de la figura del que fue muy importante para él. El pasado le surge al encuentro de una manera oscura, con amargura, sin idealismos. Genoveva, la viuda de David, le ayudará en esa indagación. Él la visita una y otra vez sin saber bien por qué, ¿qué espera encontrar en su relato, más bien un intercambio de fotografías en un álbum invisible? Se acuerda de Ibiza y de lo felices que fueron allí. Sólo él conoce la existencia de Annick, ex amante de David, que durante mucho tiempo le estuvo esperando en Nueva York y con quien mantuvo una relación epistolar que para ella fue más un desahogo de la frustración que experimentaba ante la cobardía de él.

Eran tan jóvenes, tenían deseos que congraciar con una sociedad española asfixiante, sin utopías ni grandes deseos de cambio, sólo querían vivir y si era posible, vivir bien. La alegría les caracterizaba. La autora pone en boca de los personajes que eran alegres simplemente porque eran jóvenes. Julián fue el testigo de esa exaltación que resultó efímera. La francesa Annick amó a David en Ibiza, sus cartas así lo expresan, pero ¿David amó a Annick? ¿Aquella intensa relación fue simplemente un espejismo más entre los muchos que nos ofrece la existencia? Tal vez ese amor de juventud les hubiera salvado de la apatía y los convencionalismos, quizá les hubiera hecho libres; pero, ¿qué es la libertad? Lo tuvieron en la mano, Nueva York fue la ciudad elegida, pero David nunca fue. Durante casi veinte años ella le escribe y regurgita una y otra vez Ibiza, y le invita a que reconstruyan el proyecto que allí se esbozó. Annick es una especie de faro que señala tierra firme. Sin embargo, David cambia esa alegría por la ambición de poseer bienes materiales, de obtener reconocimiento social; y lo alcanza al lado de la rica Genoveva. Julián conoce todo esto y le abruma la idea de derrota. La muerte prematura de su amigo ha revivido el pasado que sirve de test de mediocridad de un presente sin alicientes. David encontró su identidad en la ambición y perdió todo lo bueno que había poseído en su juventud. Genoveva siempre se dejó llevar, viajó a la sombra de David, esperaba y deseaba ser amada, nada más y nada menos. Julián es una especie de invitado de piedra, un analista que se desgarra con cada nuevo descubrimiento sobre la vida de David que es la suya propia.

OBRAS

· El arte del niño (1960)
· A ninguna parte (1961)
· Los niños de la guerra (1983)
· La enredadera (1984)
· Porque éramos jóvenes (1986)
· El vergel (1988)
· Cuento para Susana (1988)
· Historia de una maestra (1990)
· Mujeres de negro (1994)
· Ignacio Aldecoa en su paraíso (1996)
· Espejismos (1996)
· La fuerza del destino (1997)
· Confesiones de una abuela (1998)
· Pinko y su perro (1998)
· El mejor (1998)
· La rebelión (1999)
· El desafío (2000).
· Fiebre (2001)
· La educación de nuestros hijos (2001)
· El enigma (2002)
· En la distancia (2004)
· La Casa Gris (2005)
· Hermanas (2008) ​

Otros artículos de esta autora en este blog:

· Historia de una maestra (1990)

17 feb 2021

El enigma

Por Ángel E. Lejarriaga



Josefina Rodríguez Álvarez (1926-2011), más conocida como Josefina Aldecoa, nombre literario que adoptó tras la muerte de su marido Ignacio Aldecoa, es la autora de El enigma, novela publicada en el año 2002.

La novela es una auténtica reflexión sobre los hombres, las mujeres y sus relaciones; de lo que llegamos a ser capaces de hacer dentro de ellas tanto si somos valientes como si somos cobardes; habla del amor y también del antiamor, esta última palabra no existe, pero sí existe, nadie puede negarlo, una conducta antiamorosa. El “enigma” que plantea la autora en la narración tiene que ver con parejas. ¿Entre iguales? ¿Entre desiguales? ¿Qué buscamos en el otro?, podemos preguntarnos. Es más que sexo, sobre todo en el siglo XX y en lo que llevamos de siglo XXI; quiero pensar que es así. ¿Realmente el varón desea a su lado una persona que le iguale profesionalmente, intelectualmente o ambas cosas a la vez? ¿Busca sumisión? ¿Desea a su vez someterse? ¿Respetan los dos miembros de la pareja, por encima de todo, las convenciones, aunque se corrompan en el intento? ¿Cuáles son los factores que influyen a la hora de construir un equilibrio en una relación de pareja? ¿Es posible tal cosa? 

