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31 mar 2023

La vida es sueño, ¿y los sueños, sueños son?


LA RUEDA CELESTE (1971)

Ursula K. Le Guin

Por Ángel E. Lejarriaga


Esta novela nos sitúa ante una compleja trama, como lo son todas las creadas por Ursula K. Le Guin, La narración sitúa en primer plano a una persona aparentemente corriente. Se trata de un simple administrativo. Nadie se fijaría en él de pasar por su lado, a nadie llamaría la atención, es un individuo común, pero con una peculiaridad, cuando George Orr se duerme y sueña, esos sueños cambian la realidad, es decir, el mundo. Este potencial es descubierto por un terapeuta al que es conducido para solucionar su problema con el consumo de unas drogas que le impiden soñar, y que intenta aprovechar para solucionar los problemas del planeta.

Así, la historia, sus gentes y el propio mundo van cambiando ante nuestros ojos tras cada nuevo sueño, con diferentes resultados, a pesar de que se intentan controlar. En este contexto plástico, el protagonista puede dormirse en un mundo y despertarse en otro totalmente diferente. De hecho, una de las veces que se duerme vivía en un planeta superpoblado y cuando recupera el estado de vigilia la mitad de la población ha desaparecido debido a una pandemia. En cualquier caso, Orr es incapaz de controlar su don, o su castigo, si se quiere ver de otro modo. El doctor William Haber, como ya he dicho, descubre su propiedad excepcional y mediante hipnosis intenta controlar sus sueños, incluso induciéndoselos. Los resultados no son los esperados.

Desde luego, no se trata de un universo precisamente agradable pues Le Guin expone todas las lacras y errores que lleva cometiendo el ser humano desde que pisa el planeta Tierra. En la historia se muestra un poco de todo, problemas de energía, catástrofes, colapsos climáticos, guerra, y para que no se quede nada olvidado, aparece una civilización alienígena.

Es indudable que Haber es un iluminado que quiere lo mejor para nuestro mundo, aprovecha la tecnología que tiene a mano y trata de manejar a su antojo los sueños de Orr en pro de conseguir la eliminación de los problemas citados. Pero claro, nada es gratis y en el caso que nos ocupa, los sueños, sueños son, y siguen un camino bastante por libre por lo que los resultados no suelen ser los esperados. Detrás de sus intentos fallidos no hay más que buenas intenciones, lo que es en cierta medida un consuelo.

Hay un personaje, aparte de los ya mencionados, que ocupa un papel importante desde el momento en el que aparece, una mujer, Heather Lelache; no me olvido de los alienígenas, un auténtico y refrescante contraste ante la barbarie imperante.

Como suele hacer en sus textos, Ursula K. Le Guin da soluciones a situaciones tan humanas como el racismo. En un momento dado de la novela, a partir de un sueño de Orr, todos los humanos son iguales pero grises. Muy original. Tengamos presente que cuando escribe esta obra en EEUU existían bastantes estados con leyes segregacionistas.

Otro tema que toca Le Guin es la mutabilidad de la existencia, nada está escrito, todo depende de la acción del ser humano y de su capacidad de adaptación al cambio.

No me olvido del idealista Haber, un utópico que se encuentra con el poder de aproximarse a sus deseos de orden social perfecto, algo que Le Guin no cree que sea posible, será la práctica sistemática la que conducirá a una aproximación a ese horizonte ideal, siempre en construcción. Incluso en ese empeño podemos conseguir todo lo contrario. De hecho, el poder que comparten Orr y él nos proporciona una lección a tener presente, el inmenso peligro que supone la acumulación de poder en unas pocas personas o en una sola.

Al final Orr comprende su potencial y lo centra en el único objetivo que le resulta fundamental, el amor de Lelache, para conseguirlo hará todo lo que sea necesario. En conclusión, tal vez la existencia sería más llevadera si nos moviéramos por el amor al otro.

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7 dic 2022

Género y guerra

LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD

Ursula K. Le Guin



Por Ángel E. Lejarriaga



Esta novela se publicó en los EEUU en 1969. En España aparecería en 1973 de la mano de la editorial Minotauro. Desde el primer momento de su publicación obtuvo un clamoroso éxito de lectores, recibiendo los premios Nébula (1969) y Hugo (1970), lo que nos proporciona una idea sobre la aceptación de la novela, al menos para el espectro literario especializado en el género de la ciencia ficción.