Muchas preguntas surgen en nuestra cabeza al adentrarnos en la novela, preguntas que hay que digerir aunque, tal vez, sin hallar respuestas. Josefina Aldecoa responde dentro de la trama a algunos de estos interrogantes, lo hace analizando las vidas de tres personajes: una mujer libre, inteligente, creativa, hecha a sí misma; y los dos miembros de un matrimonio al uso, ambos con muchas pretensiones, él intelectuales ella más mundanas. El encuentro entre estas tres personas supone un auténtico choque de trenes que cada una resuelve no como puede sino como quiere, no obviemos este detalle.
«Sólo los seres inseguros, vanidosos, inmaduros desean tener al lado admiradores incondicionales, por vulgares que sean. Esa puede ser la clave del enigma.»
Josefina Aldecoa es atrevida y traza a grandes rasgos posibles uniones. El esfuerzo de síntesis es complejo. ¿Cuántos profesionales de las ciencias sociales y sanitarias tendrían que intervenir en la discusión para confirmar o negar las conclusiones de la autora? Ingentes. El caso es que ella, como decía antes, se atreve y el panorama que dibuja, para mi gusto, es aterrador y desventurado.
“Los hombres que son, en verdad, brillantes tienen celos de sus mujeres, cuando ellas deciden ser brillantes. Cuando ellas destacan en su profesión y empañan los méritos de sus maridos, los hombres de esta subclase demuestran ser del tipo inmaduro, vulnerable, celoso, susceptible e inseguro; ante lo cual, la mujer de turno lo único que puede hacer es ‘quitar importancia a sus éxitos para tranquilizar...’ a su marido. Es decir, lo único que puede hacer la mujer es anularse voluntariamente, para no agravar las inseguridades del marido del que se trate.”

Naturalmente, aquí no se acaba la historia, hay más material para agonizar ante la realidad expuesta en la novela. ¿Qué ocurre cuando estamos ante un matrimonio compuesto por una persona brillante y otra a la que solo le interesan los bienes materiales y muy poco el resto de cualidades de su pareja? Entramos en otro terreno, desde luego. ¿Qué sucede con esas personas que aceptan las infidelidades de sus parejas siempre y cuando se mantengan las formas, la familia unida y se satisfagan las exigencias patrimoniales y de financiación del grupo? Pues no pasa nada, la vida sigue sin más.

Daniel Rivera es profesor universitario, atrapado en un matrimonio sin amor, con hijos, con ambiciones académicas. Al principio de la novela crece, se revela a su modo contra una situación matrimonial que le oprime; Berta, su esposa está siempre presente, en la sombra, espera su momento, sabe lo que él hace en EEUU con Teresa, una mujer libre, brillante, inteligente, seductora, paciente con él y con su cobardía.
“Teresa era libre de verdad, dueña de sus actos, de sus decisiones, sin tabúes mezquinos.”
¿Por qué actúa cada uno de los personajes como lo hace? Josefina Aldecoa piensa que la responsable de ello es la educación que los tres han recibido. Daniel y Berta han sido educados al más puro estilo nacional católico; por el contrario, Teresa es hija de exiliados republicanos españoles y ha crecido en los EEUU. ¿Es esto suficiente para justificar sus conductas? Tal vez.

Cada persona que se sumerja en las páginas de esta novela tendrá que hilar fino para intentar hipotetizar lo que sucede en nuestro interior para que en ocasiones resultemos tan decepcionantes y miserables.

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27 feb 2019

Historia de una maestra


Por Ángel E. Lejarriaga



A través de esta novela he entrado en contacto con una escritora conocida de nombre y a la vez desconocida en cuanto a su obra se refiere: Josefa Rodríguez Álvarez (1926-2011), que firmaba literariamente como Josefina R. Aldecoa. Empezó a utilizar este nombre en 1969, tras la muerte de su compañero sentimental el también escritor Ignacio Aldecoa.

A pesar de mi ignorancia, y la de muchas personas buenas lectoras de nuestro tiempo, la obra de Josefina R. Aldecoa no es precisamente pequeña, ha cultivado, fundamentalmente, la novela y el cuento. Indagando un poco en su trayectoria editorial, he descubierto que el libro sigue a la venta en las librerías a pesar de los años transcurridos y ninguna difusión. He leído en algún sitio que es lectura, de alguna manera obligada, entre el alumnado de Magisterio.

Los orígenes de Josefina tienen mucho que ver con esta novela, tanto su abuela como su madre fueron maestras que apoyaban incondicionalmente la Institución Libre de Enseñanza, cuya idea fundamental era la de muchos intelectuales de la época: renovación y regeneración, en este caso referidas a la enseñanza pública. Nacida en un pueblo de León, Las Roblas, enseguida, en la capital de la provincia, pasó a integrarse en un grupo literario que dio como fruto una publicación poética, la revista Espadaña. Esta revista se editó entre 1944 y 1951. Fue fundada por Victoriano Crémer, Antonio González de Lama y Eugenio García de Nora. Su contenido estuvo centrado en el trabajo de poetas disidentes del régimen del dictador Franco. Esta modesta revista nació en oposición a otra revista de poesía del momento, Garcilaso. Juventud creadora, que tuvo una vida más corta que la anterior. A esta última se la consideraba como afecta al régimen. Por las páginas de Espadaña pasaron ilustres plumas como Miguel Hernández, Gabriel Celaya, Blas de Otero, Pablo Neruda o César Vallejo, por citar a algunas.

En 1944 Josefina llega a Madrid a estudiar Filosofía y Letras, doctorándose en Pedagogía. Es en esa época de estudiante donde entra en contacto con lo más granado de un pujante grupo de personas que más tarde formaría la denominada Generación del 50, entre las que se encontraban el que sería su compañero sentimental, Ignacio Aldecoa, y también, Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Jesús Fernández Santos o Alfonso Sastre. A esta generación se la conoce también como los niños de la guerra. Sus componentes habían nacido alrededor de 1920 y comenzaron a publicar en 1950. También se los considera como hijos de la Guerra Civil. A este respecto, Juan García Hortelano denominó al colectivo como Grupo poético de los años 50, lo justifica con el argumento de que más que hijos de la guerra eran hijos de la dictadura. El origen social de esta generación era burgués, con formación académica universitaria; en el fondo, como dijo en su día Jaime Gil de Biedma, “señoritos de nacimiento por mala conciencia escritores de poesía social”. No solo contestaban a la represión fascista sino que modificaban el contenido y la forma de sus creaciones, así renegaban del garcilasismo (su métrica estaba sujeta a cánones tradicionales y nada tenía que ver con la construcción libre vanguardista). Y no solo eso, su temática estaba imbricada en la injusticia social.

Pues con estos desheredados culturales de los cincuenta se relacionó Josefina. En 1952 contrajo matrimonio con Ignacio Aldecoa. Siete años después inició lo que para ella sería su “gran obra”, la inauguración en Madrid del Colegio Estilo, en la zona de El Viso, no era precisamente un distrito para las clases humildes, pero en él intentó desarrollar lo que había mamado con su madre y su abuela, llevar a la práctica las ideas de la Institución Libre de Enseñanza. Entrar en aquel colegio, según contaba la autora, era hacer que la dictadura del general Franco desapareciera.
"Quería algo muy humanista, dando mucha importancia a la literatura, las letras, el arte; un colegio que fuera muy refinado culturalmente, muy libre y que no se hablara de religión, cosas que entonces eran impensables en la mayor parte de los centros del país".
Aunque se la conoce como escritora en realidad su pasión fue la enseñanza, desde su juventud tuvo claro lo que quería hacer. Lo de la escritura vino después, a ratos libres; eso, sí, con bastante constancia, fundamentalmente en los años ochenta. Josefina estuvo al frente del Colegio Estilo casi hasta su muerte, durante cincuenta y dos años.