La trama general de la obra es la llegada a un planeta llamado Gueden de un embajador de Ekumen, la federación galáctica de mundos, para intentar convencer a sus líderes que formen parte de la misma. Todos los mundos de la federación, como bien conocen los seguidores de Le Guin, fueron colonizados en tiempo inmemorial por el planeta Hain, incluyendo la misma Tierra. Estos mundos han evolucionado de manera autónoma, aislados del resto, su población es humanoide, y se han desarrollado  de manera diferente, según, en principio, las características propias del planeta.

La mano izquierda de la oscuridad forma parte del denominado “ciclo de Ekumen” o “ciclo Hainish”, del que forman parte por orden de aparición: El mundo de Rocannon (1964), Planeta de exilio (1966), La ciudad de las ilusiones (1967), El nombre del mundo es bosque (1972) y Los desposeídos (1974). La intención de Le Guin no fue escribir un “ciclo” que tuviera continuidad sino novelas independientes. De hecho así se pueden leer, aunque, poco a poco, según vamos introduciéndonos en su universo vamos adquiriendo datos que explican muchos de los aspectos que sitúan a las diferentes novelas en un contexto temporal.

El mundo de Invierno es complejo, como casi todos los mundos descritos por Le Guin. En este texto la autora utiliza diferentes narradores y estilos descriptivos (diario), que va intercalando, conjuntamente con materiales que se asemejan a una recopilación de hechos que definen las características del planeta, como leyendas, cuentos o costumbres ancestrales.

La peculiaridad de este cosmos de planetas federados, y lo que le aporta gran parte de su riqueza, es que los habitantes de cada mundo se han desarrollado aislados del resto. Así se han ido formando sociedades, culturas, religiones, usos y tradiciones radicalmente distintas, dependiendo de las condiciones ambientales de cada planeta y de la evolución de sus poblaciones. Ni que decir tiene que los habitantes de Invierno desconocen la existencia de otros planetas habitados.

Esta novela está centrada en el género como eje vertebrador. Algo que añadido a la condición de la mujer es una constante fuente de interés y de indagación en la autora. El embajador de Ekumen que llega Gueden, al que también se le conoce como Invierno debido a que se encuentra en una etapa glacial, descubre que sus habitantes son hermafroditas y tienen la capacidad de cambiar de sexo. Él es considerado como un perverso, epíteto que recibe por tener un solo sexo y estar siempre en kemmer (celo).

Aunque se desconocen cómo han llegado en Invierno a este punto en la evolución, se hipotetiza la posibilidad de que hayan sido manipulados genéticamente por los hainish, bien para aumentar sus posibilidades de reproducción en un planeta tan extremo, bien porque sean el resultado de un experimento dirigido a observar si puede existir una sociedad sin relaciones de dominación sexual, y cómo esta supresión podría influir sobre aspectos como la violencia intragrupo y la guerra.

Precisamente esta última hipótesis es la que desarrolla Le Guin. ¿Qué sucede cuando el sexo biológico deja de ser un valor determinante de las relaciones sociales? La novela persigue este interrogante; plantea una sociedad neutra, sin conflictos sexuales.

La especulación de Le Guin es que tal mundo, de existir, carecería de guerras, de nacionalismos. Esto no quiere decir que no surjan otros problemas, si no tan dañinos como los citados, si desagradables y generadores de sufrimiento para gran parte de la población. Que no haya sexos no implica necesariamente que no haya clases sociales puesto que existe propiedad privada y acumulación de riqueza.

Los guedenianos durante unas tres semanas son biológicamente neutros y a la siguiente se convierten en hembras o machos. No se puede saber qué sexo le va a tocar a cada individuo. Se matiza, que por medio de sustancias artificiales se puede conseguir determinar el mismo. De esto modo, un sujeto puede ser padre o madre según el momento biológico en el que se encuentre.