En 1960 se editó El arte del niño, su tesis doctoral, “sobre la relación entre la infancia y el mundo artístico”. En 1961 llegaría a las librerías A ninguna parte, una colección de cuentos. Cuando muere su marido en 1969, Josefina abandona la escritura y se dedica en exclusiva a la enseñanza. Este retiro voluntario duraría diez años. En 1981 retomó el pulso a la literatura e hizo una edición crítica de una colección de narraciones cortas de Ignacio Aldecoa; tenía cincuenta y cuatro años. A la que seguirían novelas como Los niños de la guerra (1983), La enredadera (1984), Porque éramos jóvenes (1986), El vergel (1988), Cuento para Susana (1988), Historia de una maestra (1990), Mujeres de negro (1994), Ignacio Aldecoa en su paraíso (1996), La fuerza del destino (1997), Confesiones de una abuela (1998), Fiebre (2001), La educación de nuestros hijos (2001), El enigma (2002), En la distancia (2004), La casa gris (2005), Hermanas (2008) y Madrid, otoño, sabado (2012).

Historia de una maestra (1990) forma parte de una trilogía compuesta por la novela citada y por Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997). Josefina R. Aldecoa la escribió como un homenaje a su madre, y también a su abuela, las dos, como ya he dicho, eran maestras. Pero lo hizo de una manera rememorativa. Aunque según sus propias manifestaciones se trataba de una obra de ficción, ella matizó que todo lo que contaba en sus páginas era real, recuerdos de ella que provenían de su madre, de su experiencia. Pero la importancia del texto va más allá de la saga familiar, es un claro homenaje a los maestros y maestras que a partir de los años 20 se desperdigaron por los rincones de esta tierra que llamamos España a paliar la ignorancia endémica que la caracterizaba y la caracteriza. La narradora es Gabriela, joven entusiasta que cuenta lo que ha vivido como puede: “La vida se recuerda a saltos, a golpes”. Gabriela no representa a las mujeres de su tiempo, se encuentra posicionada en otro dimensión comprensiva superior, es una adelantada debido a las ideas y educación que le ha transmitido su padre, un hombre ilustrado, amante de la cultura y el amor al conocimiento, a los que identifica con el progreso de la humanidad.
“Yo me decía: No puede existir dedicación más hermosa que ésta. Compartir con los niños lo que yo sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta las causas de los fenómenos, las razones de los hechos históricos.”
Gabriela vive con intensidad su labor antes del advenimiento de la II República; también lo vive con dolor pues lo que encuentra en su camino pedagógico es peor de lo que imaginaba: montañas perdidas, seres perdidos y niños y niñas aún más perdidos, sin esperanza. Ella no pretende salvarlos, eso solo lo pueden hacer las protagonistas, pero puede abrir una ventana que deje pasar la luz de la ilustración para que se vislumbren, aunque sea de manera muy lejana, otros mundos posibles. Enseñarles a leer y a escribir ya es todo un prodigio.

La novela transcurre en el mundo rural pero tiene también su parte exótica en Guinea Ecuatorial, en una época en que era colonia española. En ella no solo describe el paisaje, el clima, sino también el racismo, los prejuicios y un incipiente amor interracial que no llega a tomar forma y que flota por encima de los recuerdos, anunciando lo que pudo ser y no fue.

Su matrimonio con Ezequiel forma parte de un juego de luces y sombras que Gabriela decide asumir, por edad, por convencionalismo y porque prefiere afrontar los retos de su vida con un compañero de viaje. Desde luego, no le es fácil tomar esta decisión; muy pronto se da cuenta que difícilmente es compatible su desarrollo personal con el rol de ser madre.

Lo que viene después es el compromiso, de Ezequiel más que de ella, con las luchas mineras, con la Revolución asturiana de 1934 y con la II República a pesar de los pesares. Ella quiere cambiar el mundo a través de la cultura y la educación, Ezequiel con la agitación, la propaganda y con las armas en la mano cuando llega el momento.
“Educación, cultura, libertad de acción, de elección, de decisión. Y lo primero de todo, condiciones de vida dignas, alimentos, higiene, sanidad.”