La sociedad guedeniana está regida por el prestigio social, según el cual cada sujeto está obligado a mantener su posición y a mejorarla a toda costa, dependiendo de sus orígenes de clase, por supuesto, todos los habitantes no parten del mismo punto. A pesar de ello, no existen grandes conflictos que se mantengan en el tiempo, de existir estos son temporales y de baja intensidad. Ningún gobernante quiere invadir otro territorio por un simple desacuerdo. Las fronteras son líneas en un mapa, abstracciones artificiales que pueden modificarse a voluntad. Cada país se mantiene dentro de sus límites, con sus características personales; en las periferias llegan a mezclarse sus habitantes sin demasiados problemas. Sí, existe una cierta hostilidad permanente para mantener una tensión que parece imprescindible en las relaciones pero que no concluye en contiendas a gran escala. El planeta no está definido por su belicismo, dese luego, pero si por una capacidad de intriga que parece no tener límites.

Se podría resumir el sentido profundo de la narración como un estudio sobre las relaciones de los humanos, entre los distintos pueblos, sin sexismo, sin nacionalismo y sin racismo.

Le Guin nos indica el camino a seguir en nuestra forma de relacionarnos, nos transmite la posibilidad de suprimir como referencias los “yo, tú, él” por el “nosotros y vosotros”. Somos diferentes, es un hecho, pero poseemos la misma raíz genética y habitamos el mismo planeta.
«La luz es la mano izquierda de la oscuridad, y la oscuridad es la mano derecha de la luz. Los dos son una, vida y muerte, juntas como amantes en kémmer, como manos unidas, como el término y el camino.»
Esta novela es un ambicioso experimento narrativo de Ursula K. Le Guin, uno más entre los ya presentados en sus textos anteriores, en los que trata de poner sobre la mesa, ante nuestros ojos, posibilidades e interrogantes que motivan su universo personal y que evidentemente es imposible responder en nuestras sociedades reales. Preguntas sin respuesta sobre las que ella establece hipótesis que toman forma planetaria en los mundos que crea. De este modo, cuando nos sumergimos en su lectura, lo estamos haciendo, de cuerpo entero, un modo virtual, en sus ejes especulativos, como si realmente nos hubiéramos incorporado a las coordenadas vivas de la obra.


17 oct 2022

Navegando por Terramar


UN MAGO DE TERRAMAR. HISTORIAS DE TERRAMAR (I)

Ursula K. Le Guin


Por Ángel E. Lejarriaga



Cuarta novela de Ursula K. Le Guin, que ha sido objeto de múltiples análisis por parte de propios y extraños del género de fantasía y de ciencia ficción. La primera edición la realizó la editorial Parnassus en 1968. Esta obra, curiosamente, está considerada como infantil y, desde luego, aunque tal vez ese fuera el público al que la autora quiso dirigirse, el resultado final fue complejo, y exige una atenta mirada.

Ya el origen de la narración supone en sí mismo una historia paralela dentro de la biografía de Le Guin. En 1964 publicó dos narraciones cortas en la revista Fantastic, que se podrían considerar como elementales en el futuro nacimiento del universo de Terramar: El poder de los nombres y La palabra que desliga; estos dos cuentos se publicarían diez años después, en 1975, en una recopilación: Las doce moradas del viento.

Dicho esto, añadiré que en 1967 el editor de Parnassus, Herman Schein, le sugirió a Le Guin que escribiera un libro para adolescentes. Ella, en un principio, se quedó perpleja ante la propuesta porque carecía de experiencia en el tema, pero aceptó lo que suponía un reto en su trayectoria narrativa. Así, hurgó entre el material que ya tenía escrito, y rápidamente hizo un borrador de lo que acabaría siendo Un mago de Terramar. La idea fundamental que estuvo presente desde el principio fue presentar magos diferentes a los ya conocidos en el género fantástico, como ancianos y barbudos del tipo de Gandalf, y además, exponer el axioma de que para llegar a un nivel de control elevado sobre cualquier tipo de materia es necesario invertir tiempo y esfuerzo, y asumir las vicisitudes que se van a presentar durante el recorrido.
“Llegar a hombre requiere paciencia. Llegar a dominar los poderes requiere nueve veces paciencia.”
Si bien Le Guin ya tenía definidas algunas de las ideas en los relatos más arriba citados, fueron sus conocimientos previos sobre mitología nórdica y sobre leyendas de los pueblos norteamericanos antes de la “conquista”, más su interés por el nacimiento y muerte de culturas ancestrales, la inspiración definitiva para construir, con una gran riqueza plástica, las diversas culturas de Terramar.


A la persona que no se ha introducido todavía en el territorio imaginado por Le Guin en esta saga, la pregunta que probablemente le surgirá es ¿qué es Terramar? Pues se trata de un archipiélago que las leyendas dicen que un dios llamado Segoy levantó desde el fondo del océano. Este mundo está habitado por humanos, magos y dragones. En este conjunto de islas conviven varias culturas, todas preindustriales. Los personajes principales pertenecen al pueblo hárdico, que ocupa la mayoría de las islas, cuya piel es oscura. Otras islas están ocupadas por los kargos, de piel clara. Los primeros ven a los segundos como bárbaros y los segundos a los primeros como brujos. Hacia el Oeste están los dragones.


La narración nos sitúa en este contexto antropogeográfico, y tiene como protagonista a un niño, Gavilán (Ged), que está dotado de un poder mágico innato, y que defiende a su aldea de un ataque de los kargos, en parte de manera intuitiva y en parte gracias a las enseñanzas de su abuela, que es bruja. El mago Ogión conocedor de su hazaña lo acoge como aprendiz. A partir de aquí se inicia un proceso lento de aprendizaje que llevará al joven mago a recorrer Terramar y a enfrentarse a diversas aventuras, como se espera de cualquier tipo de viaje iniciático que se precie.

Las obras anteriores de Le Guin estuvieron enmarcadas dentro del territorio de la ciencia ficción, con esta se adentra en el género fantástico. Si bien la idea original de la autora fue escribir esta novela de manera aislada, casi como un experimento, lo cierto es que la continuó con cuatro entregas más: Las tumbas de Atuan (1971), La costa más lejana (1972), Tehanu (1990), Cuentos de Terramar (2001) y En el otro viento (2001).

Un mago de Terramar está considerada como una novela de aprendizaje, y trata de comunicar al público joven que la vida es un continuo camino de aprender, de errores y de aciertos, ambos nos van volviendo más sabios en el proceso; por mucha prisa que tengamos “hay un tiempo para cada cosa bajo el sol” (Eclesiastés).
“Para oír hay que callar.”
También expone que nuestras conductas tienen un precio que inexorablemente debemos pagar. Luchamos durante toda nuestra vida contra el miedo, o los miedos; al final, cuando nos libramos de ellos y los aceptamos como parte de nuestra existencia, logramos la paz.

En 1973 Le Guin escribió un ensayo sobre esta novela en la que refirió que cuando pensó en el público hacia el que iba dirigida, decidió que la misma se centrara en el proceso de maduración:
«la maduración [...] es un proceso que me tomó muchos años; lo terminé, si es que lo podré hacer alguna vez, cerca de los treintaiún años, y tengo sentimientos profundos al respecto. Lo mismo les pasa a muchos adolescentes. Es su principal ocupación, de hecho».

Cuando Le Guin habla de madurez está abarcando procesos psicológicos y morales. Ged primero tiene que conocer el alcance de su poder y para luego responsabilizarse de las consecuencias de su uso.

“—¿Cuándo comenzará mi aprendizaje, señor?
—Ya ha comenzado.
—¡Pero si aún no he aprendido nada!
—Porque no has descubierto lo que estoy enseñándote.”
El universo de Terramar posee un equilibrio que hay que mantener a toda costa, cualquier acción puede alterarlo. En este aspecto se ha considerado que Le Guin está influenciada por el Tao, es decir, es mejor no actuar a menos que sea necesario. El mal, en este contexto sería una ruptura con el equilibrio de la vida. Pero el bien y el mal son independientes, tenemos que elegir de qué lado inclinar nuestra balanza personal. Lo mismo sucede con la muerte cuya sombra siempre nos espera y es absurdo negarla.

Un tema interesante y original en la novela es el del nombre verdadero. Cada objeto tiene un nombre verdadero. Conocerle es adquirir poder sobre él. Bajo este conocimiento los magos tienen control sobre el equilibrio. La significación que la autora pretende proporcionarle al nombre verdadero en la narración está directamente relacionada con la capacidad que posee el lenguaje humano para construir la realidad, para darle forma.

Otras artículos sobre Úrsula K. Le Guin en este blog:

13 ago 2022

La mentira como herramienta de dominación

LA CIUDAD DE LAS ILUSIONES
Ursula K. Le Guin (1967)

Por Ángel E. Lejarriaga



Esta novela completa la trilogía denominada como Ciclo de Hainish; la primera de ellas fue El mundo de Rocannon (1964) y la siguiente Planeta de exilio (1966). Los escenarios de las tres novelas son diferentes, con personajes también diferentes pero definen bien el periodo histórico que se inicia con la organización de la Liga de los Mundos, su destrucción por los Shing y su reconstrucción como Ekumen. Esta tercera novela cuenta la destrucción de la Liga y la posterior derrota de los Shing.

La historia comienza con la aparición en un poblado, acantonado en medio de un bosque, de un individuo, un humano con ojos de gato; no recuerda nada ni parece saber de nada sobre el mundo en el que vive. La comunidad del bosque le acoge, y durante cinco años le enseñan como si se tratara de un niño que crece y se desarrolla. Allí este sujeto al que nombran como Falk encuentra afecto y protección. La comunidad sospecha de él, considera que es un alienígena, también que puede ser un agente de los Shing, que desde hace mil años dominan el planeta Tierra, siempre vigilantes de que las diferentes comunidades humanas no se desarrollen tecnológicamente y y puedan enfrentarse a ellos.

Falk disfruta de una vida apacible y constructiva durante cinco años, transcurridos los cuales se encuentra con la necesidad de descubrir su origen y, si es posible, recuperar su historia personal; para lograrlo emprende un viaje hacia la ciudad maldita Es Toch, donde precisamente viven los Shing.

El viaje, como no podía ser de otro modo, es difícil, amenazante, violento. Lo que se encuentra durante el mismo no es precisamente halagüeño: grupos humanos reducidos a una etapa pretecnológica, en muchos casos salvajes. Además, Falk vive de manera constante con el temor de encontrarse con un Shing y no no ser capaz de identificarlo.

El tema que plantea Le Guin es el concepto verdad. ¿Es posible alcanzarla? La respuesta que da la filosofía es clara: no. Sin embargo, en este caso la vida social está gestionada por la mentira, naturalmente una mentira interesada para los conquistadores. En la actualidad también estamos gobernados por la mentira, los medios de comunicación mienten, los gobiernos mienten, la publicidad miente, la historia se reescribe al gusto de la ideología dominante. Los Shing hacen eso y mucho más. Me temo que la inspiración de Le Guin proviene de la propia realidad que la circundaba.

El título de la novela define bastante bien la situación de Falk: La ciudad de las ilusiones. No sabe quién es, de dónde proviene, cuál es su biografía, cuál era su destino, su origen. Está en manos de los Shing que le quieren vender humo, ilusiones. Falk teme lo que puede descubrir y lo que le puede suceder. Tiene pocas alternativas, sabe que vive en una confusión que se puede convertir en tragedia si es manipulado por los Shing, si no lo ha sido ya. Él sigue adelante, a pesar de ello, se reafirma en su valor y en su incapacidad para mentir ni oralmente ni en el pensamiento.

La sociedad que describe Le Guin no es precisamente optimista. Algo que ya se expone en Planeta de exilio. La humanidad ha decaído hasta el extremo de ser una sombra de lo que fue, ha perdido sus logros tecnológicos, incluso los ha olvidado, ha retroceder a un estado primitivo y salvaje, con una población diezmada. ¿Y qué decir del papel que desempeña la mujer en ese mundo? Pues tampoco sale favorecido. Los logros sociales están asociados a la liberación de la mujer, los retrocesos a una nueva dominación. Hay un detalle alentador en el texto, parece que la naturaleza se ha recuperado.

22 jun 2022

Planeta de exilio

Planeta de exilio

Ursula K. Le Guin (1956)




Por Ángel E. Lejarriaga

Fue publicada por primera vez en 1956, el mismo año que El mundo de Rocannon (ambas forman parte del ciclo Ekumen). Según Le Guin, no las escribió con la intención de darles continuidad pero, evidentemente, tienen relación.

La historia que nos cuenta es sencilla, lejos del despliegue fantástico que la autora imprimió en El mundo de Rocannon. El contexto ambiental se desarrolla en un planeta que tiene un periodo de traslación de sesenta años, lo que significa que el invierno dura quince años. En este planeta habitan los hilfos, los gaales y, desde hace seiscientos años, una colonia terrana, los lejosnatos, procedentes de la Liga de todos los Mundos, que se han quedado atrapados en el planeta Eltanin a causa de la guerra. Después del tiempo transcurrido desde su llegada, los descendientes de estos colonos conservan escasos conocimientos científicos de los que fueron herederos, e incluso la historia de sus antepasados empieza a difuminarse en su memoria.

Hilfos y lejosnatos son muy parecidos genéticamente, sin embargo no engendran progenie entre ellos.

Las relaciones entre estos tres grupos humanos van desde regular a mala, si bien entre hilfos y lejosnatos hay una cierta tolerancia. Las tres poblaciones expresan hacia las otras miedo, alejamiento e incluso odio.

En el caso de los lejosnatos, los hilfos los consideran como brujos porque se comunican con la mente. Los lejosnatos intentan cumplir las máximas de la Liga de todos los Mundos, en lo que se refiere a la relación con otras especies.

La existencia de estos tres grupos se encuentra determinada por la rotación del planeta: sus estaciones duran quince años. La estación invernal condiciona la supervivencia.

Al principio de la novela se produce un romance entre una mujer hilfa, Rolery, y un lejosnato, Agat. Este acontecimiento va a provocar un acercamiento entre ambos grupos.

Los terranos (lejosnatos), en principio, están mucho más avanzados que las otras especies humanoides, tanto a nivel tecnológico como cultural y social. Por ejemplo, la organización social de estos es colectivista y carente de cualquier tipo de discriminación de identidad sexual o de género. No se puede decir lo mismo de hilfos y gaales, sociedades en las que domina el patriarcado y la poligamia; las mujeres son simples propiedades de los hombres.

En el relato la autora explora el tema de la convergencia de especies, el mestizaje, la igualdad de género y el racismo. Le Guin enfrenta a los protagonistas con el manejo de las diferencias entre grupos y la convivencia ante una situación de crisis, enfrentamiento que puede trascender a la misma crisis si ambas partes son capaces de apoyar dicha convivencia en los aspectos que comparten. La autora también expone cómo el colonialismo destruye tanto las culturas invadidas como la invasora.

26 may 2022

"Somos hijos del tiempo"


LOS DESPOSEÍDOS 
Ursula K. Le Guin

Por Ángel E. Lejarriaga



Dentro de la obra de Ursula K. Le Guin (1929-2018) esta novela, Los desposeídos (1974), es fundamental. Quizá me exceda en esta afirmación y todas sus obras lo sean, como piezas de un conjunto global. Es posible. El escenario es común en todas ellas. La clave de gran parte de su narrativa de ciencia ficción se centra en un pueblo, los hainish, que en Los desposeídos están poco presentes. Los humanos somos descendientes de ellos, y tanto la Tierra como Urras son antiguas colonias fundadas por esta antigua raza en el pasado. Lo cierto es que los habitantes del planeta Tierra o del planeta Urras desconocen este origen.

La novela se desarrolla en un momento histórico en el que el pueblo hainish ha entrado en escena, y contactado con los planetas que en su día colonizaron, después de un largo periodo de tiempo en paradero desconocido. En el trasfondo de la narración hay un intento por construir una federación de planetas.

¿Quiénes son los desposeídos, esos que dan título a la novela? Pues veinte millones de personas que habitan una luna del planeta Urras. Digamos que la lucha de clases en Urras llegó a tal extremo que se facilitó a los anarquistas, provocadores directos de un enfrentamiento sin cuartel, su salida del planeta, y solucionar así el problema. Estos, una vez en Anarres, un lugar árido, poco fértil, desolado, con escasos recursos en materias primas y pobre en agua, organizaron una sociedad sin clases, sin relaciones de dominación, sin propiedad privada, sin ejército, sin patriarcado, en la que no hay distinción entre sexos, sin dinero, sin religiones. Desde ese momento hasta la actualidad narrativa han transcurrido casi dos siglos. Viven en la pobreza, pero es una pobreza que es de todos sus habitantes; se podría considerar que tienen lo suficiente para vivir con dignidad, aunque han pasado por graves periodos de hambruna. Es cierto, son pobres, pero son libres.
“―Nadie nunca sin trabajo, allá. (Anarres) ―Había un leve dejo de ironía, o de duda, en la voz de Efor.
―No.
―¿Y nadie pasa hambre?
―Nadie pasa hambre mientras otro come.
―¡Ah!
―Pero hemos pasado hambre. Hambre verdadera. Hubo una hambruna, sabe, hace ocho años. Conocía una mujer entonces que mató a su bebé; ella no tenía leche y no había nada más, nada que pudiera darle al bebé. No todo es…, no todo es miel sobre hojuelas en Anarres, Efor.
―No lo dudo, señor ―dijo Efor en uno de sus curiosos retornos a la dicción culta. Continuó con una mueca, separando los labios de los dientes―: De cualquier modo, ¡allí no hay ninguno de ellos!
―¿Ellos?
―Ya sabe, señor Shevek. Lo que usted dijo una vez. Los amos.”
Anarres es un mundo sin “posesiones” ni en la lengua que hablan, de ahí el nombre “desposeídos”. Inventan un idioma porque consideran que es imprescindible modificar el lenguaje, así modificarán a su vez las rémoras del pensamiento. Este idioma es el právico. En dicha lengua nadie dice “esto es mío o eso es tuyo”; se dice: “yo uso esto y tú usas eso”. Hay que añadir que en Anarres no existe el matrimonio, ni hay cárceles y la progenie es cuidada y educada por la comunidad. Cada individuo estudia lo que le apetece o para lo que está más dotado, según su elección, y trabaja, si quiere (está mal visto no colaborar en el mantenimiento de la sociedad), en lo que le gusta, si bien es imprescindible que cada diez días se asuman labores duras, desagradables, o menos edificantes, pero imprescindibles para la supervivencia colectiva.

Shevek, el protagonista de la novela, es anarresti de nacimiento, ha estudiado Física y en esta materia es una eminencia, tanto en Anarres como en Urras. Ha elaborado una teoría sobre el tiempo que puede revolucionar los viajes espaciales una vez sea desarrollada en la práctica. Quiere intercambiar conocimientos con Urras, para avanzar en cuanto a saberes se refiere, pero la sociedad de Anarres teme la contaminación ideológica y social del planeta origen, y le pone obstáculos para viajar hasta él, e incluso contactar con ellos. A pesar de esto, se arriesga y realiza el viaje. Así comienza la novela.

Ursula K. Le Guin abre un debate muy interesante al final de la obra sobre el mismo Anarres. Argumenta que no existe una sociedad perfecta; por muy anarquista que sea, debe estar en constante cambio, debe superar las contradicciones que se van generando con el tiempo, y necesitará siempre, una nueva revolución.

La estancia de Shevek en Urras es excepcional; pero esto, cada persona que lea la novela debe descubrirlo por sí misma. Cuando llega a este planeta el físico anarresti está francamente ilusionado:
“Nosotros los ignoramos a ustedes, ustedes nos ignoran a nosotros. Ustedes son nuestra historia. Nosotros somos quizá el futuro de ustedes. Yo deseo aprender, no ignorar. Este es el motivo de mi venida”.
Al final, ya no lo está tanto:
“Nos destruirán antes de admitir nuestra realidad, ¡antes de admitir que hay alguna esperanza! No podemos ir hacia ustedes. Solo podemos esperar que ustedes vengan hacia nosotros.”
Añadiré algo más. Shevek en un momento dado habla con un embajador de la Tierra en Urras, y este describe cómo el planeta ha quedado ecológicamente destruido, y la población se ha reducido a quinientos millones. Toda una premonición, dada la fecha en la que fue escrita la novela, 1974.

Me llama la atención cómo las denostadas ideas anarquistas, sin embargo, para Le Guin son viables, y una oportunidad de construir las relaciones interpersonales y con el medio ambiente de un modo distinto al conocido, que no nos ha llevado precisamente a un presente paradisiaco. Una cosa sabemos, y es que el mundo de hoy día marcha hacia la catástrofe climática y humanitaria. Más nos valdría preguntarnos cómo pensamos la vida y sí podríamos hacerlo de otra forma. Es una simple cuestión de imaginación primero y luego de experimentación; eso pensó la autora hasta su fallecimiento.

A veces nos cuesta menos movilizarnos por conceptos vagos como una patria o una bandera concreta, y mucho hacerlo por la justicia social.
“En Anarres no tenemos nada más que nuestra libertad. No tenemos nada que daros excepto vuestra propia libertad. No tenemos leyes excepto el principio único de la ayuda mutua. No tenemos gobierno excepto el principio único de la libre asociación. No tenemos naciones, ni presidentes, ni ministros, ni jefes, ni generales, ni patronos, ni banqueros, ni propietarios, ni salarios, ni caridad, ni policía, ni soldados, ni guerras; tampoco tenemos otras cosas. No poseemos, compartimos. No somos prósperos. Ninguno de nosotros es rico. Ninguno de nosotros es poderoso.”
Esta novela no solo es recomendable para gente aficionada a la ciencia ficción sino también para personas con un espíritu crítico educado que deseen recapacitar sobre la variedad de aspectos que condicionan nuestras vidas, entre ellos, el patriarcado, la obediencia a la autoridad, la familia, la educación, el afán insaciable de consumo…
“Es nuestro sufrimiento lo que nos une. No el amor. El amor no obedecer a la mente, y cuando se lo violenta se transforma en odio. El vínculo que nos une está más allá de toda posible elección. Somos hermanos. Somos hermanos en aquello que compartimos. En el dolor, en ese dolor que todos nosotros hemos de sufrir a solas. En la pobreza y en la esperanza reconocemos nuestra hermandad. La reconocemos porque hemos tenido que vivir sin ella. Sabemos que para nosotros no hay otra salida que ayudarnos los unos a los otros, que ninguna mano nos salvará si nosotros mismos no tendemos la mano. Y la mano que vosotros tendéis está vacía, como lo está la mía. No tenéis nada. No poseéis nada. No sois dueños de nada. Sois libres. Todo cuanto tenéis es lo que sois, y lo que dais.”
La obra fue galardonada con premios como el Nébula (1974), el Hugo (1975) y el Locus (1975).

Ursula K. Le Guin tocó variados géneros literarios: ficción especulativa, ficción realista, fue guionista, ensayista, poeta y crítica literaria. Desde luego, ha pasado a la historia de la literatura por sus novelas de ciencia ficción. Hay quien la ha considerado en su país como “una de las principales figuras de la literatura estadounidense”. A lo largo de su vida como escritora recibió numerosos premios y reconocimientos, tanto a nivel nacional como internacional.

Publicó su primer poema en 1959: Folksong from the Montayna Province. Dos años después hizo lo propio con su primer relato corto: And die Musik (1961). Luego, llegaría el primer trabajo remunerado, el cuento April in Paris, en 1962, y su primera novela en 1966, El mundo de Rocannon. Escribió hasta el final de sus días. Después de su muerte se publicó la recopilación de poemas So far so good: Final Poems 2014-2018.
“No podéis comprar la revolución, no podéis hacer la revolución, solo podéis ser la revolución. Ella está en vuestro espíritu o no está en ninguna parte.”
“[…] habrá gente que querrá acompañarnos. Fundaremos una nueva comunidad si nuestra sociedad se encasilla en la búsqueda de la política y el poder, entonces nos iremos. Haremos una red más allá de Anarres, un nuevo comienzo […]”